22 de noviembre de 2018 12:05

Cambiemos el juego, una campaña familiar en contra del machismo

21 niños de entre 10 y 12 años participaron en los seis talleres de la campaña Cambiemos el juego, una iniciativa que busca cultivar la igualdad de género en los niños. Foto: Cortesía / Sophia Torres

21 niños de entre 10 y 12 años participaron en los seis talleres de la campaña Cambiemos el juego, una iniciativa que busca cultivar la igualdad de género en los niños. Foto: Cortesía / Sophia Torres

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Karol Noroña

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A Juliana jamás le llamó la atención jugar con barbies o muñecos bebé hiperrealistas. A ella, quien tiene 11 años de edad, le sedujo el deporte, ejercicio que comparte con su hermano menor. Se desarrolla en plena libertad, al entender que la independencia y el empoderamiento convergen en su día a día, dice su madre, Jennifer García. La mujer cuenta que en su hogar, sus hijos realizan las actividades que deseen sin que su género marque una diferencia. Pero esto no sucede en todas las familias. En la intimidad, puede reproducirse una jerarquía patriarcal y machista que delimita roles específicos entre niñas y niños.

El machismo se construye en la niñez, con la repetición de actos aparentemente inofensivos que colocan a la mujer en una situación de inferioridad. Se interiorizan y, en la adultez, se naturalizan. De ahí nació la campaña Cambiemos el juego, una iniciativa didáctica de Sophia Torres y Daniela Delgado, estudiantes de la Facultad de Comunicación y Artes Contemporáneas de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Su objetivo es cultivar la igualdad de género en los niños, e invita a todos los integrantes de la familia a unirse en “un pacto contra el machismo”.

Sophia Torres, de 22 años, cuenta que la campaña se inició después de una investigación académica para su proyecto de tesis que duró más de cuatro meses.

El tema central, asegura, era la naturalización del machismo a través de la familia, sobre todo, con los roles de género, alimentados por un sistema patriarcal que “sitúa al hombre como una figura de poder dentro de la estructura social, que hace que la mujer sea vista desde la subordinacióny desventaja. Se les atribuyen roles o normativas que las hacen ver como una persona débil”, sostiene.

La estudiante de Comunicación menciona que el machismo puede desencadenar en violencia de género, psicológica y física, discriminación y, en un peor escenario, en asesinatos. Las cifras así lo muestran. Según la Fiscalía General del Estado, de cada 10 casos de víctimas de violencia, seis corresponden a niños, niñas y adolescentes. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) registró que una de cada dos mujeres ha sufrido violencia psicológica y dos de cada cinco, violencia física.

Torres y su compañera decidieron enfocarse en la familia como eje central de su investigación, pues consideran que es “la unidad más importante donde se siguen reproduciendo esos estereotipos”. Así, las estudiantes identificaron varios patrones que se repiten en el núcleo familiar.

Los estudiantes participaron en una obra de teatro estudiantil basada en un mensaje de fortalecimiento de la familia, libre de roles de género y discriminación.  Fotos: Cortesía / Sophia Torres

Los estudiantes participaron en una obra de teatro estudiantil basada en un mensaje de fortalecimiento de la familia, libre de roles de género y discriminación. Fotos: Cortesía / Sophia Torres

“Se ubica al hombre como el proveedor de la familia, a que su palabra decide lo que sucede en el hogar y que no puede llorar”. A las mujeres, en cambio, se les inculca que deben verse ‘lindas’ o que su rol en casa es solo atender los quehaceres domésticos. Esto también sucede en los centros educativos, sostiene Torres.

Tras culminar la investigación, las estudiantes pusieron en marcha la campaña Cambiemos el juego, en un colegio de Quito. La iniciativa incluyó seis talleres en los que se reunió a 21 niños de 10 a 12 años de edad. “Con ellos descubrimos que sí existe una construcción específica. Es decir, a las niñas, por ejemplo, se les dice que jueguen a la cocinita, que su color es el rosado o que escojan al ‘bebito’ con la tina para que practique cómo ser madre. Si un niño desea hacer lo mismo, es juzgado; siente miedo”.

El primer taller, relata Torres, tenía como objetivo desvincular los roles de género de ciertos objetos. A los pequeños -niños y niñas- se les pidió que construyan un nuevo objeto a partir de vinchas, ollas y utensilios relacionados con cocina. Ellos lograron manejar los artículos sin ningún prejuicio. Otra actividad, en cambio, giró en torno a profesiones y se valieron de testimonios. “El mensaje fue que pueden desarrollarse de la forma en que deseen. Les mostramos casos reales de un patinador profesional ecuatoriano, quien logró alcanzar sus sueños. O de una futbolista mujer que logró ser exitosa”, cuenta.

En el evento de clausura, que se desarrolló el pasado 19 de octubre del 2018, prepararon una obra teatral con los niños como protagonistas. “La idea era que rompan estereotipos y muestren cómo debería ser una familia y cómo apoyarse mutuamente”, dice Torres. En la pieza, los pequeños salían de su hogar y escuchaban unas voces negativas que les enunciaron micromachismos ofensivos.

Durante la obra, ellos expusieron un mensaje que se basó en que una familia con una enseñanza libre de roles de género cultiva a niños y niñas fuertes, frente a la discriminación de la sociedad. Torres asegura que la reacción de los padres que estuvieron presentes fue conciliadora. Después, participaron en talleres de cómo hacer un peinado entre padre e hija o uno de danza, practicado por madres e hijos.

Iniciativas como Cambiemos el juego, sostiene Torres, se enmarcan como un instrumento catalizador del Decreto 460, emitido el pasado 10 de julio del 2018, por el presidente Lenín Moreno. En el documento, el Ejecutivo estableció que los textos escolares y guías docentes de las mallas curriculares de los centros educativos deben incluir la “igualdad entre hombres y mujeres en todas las esferas políticas, económicas y sociales; la construcción sociocultural sobre roles y valores asociados al comportamiento de los hombres libres de machismo o supremacía hacia las mujeres; la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres”.

La joven considera que apenas es el primer paso. Para ella, es imprescindible una mayor participación del Estado para promover campañas e iniciativas que generan más inclusión e igualdad de género en los centros educativos. Por eso, ambas estudiantes universitarias enviaron una carta dirigida a Fander Falconí, ministro de Educación, con el fin de que la campaña Cambiemos el juego se extienda a escala nacional.

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