27 de mayo de 2019 00:00

En los centros para menores infractores, el 40% son adultos

Tras el incendio y amotinamiento del Virgilio Guerrero, así lucen sus instalaciones. Foto: cortesía

Tras el incendio y amotinamiento del Virgilio Guerrero, así lucen sus instalaciones. Foto: cortesía

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Redacción Seguridad
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Las historias se repiten en los 11 centros para Adolescentes Infractores que operan en el país. La Dirección de Rehabilitación confirma que el 40% de personas que están internas allí no es menor de edad, sino adultos de hasta 25 años.

Esto ocurre pese a que el Código de la Niñez (art. 322) establece que un menor que es sentenciado por una infracción debe ser trasladado a un centro, que esté separado de los adultos procesados.

Uno de los sitios donde hay mayor número de adultos detenidos es el Virgilio Guerrero, en el norte de Quito. Gilberto Rubio, quien hasta hace ocho días fue director, indica que de 109 aislados, 58 son adultos.

Esto ya generó problemas. Policías advierten que el 21 de abril pasado tres de los mayores de edad incitaron a los adolescentes a sacar colchones y ropa a una zona abierta, para luego prenderles fuego.

Esto ocurrió luego de que agentes penitenciarios impidieran que los tres se escaparan por un extremo del patio.

Tras el amotinamiento, 12 menores fueron trasladados al de Adolescentes Infractores de Guayaquil y tres mayores fueron llevados a la cárcel de El Inca, en el norte de la urbe.

Un mes después de ese incidente, las instalaciones del Virgilio Guerrero aún están destruidas. Cuartos, aulas de clases, el dispensario médico y la sala de audiovisuales no pueden ser usadas.

El pasado 4 de enero, en la misma edificación, 28 internos, entre menores y mayores, se amotinaron para escapar. Los jóvenes incendiaron colchones, rompieron las ventanas con palos y destruyeron las habitaciones de un pabellón.

Las autoridades dicen que se trabaja para solucionar este y otros problemas.

En el de Adolescentes de Ibarra están recluidos 55 internos y 32 de ellos son mayores de edad. Sus autoridades advierten que allí también han tenido inconvenientes.

El pasado 17 de mayo, siete adultos y dos adolescentes iniciaron un disturbio y un enfrentamiento con piedras y palos.

El director recuerda que los jóvenes destruyeron una pared y atacaron a los administradores del lugar. La idea fue fugarse. La Policía controló el ataque y realizó una requisa. En esa intervención se hallaron dos celulares y cuchillos.

¿Por qué hay adultos junto a los menores? Fernando Sánchez, subdirector de los Centros de Adolescentes Infractores, explica que hay dos razones. La primera está relacionada con el Código Integral Penal. El art. 388 menciona que al llegar a la mayoría de edad, el menor sentenciado debe continuar en una sección especial, en el lugar ordenado por el juez. No podrá pasar a una cárcel de mayores.

Franklin Samaniego, miembro de la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional, indica que en las futuras reformas al Código Integral Penal no se contempla tratar este tema. De hecho, el informe para segundo debate ya está listo.

Una segunda causa es la reforma al Código de la Niñez del 2017. En esa normativa (art. 385) se establece que los menores pueden ser sancionados con internamiento de hasta ocho años en el mismo lugar. En el código anterior, las penas máximas eran de cuatro años.

Por ejemplo, si un adolescente comete un delito a los 17 años tendría que salir a los 25.

En el centro de menores de Ambato existen 60 internos. De ellos, 24 son adultos. Sus funcionarios aseguran que este año no han tenido amotinamientos o disturbios, pero en el 2018 reportaron que un adulto obligaba a los adolescentes recién llegados a que entregaran sus pertenencias.

En el área de Infractores de Guayaquil, sus administradores indican que el 40% de los internos es adulto y recuerdan que en febrero pasado seis mayores protagonizaron una pelea y más disturbios.

Sánchez asegura que desde enero pasado, cuando comenzó a funcionar el Servicio Nacional de Atención a Adolescentes Infractores ordenó a los directores que los menores y mayores durmieran en habitaciones separadas para evitar cualquier contacto.

Un mes después, la Defensoría del Pueblo emitió un informe y manifestó que uno de los problemas es la falta de separación de espacios entre los adolescentes y los adultos. Según la entidad, los internos todavía conviven en el patio, en el comedor o en los talleres.

Otros problemas de estos centros

Trato. La Defensoría de Pueblo asegura que en los Centros de Adolescentes Infractores, los internos sufren maltratos, insultos y exceso de ejercicio físico.

Infraestructura. Deterioro de los inmuebles. Por ejemplo, hay grietas o humedad en las paredes. La infraestructura sanitaria es incompleta y las alcantarillas están taponadas.

Salud. Hay limitados programas para el tratamiento de las adicciones a drogas y alcohol. Tampoco hay kits de aseo personal.

Actividades. Limitado acceso a actividades recreativas por falta de instructores, materiales y oferta deportiva, cultural y laboral. Además, no existen acciones lúdicas los fines de semana.

Vinculación familiar
. No existen reglas claras para las visitas de los familiares de los internos. Tampoco hay protocolos para las visitas íntimas de los mayores de 18 años.

Protección. No hay información sobre derechos y obligaciones que tienen los jóvenes. No saben el régimen de sanciones y cómo formular quejas.

Guías. En estos centros existe un déficit de agentes penitenciarios, que controlen la seguridad en el interior.

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