25 de septiembre de 2020 17:39

La primavera chilena trae un plebiscito acordado como salida a la crisis social

Esta foto del folleto de la ONU muestra a Sebastián Piñera, Presidente de la República de Chile, dirigiéndose a la mesa redonda de alto nivel sobre acción climática durante la 75a sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 24 de septiembre d

Esta foto del folleto de la ONU muestra a Sebastián Piñera, Presidente de la República de Chile, dirigiéndose a la mesa redonda de alto nivel sobre acción climática durante la 75a sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 24 de septiembre de 2020, en Nueva York. Foto: AFP

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Agencia AFP

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La primavera austral empieza en Chile con una sociedad movilizada en pandemia por un plebiscito constitucional que intentará abrir fórmulas democráticas que ajusten las fallas de un modelo económico exitoso pero de gran desprotección social que estalló hace un año.

Aún el país busca cómo rearmarse de esa ira social con representación transversal trastocada por la pandemia del coronavirus y la consulta popular más importante en la democracia que recuperó Chile en 1990 tendrá lugar el 25 de octubre, el mismo día que hace un año una concentración histórica, pacífica y apartidista pidió cambios por un país menos desigual.

La frustración por una vida cara como en Europa, con salarios bajos como sus pares de la región, salud, educación y pensiones privatizadas al estilo de Estados Unidos y altas expectativas en uno de los países más prósperos de América Latina fueron antesala y argumentos del estallido social del 18 de octubre que se prolongó hasta inicios de este año con manifestaciones a menudo violentas.

Un año después, los chilenos buscan un modelo más justo, con mayor bienestar social y calidad de vida, y sus ciudadanos miran como ejemplos a Nueva Zelanda y a Suecia.

La encuesta Cadem consultó esta semana, “¿Si Chile decidiera seguir el modelo político / económico de otro país, ¿a usted le gustaría que se pareciera a... ?” Un 28% respondió Nueva Zelanda, 17% Suecia y 16% Australia.

Entre la ira y la esperanza

El plebiscito surgió de un acuerdo político inédito en noviembre, al calor de las protestas. Se fijó para abril pero se pospuso por el coronavirus que golpeó fuerte a este país de 18 millones de personas. Más de 14 millones pueden votar, entre ellos extranjeros con más de cinco años de residencia.

La opciones son “Apruebo” o “Rechazo” la redacción de una nueva Constitución que reemplace la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), reformada en gobiernos socialistas y demócratas cristianos, pero percibida como la madre de los problemas de discriminación, concentración de poder económico y desigualdad social.

Una nueva Constitución “no resuelve todos los problemas, sin embargo la crisis social se vincula tanto a las demandas sociales como al sistema político”, explicó a la AFP Claudio Fuentes, politólogo y profesor de la Universidad Diego Portales.

Escándalos de corrupción, crisis de representación y un hartazgo de los partidos políticos antecedieron a esta encrucijada chilena.

“Por lo tanto hay una esperanza doble de la ciudadanía respecto a que se incluyan derechos sociales en la Constitución y adicionalmente, que se resuelven problemas del vínculo político”, apunta Fuentes sobre esta oportunidad para redactar una nueva carta magna que incluya los derechos que exige la gente.

Votar es la clave

La preocupación de esta consulta pasa por la capacidad para estimular la participación electoral, en una recta final hacia el plebiscito que coincide con el inicio de un desconfinamiento a gran escala en el país que suma casi 454 000 contagiados y más de 12 500 muertos por covid-19.

Gravita el temor de un repunte de los contagios cuando las últimas encuestas señalan que entre un 50% y 60% iría a votar. “Cuídate para llegar sano al 25 de octubre”, dicen lemas en redes sociales.

Karin Luck, diputada del partido de derecha Renovación Nacional y quien se opone a una nueva Constitución, dijo a la AFP el viernes, día en que empezó oficialmente la campaña por el “Apruebo” o “Rechazo”, que su principal expectativa es que “vaya mucha gente a votar”.

Un eventual triunfo del “Apruebo” una nueva Constitución, redactada por constituyentes elegidos específicamente para esos fines - opción apoyada por más de 70% del electorado según varios sondeos- implicaría un tsunami electoral durante los dos próximos años en Chile.

“Esperar dos años es mucho, hagámoslo ahora pero a través de las leyes”, dijo Luck, quien prefiere satisfacer los reclamos ciudadanos enmendando leyes.

Diego Schalper, diputado y dirigente de Chile Rechaza, agrupación integrada por movimientos políticos y sociales próximos a la coalición del gobierno conservador del presidente Sebastián Piñera, sostiene que se han creado falsas expectativas en la población “como si una gran Constitución les va a cambiar la vida”.

“Llevan 30 años calentando la silla en el Congreso, cobrando millones, hemos protestado en todos los tonos por cambios en educación y pensiones, y nunca escucharon ni hicieron nada, ahora mienten diciendo que con leyes se puede ¿por qué no lo hicieron antes de que el país explotara?”, se indigna Gladys Alvarado, una cocinera por el “Apruebo”, en un mitin de mascarillas, distancia y poca gente en el centro de Santiago.

Un año después de la movilización social que emergió del estallido, el poder político ha tenido que hacer y promover cambios impensados e influenciados por la ira callejera, como ocurrió con la inédita aprobación para un retiro de pensiones anticipado de administradoras privadas desde julio que, contra todo pronóstico, ha sido la tabla de salvación en medio del descalabro económico que produjo la pandemia.

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