23 de August de 2009 00:00

El café vienés

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Grace Jaramillo

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Formados en universidades liberales, ciudadanistas y encima nacionalistas. ¿Qué parte no entendieron algunos dirigentes aliancistas de lo que es la izquierda? Seguro ni leyeron a Karl Marx, porque si proponen CDR’s, es que no lo leyeron. Porque Marx si de algo tenía temor, es a lo que él denominaba lumpen proletario, porque según él, ahí se gesta la contra-revolución y los gobiernos bonapartistas, es decir totalitarios. Marx sólo creía en la organización del proletariado, vía organización de partidos políticos, que a su vez necesitaban de la incorporación de las masas al empleo, en la generación de la justicia vía reforma agraria. Y él creía en la participación pluralista, activa para el pensamiento. Marx es un ilustrado, por lo tanto cree en la discusión, en beneficio del bien común. Por eso es que a pesar de los nuevos argumentos en pro de los CDR’s con el paso de la semana, y de cómo se quiere disfrazarlos de democráticos, nunca lo podrán ser porque –para empezar- la idea nace desde el poder, nunca desde las clases populares, ni de los humildes. El pueblo es ahora –aunque no se pague ni un centavo por ello- objeto de esta política, nunca sujeto como debería ser en un verdadero espíritu revolucionario que transforme estructuras.

Desde el poder pueden argumentar que “ya habían desde antes”, que “son de carácter democrático”, que “todos pueden formarlo”, pero como dijo el gran poeta y filósofo Iván Carvajal en una carta a sus amigos, las palabras no mienten… y vale insistir sobre el tema porque la sola idea de tener CDR’s, debería llamar a un debate a gran escala sobre el proyecto político de Alianza País. ¿Por qué CDR’s si ha ganado siete elecciones?¿por qué CDR’s si el mismo Presidente dice que su único enemigo real es la prensa?¿porqué CDR’s si busca la democracia y, en democracia, las elecciones son las únicas que definen quién se queda y quién se va? ¿y quién va a vigilar a los vigilantes?

Para la izquierda -la de verdad, no la del café vienés y la bohemia de cuerpos fáciles- los CDR’s, serían sencillamente impensables. Nos queda alguna esperanza de que una socialista democrática y comprometida como Doris Solís, quien siempre defendió la participación espontánea de la gente; un defensor tan aguerrido del Estado de Derecho en tiempos gutierristas como Gustavo Jalkh, o un poeta libertario y progresista, crítico a muerte de la represión, como Javier Ponce ayuden a frenar esta idea siniestra. Aún hay tiempo y es hora de que vean que ideas aparentemente inocentes terminan totalitarias en sociedades desposeídas, desempleadas, con escaso desarrollo ¿no leyeron a Barrington Moore? Y no seamos ingenuos: basta que un comité de estos funcione en cada ciudad (solo con palos o amenazas para empezar) para ver cómo nos convertimos en una sociedad de panóptico. Y si no pregunten a Torsky, Althusser, Gramsci, víctimas del partido al que ofrendaron su vida misma. Piénsenlo.

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