21 de octubre de 2018 00:00

Cocotog, en el nororiente de Quito, cambió su realidad en tres años

En la comuna se dictantalleresde manualidades.Yuli Jaramillo es una de las asistentes. Fotos: Galo Paguay / EL COMERCIO

En la comuna se dictantalleresde manualidades.Yuli Jaramillo es una de las asistentes. Fotos: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome

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Cocotog ya no es ese caserío polvoriento, de calles apagadas, donde los abuelos se sentaban a ver cómo los niños crecían y se marchaban. Tampoco es más esa zona abarrotada de escombros donde más del 60% de la población no tenía luz.

Hoy esta tierra del nororiente de Quito, donde viven 4 000 comuneros, es el ‘deber ser’ de un poblado. Acaban de ganar el concurso municipal Mi barrio ejemplar y sostenible, al que postularon 27 barrios. Recibirán USD 200 000 para obras. Pero este reconocimiento no es el mayor logro de esta gente.

Jimmy Ramírez, elegido presidente de la comuna por tres años consecutivos, habla por hora y media de los logros del barrio. Con esa elocuencia y ese orgullo que solo un líder comunitario tiene, asegura que la clave está en la unión.

Cocotog está formado por cinco barrios. Jesús del Gran Poder, Llurag Alpaloma, San Miguel, Central y Santa Ana tienen sus dirigentes e históricamente cada uno empujaba hacia su lado. Así se escribió la historia de una comunidad que hasta el 2015 no tenía sus servicios básicos resueltos.

Para despertar a la comuna fue necesario golpear puertas, ir de casa en casa y convencer a la gente que no debía conformarse con la desatención. El primer proyecto fue llevar la luz. Seis de cada 10 familias no tenían energía eléctrica o contaban con medidores comunitarios,con extensiones de alambres de 2 a 3km, que impedían conectar electrodomésticos porque se quemaban.

Había zonas como San Miguel y Tomoloma que tenían frigoríficos comunitarios, lo que dificultaba la convivencia.

La gente empezó a organizarse y buscó el apoyo de la junta parroquial de Zámbiza y de la Empresa Eléctrica. En el 2016 lograron que se destinara USD 1 millón para la colocación de postes y tendido eléctrico. Consiguieron que en aquellos lugares alejados donde no fue posible poner cables, se instalaran paneles solares. Y con la luz vinieron las ganas de trabajar y la esperanza. Al inicio, a las reuniones que se hacen los miércoles asistían tres personas. Hoy, acuden más de 180.

Cocotog es una comunidad que está asentada al filo de laderas. Está rodeada por quebradas, lo que la volvió “dulce” para aquellas volquetas que querían depositar escombros de manera clandestina. Controlar a los vehículos que entraban a escondidas, en la noche, a dejar el material, resultó imposible. Así que hicieron una alianza con los volqueteros y con la Emgirs y habilitaron una escombrera legal.

Eso dio inicio a varios de los trabajos que se realizaron en el sector y que cambiaron la vida de la gente. Por tener allí una escombrera pueden disponer de maquinaria para hacer desbanques, abrir vías. La García Moreno es un buen ejemplo.

Para Jorge Simbaña, otro líder, lo que era un problema se volvió una bendición. Por permitir el funcionamiento de la escombrera, la empresa municipal acordó habilitar dos canchas deportivas y espacios para construir un coliseo y una estación de transporte.

La movilidad siempre fue un dolor de cabeza para los cocotogueños. Ramírez recuerda que para llegar puntual a clases en el Mejía debía salir a las 04:30 y a pie llegar hasta San Isidro, donde tomaba un bus.

Luego comenzaron a brindar servicio dos compañías de la comunidad, pero debido a problemas internos perdieron los permisos de operación.

La directiva logró que se implementara un sistema piloto de alimentadores desde la Río Coca. Hoy pasan buses cada 12 minutos. Con eso se eliminó el transporte informal: camionetas y taxis piratas.

Pero eso no es todo. La comunidad incluso implementó un sistema de riego y captación de aguas lluvias. Se recoge el líquido en el sector de la Casa Somos y del graderío, lo direccionan a un reservorio con capacidad de 12 tanqueros, y con la ayuda de un aspersor se riega la cancha de fútbol, que fue inaugurada hace poco.

Hasta a la inseguridad le han hecho frente. María Tarco, otra moradora, reconoce que ahora puede salir de su casa en paz. Crearon un chat comunitario con policías de dos UPC cercanas y 150 vecinos líderes de cuadra. La alerta es inmediata.

Los tres proyectos que desarrollarán con el premio que acaban de ganar constan en un libro que la comunidad publicó hace un mes. La agenda comunal de desarrollo San José de Cocotog tiene 51 proyectos hechos por la gente junto con un estudio de arquitectos liderado por Juan Pablo Navas.

Con los USD 200 000 construirán una megacasa comunal, donde funcionarán balcones de servicio, talleres y oficinas donde la gente pueda organizar sus emprendimientos y promocionar sus productos.

Construirán un bulevar que bajará por la García Moreno y llegará a un mirador que acaban de edificar. Tendrá ciclovía, espacios para personas con discapacidad, paradas de buses. Habilitarán el sendero ecológico El Mirador; su primera fase está lista: el camino está abierto desde la García Moreno hasta la escombrera. Pero hace falta forestación, señalización y áreas de descanso.

La comunidad tiene proyectos para la promoción de la imagen comunitaria, capacitación y manejo de desechos sólidos, incluso para habilitar un hogar para perros callejeros. Ese es otro de los problemas del sector. Hay cinco perros por cada habitante.

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