28 de September de 2009 00:00

Los clubes tienen sus propios policías

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Pablo Campos.  Quito

Las Unidades de Policía  Comunitaria (UPC)  se han convertido en las principales aliadas  del  cabo primero Joffre García. Él es el preparador físico y coordinador de Espoli y como tal se encarga de supervisar la actuación de los jugadores cuando no están en la cancha.



Controles continuos

Barcelona realizó pruebas de alcoholemia a sus jugadores en 2007. La dirigencia invirtió USD 800 en la compra de un alcoholímetro para realizar la evaluación a los miembros  de su
plantilla.  
Omar Quintana,  el ex directivo de Emelec realizaba continuos controles a la plantilla. Él fue uno de los primeros en apoyar a Michael Arroyo cuando dio positivo por consumo de estupefacientes.   Los equipos   concentran como mínimo un día antes de los partidos del torneo. La idea es unir al grupo y controlar  la alimentación y descanso de los jugadores.
Fernando Martínez, preparador físico de D. Quito, dice que es fácil reconocer a un jugador que no se está cuidando bien o que está trasnochando continuamente.
En Espoli  se establecen sanciones desde el 5% del salario de un jugador en caso de ausencias a los entrenamientos. 
La Comisión de Fútbol  del equipo es la encargada de  realizar este tipo de sanciones.
En D. Quito, también existen otras cláusulas especiales  para el plantel:  los jugadores solo pueden dar declaraciones a la prensa sobre asuntos futbolísticos. No pueden hablar de atrasos en sus mensualidades.
Santiago Jácome cuenta que Patricio Urrutia  tuvo un cambio cuando llegó a Liga. “Antes tenía una vida más complicada, pero cuando llegó al plantel empezó a cambiar y después levantó las copas”. En Quito hay 228 puestos de vigilancia policial en los barrios.  García se ha encargado de tejer contactos en  aquellas  UPC cercanas a los domicilios de los jugadores del cuadro del ‘Gallito’ y  en  la zona rosa de la capital.

Si un jugador de Espoli es visto en un bar   o  por las calles, el preparador físico recibe de inmediato una alerta desde las unidades policiales. Inmediatamente,  el cabo García toma su celular y  se comunica con el jugador.
 
“Hago dos llamadas:  primero le llamo al celular y si me dice que está en la casa, llamo a su domicilio. Si los futbolistas trasnochan no van a rendir bien. Necesitan   muchas horas de descanso”, dice  el  preparador físico al final de una  práctica en La Carolina.
García no da nombres, pero reconoce que  en algunas ocasiones ha tenido problema con los jugadores.   “Ahora están más conscientes de la importancia de cuidarse”,  confiesa.

Los jugadores se han acostumbrado  a estos controles. “Somos futbolistas profesionales y debemos vivir para esto. Los controles son necesarios, aunque yo siempre paso en mi casa”, dice sonriente el mediocampista  Carlos Quillupangui.

Joffre García es en  Espoli, lo que Patricio Cevallos es en  El Nacional o Vladimir Ortiz en el Deportivo Quito. Ellos son los encargados  de monitorear la labor de los jugadores fuera de la cancha.

En Liga de Quito, como explica su gerente técnico Santiago Jácome, no se realizan ese tipo de controles. Sin embargo, el ex zaguero es una suerte de nexo entre la dirigencia y el plantel y siempre está en los entrenamientos atento a los requerimientos de los talentos.

Desde   visitas a la casa hasta  controles antidopaje  
 
Patricio Cevallos  comparte su afición por  los cigarrillos con el técnico Julio Asad. Cuando uno de los dos prende un tabaco, el otro lo busca y viceversa, según comenta entre risas el activo coordinador de El Nacional.
 
A diario, Cevallos está presente en los entrenamientos del equipo. Pero su campo de acción no se  limita a lo que pasa en las concentraciones: por pedido del técnico Asad es el encargado de monitorear a los jugadores en sus casas, cuando no están concentrados.

Los controles pueden ser anunciados o sorpresivos, depende de la decisión del cuerpo técnico.  Además de Cevallos, en  los ‘operativos’, participa activamente el cuerpo técnico: el preparador físico  César Benalcázar, el médico Marcelo Gallardo, el asistente técnico Fernando ‘Fiera’ Baldeón.

“No se trata de una invasión a la privacidad. El jugador sabe desde que llega al equipo que tiene obligaciones y que es la imagen del club”, dice  Cevallos mientras busca la sombra  en el complejo del cuadro criollo.
 
En las visitas, según cuenta el volante Marvin Pita, los enviados del equipo inspeccionan todo: “Ellos están pendientes de cómo vive uno. Desde la alimentación hasta el bienestar de la familia. Simplemente hay que portarse bien y entender que esta es una carrera corta y hay que cuidarse”.
  
Néstor Landeta, gerente de El Nacional, recuerda que en el cuadro criollo, este tipo de medidas se han adoptado históricamente.

“Al club le interesa que el jugador descanse adecuadamente, que se alimente bien.  Antes nos concentrábamos hasta dos días a la semana. Las visitas tienen como objetivo comprometer más a los jugadores con el equipo”.
 
En otros equipos como Deportivo Quito también se realizan estos chequeos. Vladimir Ortiz es el coordinador  del equipo  y junto al cuerpo médico realiza permanentes evaluaciones al plantel, según confirma el presidente del equipo Santiago Ribadeneira.

El cuadro  ha tomado precauciones incluso en los contratos de los jugadores. Cuando se presentan casos de futbolistas con antecedentes de indisciplina, el equipo establece cláusulas especiales.  Algunos jugadores como Michael Arroyo, quien hace dos años  fue suspendido por consumo de marihuana,  es sometido periódicamente a controles antidopajes.

“ A Michael (Arroyo) le pedimos que cuide  su vida privada. Está bien en el equipo y eso se refleja en lo que semanalmente hace  en la cancha”, dice Ribadeneira.
 En Liga predomina el ejemplo de los referentes

Santiago Jácome  dice que los controles  en las casas es cosa del pasado. “Eso se hacía cuando yo era jugador”, dice sonriente el gerente técnico de la ‘U’, mientras   mira una práctica de los albos en el estadio Casa Blanca.
  
Jácome  dice que los jugadores ecuatorianos son más profesionales. “En las salidas nocturnas, el jugador pierde más de lo que gana”.
  
Para el gerente técnico, el ejemplo de  los ‘legionarios’ como Édison Méndez o Ulises de la Cruz ha sido clave para que los jugadores jóvenes aprendan a descansar y evitar las salidas nocturnas.

Además, en el cuadro albo hay un exigente  reglamento interno que contempla multas por no acudir a los entrenamientos, por llegar atrasado o por no asistir a las concentraciones   con la ropa deportiva asignada.
 
Miller Bolaños  también fue suspendido hace dos años por consumo de marihuana. El jugador, que es una de las figuras del cuadro albo, prefirió no hablar del tema. Jácome  dice que en los ocho meses que el jugador va en el club no se han registrado problemas.

La clave del éxito  según   Jairo Campos, es ser profesionales. “Si no fuéramos disciplinados, no podríamos soportar la cantidad de partidos que tenemos”.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)