20 de September de 2009 00:00

Cañón o mantequilla

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Luis Hernández P.

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La anunciada construcción de  un submarino nuclear con asistencia francesa por Brasil, y la adquisición del sistema de misiles S-300 PMU-2 de fabricación rusa por Venezuela son  un grave  indicio de  rearme en la región.

Estos hechos alteran de manera significativa el balance de defensa en Sudamérica,  con la consecuente gestación de percepciones y suspicacias que pueden incitar a una carrera armamentista y afectar gravemente el desarrollo de sus pueblos.

 En la administración del Presidente Wilson, durante la Primera Guerra Mundial, se acuñó el término “cañones o mantequilla”, para explicar el dilema al que se someten los gobiernos cuando tienen que decidir qué priorizan: la seguridad o el desarrollo.

Un submarino es un arma ofensiva y más aún si tiene la autonomía que le permite el combustible  nuclear. Sin embargo, el gasto de defensa de Brasil es inferior en relación al PIB con el de otros países en la región.

En el caso del  S-300 PMU-2 estamos ante un sistema  antibalístico que, si bien es cierto, es defensivo, permite que quien lo tenga pueda atacar sin ser atacado. EE.UU. ha abandonado sus intenciones de instalar algo parecido en Europa por los reclamos rusos.

¿Por qué se arma Venezuela? ¿Cuáles son las hipótesis de conflicto que le llevan al gobierno de Caracas a realizar una inversión tan millonaria? Si la hipótesis de guerra de los generales de la Revolución Bolivariana es contra EE.UU., de seguro habrán considerado que la defensa adquirida es totalmente insuficiente. Pero si el objetivo del rearme de Caracas es para defender la revolución  estamos ante un hecho de consumo interno con incidencia externa. Las revoluciones se consolidan  con gasto militar. La mantequilla puede esperar.

FF.AA. con juguetes nuevos y sofisticados desarrollan  un sentimiento de orgullo, superioridad y cohesión. En el caso de Venezuela se necesita para que sus soldados sigan exhibiendo a la entrada de los cuarteles militares el lema: ‘’Patria, socialismo o muerte’’. Más aún cuando el golpe de estado contra el coronel Hugo  Chávez fue gestado en los cuarteles.

Las inversiones militares para defender las revoluciones no son nuevas.

En Cuba, en 1960, luego de la fracasada invasión en la Bahía de Cochinos por parte de los contrarrevolucionarios.

La Revolución Cubana fortaleció su defensa consolidando una férrea alianza militar con Rusia  para defender la revolución.

Corea defiende su modelo comunista con un equipamiento militar que, con largueza, supera  las necesidades de desarrollo.

En la carrera armamentista parece  que  la Revolución Bolivariana lleva el estandarte.

La Revolución Ciudadana redactó en la nueva Constitución que el Ecuador es un territorio de paz. Pero, como se ve, entre revolucionarios no se copian las buenas ideas.

Columnista invitado

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