20 de September de 2009 00:00

El cine nacional respira en el interior del país

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Pablo Fiallos Redacción SIETE DÍAS

En plena carretera, el bus de la ‘Reina’ que va desde Manta a Chone avanza en medio del calor.  Una señora con vestido rojo, con la piel brillante, la boca muy pintada y  sin vergüenza,  pregunta: “¿Es la primera vez que visita Chone?’. El bus avanza sobre la carretera blanca, recién construida con concreto. Ella insiste: “¿Y a qué va a Chone, señor?”. “A ver a un amigo”.  “¿Es usted policía?”. “No, soy periodista”.

Así es la gente del lugar: abierta, sencilla y sobre todo inquieta. El chofer del bus permite  ver una película ecuatoriana, una copia pirata conseguida en Montecristi a un vendedor ambulante. Aunque en Manta también se las puede conseguir. Algunas circulan  por todos los videoclubes cercanos a la Flavio Reyes y muchas más en el centro de la ciudad.

La película que se proyecta en el bus, ‘Tráfico y secuestro al Presidente’, es una de las decenas de cintas ecuatorianas que las salas de cine comercial han excluido de su programación habitual, pero que se consiguen en la calle a  USD 1,50.

La señora del vestido rojo reconoce de inmediato al actor que salta de su  motocicleta en la televisión, justo un momento antes de que esta explote. Lo reconoce no tanto porque  sabe que su hermana tiene una peluquería en el centro de Chone,  sino por que ha visto las  películas de  Nixon Chalacamá, como la que se proyecta o ‘Avaricia’ o ‘El destructor invisible’, éxitos cinematográficos en Chone .

En su pueblo, él es toda una celebridad, aunque también lo reconocen cuando viaja a Manta y a Guayaquil.  Empezó sus filmes junto a Fernando Cedeño, otro que puso un  hito en  la cinematografía nacional perdida, quien asegura que su película ‘Sicarios manabitas’ ha vendido más de un millón de copias piratas.

Cuando empezaron, más de una década atrás, el karate y las motos los inspiraron para contar sus primeras historias. Declaran que su cine se basa en la realidad. “Quizás por ello –asegura Fernando- la gente se ha identificado tanto con nosotros”. En sus producciones se utilizan balas verdaderas y en  las peleas que se ven en pantalla se golpean de verdad. “Pensábamos que esa era la única forma de hacerlo creíble”.

Sus producciones se realizan a partir de  la imaginación y el ‘acolite’ de amigos y vecinos del pueblo. Además prestan su trabajo, en forma gratis, actores y uno que otro entusiasta que al final termina participando en la película como otro protagonista.

Nixon recuerda incluso cómo pidió a su hermano que le preste  su moto “un ratito”, solo para hacer una diligencia. “Enseguida te la devuelvo”, le dijo. Media hora más tarde regresaba con la moto explotada y con humo aún saliendo del motor.  “Es que teníamos que filmar una escena en donde la moto explotaba”, recuerda Nixon sobre el rodaje de la película  ‘Tráfico y secuestro al Presidente’. “No tuve otra opción”.

Así, de forma artesanal, este par de choneños expone su imaginación.  Ellos muestran su visión particular sobre sicarios, justicieros y vengadores, relatos que  suplantaron a los éxitos que se exhibían en Chone hace más de 10 años, como  ‘La niña de la mochila azul’ y ‘King Kong’.

Su creatividad llega a niveles inverosímiles. El filme ‘El destructor invisible’ fue hecho a partir de retazos que sobraban de otras películas. Nixon cuenta que acumuló varias escenas que no le servían de sus anteriores cintas. “En un momento me di cuenta que podía terminar otra película”. Solo filmó varias escenas más y en pocos días pudo terminar este filme sobre un karateca con poderes sobrehumanos.

En Manta, no es difícil encontrar la película ‘Sicarios manabitas’, de Fernando Cedeño. Sin embargo, su director no se encuentra en la ciudad. Este día está en Puerto López, junto a otro realizador manaba, Carlos Quinto Cedeño. Ellos conforman la productora Sacha (selva en quichua). En aquel momento están terminando de filmar, en  aquel pueblo costeño, un video sobre las brigadas policiales.

Los Cedeño (aunque no tienen ningún parentesco) comparten la cualidad de ser hombres de acciones sencillas y de habla directa. Lejos de cualquier pose de artista, relatan apasionadamente  el proceso de rodaje y distribución de sus películas.
 
Fernando recuerda que empezó en el cine con Nixon en 1994,  en Chone, con un ensayo de película  que por aquel entonces ya llenó el Oriflama, un cine con capacidad para 1 500 personas, durante cinco días. Años después llegó  ‘Barahunda en la montaña’, de  Carlos Quinto Cedeño, por entonces profesor de teatro de Fernando.

Este trío de realizadores  tiene que luchar contra la piratería, contra la falta de apoyo estatal, contra las salas comerciales de cine que no proyectan sus películas y contra la falta de presupuesto... y sin embargo continúan filmando.
 
Sus filmes se hacen con poco más de USD 10 000, pero aseguran que deberían costar más de medio millón. La recuperación también es artesanal e imaginativa. 

Carlos Quinto recorrió América Latina en bus, pidiendo a los choferes que permitan poner su película en el recorrido. “A la gente le encantaba que sea el propio actor quien venda el DVD. Así que me lo compraban hasta en USD 10”. Para estos cineastas la gente no debe llegar al cine, sino que el cine debe llegar a la gente.

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