3 de September de 2009 00:00

Cinco adolescentes acusados de un violento asesinato en Manabí

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Redacción Manta

Pedro  A. y Aída Y.  lloraron  sobre el féretro de su hijo José, de 15 años. Él  fue asesinado por cinco adolescentes, cuando iba por   el barrio Juan Montalvo en la parroquia Eloy Alfaro,  en Manabí.

Celestino, tío del fallecido, lamentó que  su sobrino haya muerto por  no dejarse robar un celular.   Yolanda, una joven  vecina de la familia, contó  que la última vez que  vio a José fue  la tarde del lunes. 

Unas horas más tarde, su cadáver fue encontrado en  una  fábrica abandonada. Entonces,  los vecinos del lugar acusaron a un grupo de adolescentes que supuestamente son parte de una pandilla.  

La Policía montó  un operativo para buscar a los supuestos responsables y, anteayer, fueron arrestados  tres sospechosos . 

Uno de los adolescentes detenidos  contó a  la Policía cómo ocurrió el crimen. Él dijo que le robaron la bicicleta pero  que José no se quedó tranquilo. Regresó a su casa. Salió con otra bicicleta, la de su padre,  y  los persiguió. 

Incluso, fue  a la casa de uno de ellos para reclamarle, luego se enfrentó a  otros cuatro adolescentes. Pero ellos   con engaños se lo llevaron  hasta  la fábrica abandonada.
Los muchachos intentaron arrebatarle el celular, pero José  no se los permitió. Uno de los adolescentes lo  agarró por la espalda, mientras otro  sacó un cuchillo del pantalón y le  cortó el cuello. Según el detenido, los dos atacantes escaparon de la Policía. 

La familia del adolescente  no sabía del paradero del joven. Lo buscaron  desde el lunes por la tarde. “Recuerdo que eran las 18:00, nadie nos daba pistas sobre dónde podía estar mi hijo”, comentó  el padre del adolescente.

Ellos recorrieron hospitales, la morgue y hasta los calabozos de la Policía. Luego de casi 17 horas de rastreo, unos vecinos les dieron indicios de dónde podían buscar  a José. “Uno de mis hermanos  recorrió la fábrica abandonada y encontró el cuerpo”.

Los allegados  del muchacho  no entienden cómo un grupo de adolescentes pudo haber cometido el asesinato y con tanta violencia y solo para robar un celular.

Ellos intentan resignarse, aunque el dolor de ver el ataúd de su hijo es más fuerte. Durante el velatorio, en su humilde vivienda, los murmullos   inundaron el lugar. Los familiares temen se tomen represalias por hablar de la violencia entre los jóvenes.

“Es mejor así, que pocos nos escuchen, puede ser que mañana nos quieran matar por soplones, como dicen los pandilleros”, sostuvo Zoila, una vecina del lugar.
A las 11:00, el féretro con el cuerpo del joven  fue llevado hasta la iglesia de la localidad. “Casi no pesa, está balsito. Era un niño aún”, sostuvieron quienes  cargaron el ataúd por la ciudad.

Una maestra, que labora en uno de los tres colegios que existen en la zona, cuenta que  la violencia entre los jóvenes es un problema que crece cada día. “Son violentos, pues provienen de hogares violentos, donde el padre está preso, la madre es drogadicta;  o los padres simplemente migraron fuera del país y se olvidaron de ellos. Son presa fácil de los reclutadores de pandillas que llegan desde Guayaquil”, dijo.

Según estudios de la Policía y de  académicos sobre las pandillas, antes de ingresar a esas agrupaciones, se somete a los chicos a pruebas. Una  de ellas es  matar,  en el caso de los hombres;  y aceptar abusos sexuales, para  las  mujeres.

La despedida a José

La misa de cuerpo  presente se realizó en la Iglesia San Patricio. Luego de la ceremonia  se  llevó el cuerpo hasta el cementerio de la ciudad para enterrarlo.

José A. era el tercero  de ocho hermanos. Cursaba el  10 año de educación básica.  

Una adolescente  que vive en el barrio Juan Montalvo dijo que entre los adolescentes y jóvenes existe una especie de norma. “Quién más delinque,  es más respetado”. Pero  sobre todo gana jerarquía  y notoriedad entre las comunidades de pandillas que existen en la zona.

Punto de Vista 

Wilmer Suárez /  consultor en seguridad
‘El  joven  necesita  más espacio’

Los niveles de violencia que se registran en la provincia de Manabí,  y en general en  el Ecuador, son consecuencia de lo que sucede en el  resto del mundo.

Los jóvenes estamos paralizados e impedidos de actuar, por la  sociedad que nos rodea. Vivimos en  un mundo para adultos, donde los espacios para nosotros  son  demasiado reducidos.

Que un grupo de adolescentes degüelle  a otro    es algo terrible e injustificable.  Pero por ese caso no se puede generalizar y decir que todos los jóvenes que viven en  la parroquia  Eloy Alfaro son violentos. Siempre hay excepciones y el caso debe ser analizado con mesura. En esta  parroquia también se vive un problema común en las ciudades, no hay  espacios para el  esparcimiento y diversión, como canchas deportivas, parques, teatros, cines.  Esto desemboca en que muchos adolescentes y jóvenes   exploten  sus energías de diversas maneras, entre ellas  unirse a las pandillas o  grupos delincuenciales que operan en la zona. Ellos se unen en busca de aceptación y respeto.

Además, cometen delitos como una forma de demostrar quién manda en una determinada zona de la ciudad o de la parroquia.

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