11 de febrero de 2019 00:00

La carga administrativa aún no disminuye en los planteles educativos

Las docentes Mónica Ibarra, Diana Escobar y Georgina Cóndor, de la Escuela Bolivia, revisan su trabajo diario. Fotos: Julio Estrella / EL COMERCIO

Las docentes Mónica Ibarra, Diana Escobar y Georgina Cóndor, de la Escuela Bolivia, revisan su trabajo diario. Fotos: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Valeria Heredia

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En unas carpetas gruesas, las docentes Georgina Cóndor y Amparo Rosero, de segundo y séptimo años, respectivamente, guardan evidencias de su trabajo diario en clases. Planificaciones, informes y evaluaciones son parte de los documentos que elaboran estas maestras durante su jornada.

El Ministerio de Educación reconoce que hay un exceso de actividades no vinculadas al proceso de enseñanza-aprendizaje. Un profesor, por ejemplo, realiza más de 60 operaciones a la semana. La cifra aumenta de acuerdo con el grado, número de estudiantes, carga horaria y materia.

Frente a ese panorama, el presidente Lenín Moreno y posteriormente el ministro de Educación, Milton Luna, anunciaron la disminución de la carga administrativa a través de un acuerdo. Pero 12 días después aún no se conoce qué ítems incluirán esta reducción.

El viceministro Alfredo Astorga conversó con este Diario y aclaró que hay una certeza: “Se mantendrán a cargo de documentos relacionados con la planificación y la evaluación”.

Amparo dicta clases a 33 estudiantes de séptimo año en la Escuela Fiscal Bolivia, en Quito. Enseña las cuatro cátedras básicas: matemática, lengua, ciencias naturales y estudios sociales. Y da cultura estética y educación física (tres de las cinco horas semanales).

Cada asignatura demanda una planificación anual, mensual y diaria. También debe preparar instrumentos de evaluación y, si es necesario, el refuerzo académico por cada chico que no alcance los 7 sobre 10 puntos por parcial.

¿Y si hay alumnos con necesidades educativas especiales? Amparo debe armar una planificación diferenciada y una adaptación en los contenidos y en las evaluaciones.

La docente, que lleva 22 años en el magisterio, además, tiene que elaborar informes por cada reunión con padres, alumnos en situación de vulnerabilidad, actividades artísticas y proyectos que desarrolla.

Para elaborar un informe se destina entre una y tres horas -depende de los conocimientos en computación del maestro- ya que debe incluir, entre otros puntos: objetivos, metas, alcances y evaluaciones.

Este trabajo lo hace en casa; en la escuela tiene cinco horas libres a la semana, que no son suficientes. Hoy un maestro cumple 40 horas semanales: 30 pedagógicas y 10 fuera del aula.

En el Reglamento a la Ley Orgánica de Educación Intercultural, del 2012, se detalla que las actividades docentes fuera de las horas de clases se dividen en: gestión individual (65%) y corresponden a planificar, revisar tareas, evaluar, redactar informes y diseñar material; y participativa (35%), para reuniones con padres, docentes, refuerzo y más apoyo.

Con esa dinámica vive Georgina Cóndor, con 18 años de experiencia y compañera de Amparo. La última semana elaboró 15 informes, entre ellos, Plan Lector y Aula Digital.

La simplificación administrativa no es una propuesta gubernamental nueva. El exministro Fander Falconí firmó el 23 de octubre un acuerdo (MinEduc-2018-00101 A), con lineamientos generales, para revisar el trabajo administrativo y priorizar actividades.

Y se designó a la Coordinación General de Planificación para que genere propuestas de simplificación de la documentación. “La reducción en el trabajo no se aterrizó al aula; trabajamos igual”, dicen.

“Hay papeleos que no son necesarios”, anota el vicerrector del Fernández Madrid, Tomás Artieda. Un ejemplo es el Plan Curricular Anual o PCA, una “planificación de la planificación, donde se coloca lo mismo del currículo”.

Un punto para debatir -dice- es el plan de refuerzo académico, que debe ser más operativo. Implica elaborar al menos siete instrumentos de evaluación (prueba, lección, trabajos).

En planteles privados hay una mejor distribución de la carga administrativa, ya que cuentan con plataformas digitales y más personas a cargo del ‘papeleo’. Lo dicen Jenny Vinueza, rectora del ISM Academy, y Lorena Mera, docente.

Lorena trabaja 22 horas semanales en el Bachillerato Internacional. En el tiempo libre planifica sus clases. Pese a las facilidades tecnológicas, ella se “siente desbordada”.

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