19 de marzo de 2020 00:00

Sin una casa para hacer la cuarentena

Personal municipal coloca gel a personas que se encontraban en la 24 de Mayo. Foto: EL COMERCIO

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Ana Guerrero
Redactora (I)

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Quédate en casa se escucha, se lee y se proclama. Pero hay quienes no la tienen y caminan por las calles de Quito, resguardándose del sol o del frío en los portales de iglesias, puentes o cualquier rincón.

La emergencia sanitaria por el covid-19 ha afectado el día a día de las personas con experiencia de vida en calle. El Patronato San José da cuenta de alrededor de 10 000 personas que forman parte de este grupo vulnerable. La administración Manuela Sáenz es la que lidera el número de casos, le siguen La Mariscal, Eloy Alfaro, La Delicia y Quitumbe.

Darwin García es una de las personas que forman parte de las cifras. Tiene 45 años y asegura haber salido de las calles hace un año. Luego de cerca de tres décadas de consumo de drogas, conflictos familiares y de vivir a la intemperie, empezó a vender llaveros para conseguir su sustento diario.

El hombre saca de su bolsillo los dos artículos que aún le quedan. Lo hace a unos pasos del ingreso a la Casa del Hermano, un establecimiento de ayuda a personas en situación de calle. Visiblemente desesperado, cuenta que luego de las restricciones para movilizarse por la emergencia sanitaria no tiene dónde comprar la mercadería y, de encontrar un lugar, no hay a quien venderla.

Lo que había reunido de la venta de días pasados se terminó entre comida y hospedaje. “El dinero se acabó y volví a chupar calle”. Logró comprar caramelos, pero, con la ciudad vacía, no encuentra clientes.

Por las restricciones, algunos de los sitios que brindan ayuda se han cerrado y personas que suelen llegar con comida en las noches no lo han hecho por el toque de queda.

Pero hay quienes continúan con las jornadas de atención, como las brigadas del Patronato San José y la Cruz Roja. Sergio Jurado, responsable del proyecto Atención de habitantes de calle, da cuenta de la labor, que es diaria y en distintos puntos de Quito. En la tarea de abordaje trabajan 18 personas.

Un total de 33 conforman el equipo, entre ellos educadores, promotores, trabajadores sociales y psicólogos. La Casa del Hermano, en la av. 24 de Mayo, es uno de los puntos de ayuda. Tienen dos modalidades, una de internamiento voluntario y otra denominada de reducción del daño, habitualmente de 08:00 a 16:00. La primera continúa en marcha, con nueve usuarios. Uno de ellos es José Guerrero, de 52 años, quien empezó el consumo a los 15. Una sobredosis casi le cuesta la vida y terminó paralizado parte del cuerpo. Dice que si las restricciones hubieran llegado cuando aún estaba en la calle se habría refugiado en un bosque.

Jurado comenta que a estas personas les entregan kits de alimentación donados por la Cruz Roja y, de paso, les informan sobre las precauciones.

Los kits (con atún, galletas y jugos) llegan a la casa de María Tránsito, en el sector La Cantera, al final de la calle Rocafuerte. La mujer, oriunda de Latacunga y con seis hijos, se dedica a desgranar y, los martes y los viernes, acude al mercado San Roque para conseguir contratos. Estos días no logró nada y está en casa sin recursos.

La Cruz Roja apoya en la atención. Y les comparte a las personas que las provisiones que les entregan se pueden racionar para dos o tres días. Eso sí, desde la institución aclaran que garantizan la seguridad de los voluntarios y fomentan que se queden en casa.

Gabriela Cevallos, directora de Ejecución Técnica del Patronato, da cuenta de que a raíz de que se confirmó la presencia del virus en Ecuador se tomó atención inmediata, sobre todo en espacios como la Casa del Hermano. Las personas ingresadas no han salido, por su situación de vulnerabilidad.

No todas las personas con experiencia de vida en calle carecen de vivienda. En esos casos, les hacen un acompañamiento para que, de ser posible, regresen a sus casas. A quienes no tienen esa opción los persuaden para que no estén en espacios públicos.

El Patronato ha establecido un protocolo de actuación que se ha ido ajustando y será entregado al Centro de Operaciones de Emergencia (COE) para que sea revisado.

El alcalde Jorge Yunda dijo ayer, 18 de marzo del 2020, que si alguien ve a estas personas vulnerables puede reportar el caso al 911 para enviar un equipo.

Según declaraciones de Alexandra Ocles, secretaria de Gestión de Riesgo, el Ministerio de Inclusión Económica y Social está generando un protocolo para apoyar y para que quienes están colaborando en estas atenciones sepan cómo actuar. Han planteado a los COE cantonales que se identifiquen lugares donde se podría albergar a personas. Además, están haciendo un levantamiento de información.

Hasta tanto, hay quienes por las complicaciones que se les han sumado con las restricciones de movilizarse, han tenido que enfrentarse a la vida en calle.

Luis Olmedo, de 75 años, se resiste a estar en las calles. Llegó desde Quevedo por una intervención en los ojos y no pudo regresar. Se le terminó el dinero para pagar un hotel y, sostenido por un bastón, pide ayuda. Se suma al clamor del primero: “No tengo adónde ir”.

En contexto


El Patronato San José lleva a cabo un proyecto encaminado a ayudar a las personas que viven en las calles del Distrito Metropolitano de Quito. Hacen recorridos y brindan apoyo, atención médica y alimentos a esta población vulnerable ante la emergencia.

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