20 de September de 2009 00:00

Los clubes se transforman en ‘malls’

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Fabián Alarcón V.  Redactor

Camarones, langostinos y calamares  son parte de los productos que Jorge Rojas ofrece  a los futbolistas, a la salida de los entrenamientos.  Rojas también prepara los alimentos: encocados, cebiches y cazuelas forman parte de su menú.

Rojas es  uno de los comerciantes que acuden a los distintos complejos de Quito para ofrecer servicios, productos o alimentos a los jugadores profesionales.  

Conocido como ‘Papi Ricky’, este comerciante de 35 años, nacido en Salinas, visita a diario las prácticas de El Nacional, Liga de Quito, Deportivo Quito, Espoli para vender los alimentos.

Rojas, por ejemplo, tuvo un buen día en el complejo de El Nacional, en Tumbaco. La mañana del pasado viernes llegó con un cajón lleno de mariscos y salió con la caja vacía.

Pero como tarea complementaria, Rojas también va a las casas de los jugadores para preparar deliciosos platos y de paso  darles ‘tips’ de cocina a sus esposas.

“¡Cocina riquísimo!”, confirmó la noche del miércoles Miller Bolaños, volante de Liga de Quito, luego del entrenamiento albo en el complejo de Pomasqui.
 
Rojas vende los mariscos bajo pedido. Asegura que es importante tener el producto fresco. Y cuando no puede viajar, su padre se encarga de enviar la encomienda. “Son jugadores de alto nivel y no se pueden exponer a consumir productos en mal estado”, resaltó ‘Papi Ricky’.
 
El ex golero Álex Cevallos fue quien le abrió las puertas hace 10 años en esta actividad, cuando atajaba en El Nacional. Mientras que su hermano, José Francisco, hizo lo propio en Barcelona. Desde entonces recorre las diferentes canchas del país, pues también han sido sus clientes jugadores de Emelec, D. Cuenca,  Liga de Loja...

Esta es una de las alternativas que tienen los futbolistlas. Pero también hay otro tipo de productos que se venden en los entrenamientos. Franklin Zambrano, un choneño de 42 años, ofrece queso manabita por libras. Él reside en el norte de Quito y cada semana viaja a su ciudad natal para traer el lácteo.

Empezó en esta actividad hace 13 años en Liga de Quito, gracias a la ayuda de sus coterráneos Alfonso Obregón y Djalmar Zambrano, quienes lo presentaron con el resto del plantel.
 
Ahora, uno de sus mejores clientes es el defensa paraguayo Carlos Espínola, quien en promedio compra entre cinco y seis libras. Zambrano pide USD 5 por  cada dos libras.

Así, el manabita vive de esta actividad. Semanalmente vende 50 libras en cada visita a los clubes. “En Deportivo Quito los más ‘queseros’ son Bonard García, Pedro Esterilla y Luis Saritama”, reveló.

En determinados momentos, tanto Zambrano como Rojas deben fiar para mantener cautiva a la clientela. “Pero sí son buenos pagadores”, aseguran.
 
La ropa y los relojes también están dentro del catálogo de  ofertas para los jugadores. Y Gregorio (prefirió reservar su apellido) es el hombre conocido dentro de las concentraciones para comprar ropa a precios bajos.

En una maleta mediana negra, el manabita de 28 años (afirma ser  de Portoviejo) porta medias, camisetas, muñequeras, licras, boxers y diferentes modelos de relojes. “Al principio debí fiarles para que me conozcan,  confíen en mí y conozcan la calidad del producto”, recordó Gregorio mientras observaba la práctica del
Deportivo Quito, realizada la tardes del pasado miércoles.

Al igual que Zambrano y Rojas, Gregorio también tuvo una buena semana de ventas, pues su maleta lucía casi vacía cuando llegó el momento de regresar. El volante chileno Mauricio Donoso tenía puesta en la práctica una licra que acababa de comprar.

Su primera venta fue en el Deportivo Azogues, en 2007. Desde ahí nació su amistad con Franklin Corozo, uno de sus mejores clientes. También se suman Daniel Mina y Luis Checa y hasta el entrenador  Rubén Darío Insúa.

“Los jugadores son humildes, no siempre  compran en lugares lujosos”, sostiene el vendedor, quien viaja  a Quito cada 15 días.

Estas son solo algunas de las ofertas que reciben en las prácticas los jugadores. El abanico se amplía a productos naturales,  televisión codificada, computadores personales, joyas y hasta seguros de vida y servicios exequiales.

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