9 de octubre de 2020 00:00

La ceniza del Sangay aún daña cultivos y pastos de Chimborazo y Bolívar

Trabajadores de un cultivo de fresas, en la parroquia Cebadas (Guamote), limpian la ceniza y rescatan las frutas que no se dañaron. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Trabajadores de un cultivo de fresas, en la parroquia Cebadas (Guamote), limpian la ceniza y rescatan las frutas que no se dañaron. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Cristina Márquez
y Modesto Moreta
Redactores (I)

Una fina capa de ceniza volcánica continúa cubriendo cultivos y pastizales de siete cantones de Chimborazo y Bolívar. Los agricultores y ganaderos aún no se recuperan de las pérdidas y registran una disminución del 70% en la producción de hortalizas y del 20% en la producción de leche.

La ceniza proveniente del volcán Sangay empezó a caer en las dos provincias la madrugada del domingo 20 de septiembre; desde entonces, por acción del viento y el paso de los ve­hículos, continúa en el ambiente.

En Chimborazo se registró la caída de ceniza en Chunchi, Alausí, Guamote, Colta, Pallatanga y Cumandá. Mientras que en Bolívar, la mayor afectación se concentró en Chillanes.

Cebadas -parroquia de Guamote- es una de las más afectadas, por su cercanía con el volcán. Más de 60 hectáreas de fresas se perdieron. “Estas plantas son las más vulnerables a la ceniza. Hemos tratado de limpiarlas, pero son plantas muy delicadas, las hojas se secaron y las flores se cayeron”, cuenta Eudoro Correa, dueño de una plantación en la comunidad Pacun Ichubamba.

Los trabajadores han limpiado por 15 días consecutivos las finas partículas grises que cubren los frutos y las hojas de las fresas. Ellos lo hacen manualmente y con motobombas que expulsan aire, pero solo consiguieron salvar 200 cajas, de las 900 que usualmente se cosechaban cada semana.

El precio de las fresas también bajó debido a que la ceniza mermó la calidad. Antes, cada caja se comercializaba en USD 4,50, ahora los compradores no ofrecen más de USD 2,50.

Las familias de la comunidad Retén Los Trigales buscan maneras de aprovechar la ceniza para sus cultivos de habas, papas y fresas. Los técnicos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) les enseñaron a preparar un abono orgánico con una mezcla de ceniza, excremento de animal, melaza, levadura y otros componentes.

El sector ganadero también está afectado. Un diagnóstico preliminar, realizado por los dirigentes comunitarios y las juntas parroquiales, estima que en sectores como Cebadas la producción de 19 000 litros diarios de leche se redujo en un 20%.

Además, los comuneros reportaron a los técnicos del MAG que 60 reses tuvieron fiebre por ingerir pasto contaminado. Recibieron aceite de palma para purgar a las vacas. “En el estómago de las vacas la ceniza se compacta. El aceite de palma les ayuda a expulsar este material”, explica José Melendres, técnico del MAG.

En los demás cantones, la afectación ha disminuido. En esa provincia, el MAG ha distribuido 150 000 toneladas de alimento para el ganado.

En Chillanes se registraron lluvias escasas, pero no ayudaron a limpiar la ceniza asentada en los pastos que alimentaban a 10 000 reses. Los ganaderos dicen que el rechazo de banano, ensilaje, melaza y cáscara del fréjol que reciben del MAG y de otras entidades no es suficiente para las reses.

Las comunidades de Achín, El Mirador, Santa Teresita, Matapalo, Surupamba, La Rinconada San Juan Pamba, San Pedro de Guayabal, Guacalgoto, Buena Vista y otros 40 poblados de la parroquia San José del Tambo tienen problemas para alimentar a los animales. Por ejemplo, las 10 familias del recinto Buena Vista no tienen comida para 80 cabezas de ganado.

“Se hizo como una especie de pasta y no se puede limpiar, estamos dando el ensilaje que nos llegó de la Asociación de Ganaderos y el banano del MAG, pero no abastece. Los animales están enfermos y flacos”, dijo Wilber Bonilla, un ganadero.

En Buena Vista, la producción de leche cayó de 40 a 25 litros diarios.
En ese cantón, ubicado a 60 minutos de Guaranda, la producción de mora, tomate y fréjol bajó en un 70%.

En la comunidad Guacalgoto, las 12 hectáreas de mora y 8 de tomate de árbol aún están cubiertas con el polvo volcánico. De ese sector salían semanalmente al mercado 200 cajas de tomate; ahora bajó a 50.

Juan Narváez, director del MAG en Bolívar, asegura que llegan con alimentos, sales y vitaminas a recintos y comunidades. “El territorio es grande y cada semana vamos a todos los sectores, entregando alimentos y las bombas de aire para que recuperen sus cultivos de tomate y mora”.

Las brigadas médicas veterinarias llegaron de Cotopaxi, Pichincha y Tungurahua, para dar asistencia.

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