21 de August de 2009 00:00

Coincidencias con el FMI

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Abelardo Pachano

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Cómo pesan los fundamentos de la teoría económica en etapas de recesión cuando los recursos no alcanzan para atender a todas las necesidades.

Una de las críticas contra los programas de estabilización fue la llamada “inconsistencia” entre los objetivos buscados y las políticas fiscales y monetarias implantadas. Para Stiglitz y Krugman, Premios Nobel de Economía, en recesión es vital recuperar la confianza ofreciendo oportunidades a las empresas y personas para que regresen a los mercados y restablezcan la dinámica que se ha perdido por diferentes razones. Hay que abrir espacios para que en la economía existan más recursos disponibles.

En ese sentido, la objeción a estos programas de los últimos años del siglo pasado se centra en la dirección del ajuste, pues eran contractivos. Iban en la dirección opuesta a la que según estos ilustres se necesitaba para salir del hoyo.

Claro, estos juicios suponen que los países tenían recursos disponibles para inyectar liquidez a esas economías, sea por la vía de los créditos de esos organismos, por la utilización de los ahorros públicos o por emisiones monetarias. ¡Liberar recursos! Es el mensaje. Es decir se pensó que las políticas económicas habían sido lo suficientemente previsivas que habían intuido estas circunstancias dolorosas y se habían preparado para ello.

En estos tiempos, el Ecuador vive otra vez una recesión. La producción ha declinado en dos trimestres seguidos, el desempleo está alto, la demanda de mano de obra es débil y hay un horizonte oscuro. Incluso la inflación que por la propia falta de crecimiento ha caído, sigue siendo muy alta si se compara con la de los países con los cuales tenemos relaciones comerciales.

¿Entonces, cuál es la receta para salir del embrollo, si se quiere que los ecuatorianos tengan empleo duradero?

Los ingredientes parten de una fórmula que lleve a los inversionistas a creer en el país, a poner en riesgo sus capitales, a traerlos, a tener reglas tributarias estables, claras. En definitiva, a eliminar toda discrecionalidad e imponer reglas firmes y duraderas.

Sin embargo, lo que se propone es todo lo contrario. La reforma tributaria encarece los flujos de capitales con la subida del impuesto a la mal llamada salida de divisas, es decir desincentiva el retorno o el ingreso de recursos al país  e impone sobrecargas tributarias a las utilidades de las empresas. Con esta propuesta se camina por el mismo sendero de los programas históricos convenidos con el Fondo Monetario Internacional. La razón: no hay dinero en las cuentas fiscales, los fondos petroleros ya volaron y sólo queda recargar a los de siempre: a los que pagan.

Otros países aprendieron la lección. En estos mismos días bajan impuestos y distribuyen recursos.

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