2 de marzo de 2018 00:00

Comercio y pesca mueven al río Guayas

Desde el muelle del mercado Caraguay, en el sur de Guayaquil, zarpan embarcaciones pesqueras y para pasajeros. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio

Desde el muelle del mercado Caraguay, en el sur de Guayaquil, zarpan embarcaciones pesqueras y para pasajeros. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio

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Jorge González

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Las embarcaciones destinadas para el comercio, el traslado de pasajeros y la pesca generan tráfico en el río Guayas.

Estas son las actividades primordiales que se desarrollan en el muelle Caraguay, en el sur de Guayaquil.

El afluente constituye la principal ruta fluvial de las poblaciones que se ubican entre la urbe porteña y el Golfo. En el recorrido aparecen poblados y camaroneras, que se comunican entre sí por vía marítima en más de 90 kilómetros.

En el caudaloso río Guayas hay dos contrastes. En el tramo que va desde el malecón Simón Bolívar hacia los puentes de la Unidad Nacional navegan pocas embarcaciones. Son principalmente turísticas, que dan movimiento al ‘Manso Guayas’. Se destacan el Buque Escuela Guayas y el Morgan.

Pero desde el sector de Barrio Cuba, hacia el sur, el tráfico es intenso y se encuentran varios muelles.

Uno de ellos es el ubicado en el mercado Caraguay, al que llegan cada día los pescadores con distintos tipos de pescados y crustáceos; también ciudadanos que arriban al puerto en busca de víveres, enseres o para cumplir algunas diligencias en la ciudad.

La tarde del miércoles, 28 de febrero del 2018, por ejemplo, el tráfico fluvial fue intenso. Al menos dos docenas de pequeñas embarcaciones llegaron cargadas de planchas de cangrejos rojos, crustáceo que entró el 1 de marzo en veda por un mes, lo que generó una alta demanda.

También, allí, otros barcos salieron o llegaron desde y hacia: Puerto Roma, Las Cruces, Las Loras, Mondragón, Puerto Libertad, Santa Rosa, entre otras poblaciones. Los precios del pasaje oscilan entre USD 3 y 5 por pasajero.

Uno de ellos fue Kevin Jordán. El joven, de 25 años, contó que llegó a Guayaquil para comprar pañales, leche, pollo y ropa para su pequeño hijo de 6 meses. “Yo voy a Puerto Roma. Todos en la comuna venimos en barco hasta Guayaquil, es la única forma. El río es nuestra carretera”.

Jorge Cabrera, titular de la Dirección Nacional de Espacios Acuáticos (Dirnea), dice que el comercio, el traslado de pasajeros y la pesca generan un alto flujo de tráfico en la ría. Según los datos de la entidad, en enero se otorgaron 573 permisos de zarpe para embarcaciones de todo tamaño.

De esa cifra, el 37,6% corresponde al comercio menor y tráfico de pasajeros y el 31% a la pesca. Otras actividades son el tráfico internacional que aglutina al 24,6% del movimiento y el 6,8% al cabotaje nacional.

Otro muelle es el municipal Caraguay, contiguo al mercado, en el que acoderan barcos mayores a 10 toneladas de registro bruto. Desde ese sitio hay de 3 a 4 zarpes mensuales hacia Galápagos; también se registran seis diarios, de pasajeros, a la isla Puná.

En ese lugar, en febrero el buque Orca -de 40 metros de longitud- se viró cuando era cargado con material pétreo. En el incidente falleció uno de los tripulantes.

Entre el 2016 y enero del 2018 se han registrado ocho casos por colisiones, incendios y hundimiento, detalló Cabrera.

En octubre del 2017, otro de los hechos que causó conmoción fue la colisión de un buque pesquero contra el paso peatonal que comunicaba a Guayaquil con la isla Santay, lo que originó el colapso de parte de la estructura.

Juan Liger Estévez, capitán del Puerto de Guayaquil, refirió que el 80% de los accidentes es causado por fallas humanas y un 20%, por eventos climáticos que afectan a la ría.

El Municipio de Guayaquil tiene la intención de aumentar la actividad en el afluente.

El concejal Carlos Luis Morales comentó que se debe mirar al Guayas. Por ello se van a construir tres muelles a lo largo del malecón, para que puedan acoderar embarcaciones como yates, lanchas y veleros. “Con el dragado de Los Goles, se plantea que ingresen barcos con turistas y rescatar así la vida del afluente (…)
La idea es crear una gran ‘guardería’, ­para atraer embarcaciones, ­como sucedía en antaño”.

En contexto

Las embarcaciones de pesca artesanal menores a 10 toneladas obtienen un permiso de tráfico anual, pero una vez al mes deben gestionar el permiso de zarpe. En cambio, las demás deben tramitar esta autorización para cada viaje, en la Dirnea.

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