8 de octubre de 2019 00:00

Chicos no deben desconectarse de la escuela mientras dure la paralización

Valentina Puebla, con su mamá Estefanía, revisan un libro de inglés, en casa. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

Valentina Puebla, con su mamá Estefanía, revisan un libro de inglés, en casa. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

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Mariela Rosero Ch. y
Yadira Trujillo Mina (I)

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No son vacaciones ni una situación envidiable, la suspensión de clases constituye una interrupción del proceso educativo, que impacta en niños y adolescentes. No solo en la posibilidad de avanzar en lo académico sino en la adquisición de normas de comportamiento y en la creación de lazos con los compañeros.

En eso coinciden maestros y psicopedagogos como Cristina Tapia, del Centro Crecemos. Ella lamenta que la paralización que vive el país haya obligado a que los alumnos de la Sierra dejen de asistir a clases por medidas de seguridad, desde el jueves pasado.

El ciclo 2019-2020 -anota- empezó en la primera semana de septiembre, apenas se había cumplido el mes de clases. En ese período se trabaja en la adaptación, incluso se repiten algunos conocimientos del nivel anterior, con el objetivo de poder seguir adelante con el currículum. “Estas interrupciones hacen que los maestros deban empezar de cero, en ciertos casos. Es un retroceso”.

A José Luis Morales le inquieta que sus hijos Nicolás y Ana María, de 7 y 9 años, deban pasar en casa todo el día. Él y su esposa trabajan fuera y cuentan con una persona que los cuida. “A mi hijo -dice- le cuesta volver al ritmo, si ha dejado de hacer una actividad”.

Además, comenta que su hijo pasó a tercero de básica y eso implicó cambios incluso en cuanto al espacio de la escuela, en donde están las aulas; nuevos profesores, etc.

María Belén Torres, docente de un plantel fiscal, da la razón a este padre. “Una interrupción como esta produce una desconexión, se pierde el aprendizaje logrado; los alumnos vuelven desanimados, incluso cuesta reforzar los hábitos de estudios y reglas de clase”. Por eso recomienda buscar estrategias para sobrellevar estos días sin clases.

María Céspedes opta por los acuerdos con su hijo Mateo. Él estudia en séptimo grado de una escuela privada de Quito. El trato es que en estos días puede usar tecnología, jugar con sus mascotas y hacer bicicleta. Pero a cambio debe lavar los platos, ordenar su cuarto y, sobre todo, tener al menos 20 minutos de lectura al día.

Por la realidad que vive el país en este momento, que incluye protestas, actos violentos y cierres viales, la madre de familia se siente más tranquila con Mateo en casa.

Confía en que las clases se retomarán pronto. Pero le preocupa no haber recibido ninguna indicación desde la institución educativa sobre la recuperación. Imagina que será en varios sábados.

Los docentes también proponen alternativas. Marcela Herrera, por ejemplo, aprovecha recursos como las plataformas Moodle y Schoology para que el retraso no sea tan pesado al volver a clases.

De forma virtual, la profesora fiscal ha desarrollado en estos cuatro días de suspensión de la jornada académica a sus estudiantes de segundo y tercero de bachillerato. Les envía videos y luego genera un banco de preguntas. “Se trata de hacer lo posible para que estén pendientes de los estudios”.

Sin embargo, asegura que hay temas en los que no puede avanzar con este mecanismo, ya que requieren de su explicación en el aula. Por eso busca información, para estar preparada por si se prolonga la suspensión de clases en la Sierra.

“Si el paro se extiende les voy a mandar a ver videos o películas de literatura antigua, que son de conocimiento general”.

En total, 1 622 187 estudiantes de planteles fiscales, fiscomisionales, municipales y particulares empezaron clases la primera semana de septiembre en la Sierra. En el país son 4,4 millones.

Desde el jueves, la rutina que empezó hace un mes cambió para Valentina. Se levanta tarde a desayunar. Luego mira la televisión y se divierte con sus juguetes. Los días de paro también han sido una oportunidad para compartir con sus abuelitos. Pero a Estefanía, su mamá, le preocupa que pierda continuidad en sus estudios.

Por eso, a manera de refuerzo, en un momento del día la madre le ayuda a trabajar en un libro didáctico y en las actividades que se indican en el CD incluido en el libro de inglés

Su rutina como madre se complica -asegura- ya que con Valentina en casa debe estar pendiente de dos niñas.

No olvide

Textos del año lectivo anterior pueden ayudar a mantener conectado a su hijo con la escuela o el colegio, mientras se reanudan las clases.

Tecnología debe ser usada con fines de aprendizaje. Evite el excesivo uso de redes sociales y videojuegos.

Ayuda en casa promoverá que los chicos realicen una actividad de apoyo a la familia. Es importante que tengan tiempo de juego.

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