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La pandemia deja secuelas en el personal sanitario; sufren ‘burnout’

Médicas y enfermeras del Hospital Bicentenario, en Guayaquil, reciben terapias. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Médicas y enfermeras del Hospital Bicentenario, en Guayaquil, reciben terapias. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Médicas y enfermeras del Hospital Bicentenario, en Guayaquil, reciben terapias. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Una simple caja les ayudará a los médicos, enfermeras y más profesionales que luchan contra la covid-19 a desechar aquellas emociones reprimidas durante la estresante lucha diaria. Ira, frustración, miedo, tristeza… Todo, al final, se reducirá a pequeños retazos de papel.

El cartón está en medio del auditorio de la Biblioteca Municipal, cerrada hace un año por la pandemia de covid-19. Alrededor hay médicos y enfermeros del Hospital Bicentenario de Guayaquil, que por minutos dejaron sus tareas.

Eso ocurrió el martes 27 de abril del 2021, hace dos días. En medio de retratos de antaño y ese olor a papel añejo se alistan para una terapia de descarga.

El psicólogo Gino Escobar dirige la cita y les pide escribir en una hoja la situación más tensa o estresante que hayan experimentado en estos días.

Él mismo recuerda un dramático momento dentro del hospital a inicios de enero, cuando un cadáver fue retirado después de 15 días. El hedor se apoderó de una parte del lugar.

“La idea es externalizar la emoción más difícil de manejar, reconocerlas y aprender a canalizarlas”, dice. Y en año de pandemia que no da tregua esas emociones se desbordan.

La nueva oleada de contagios por SARS-CoV-2 que experimenta el país acentúa las consecuencias del síndrome de ‘burnout‘ o del quemado entre el personal sanitario.

Es una carga de estrés crónico, que ha ido en aumento a lo largo de 426 días que van de la emergencia sanitaria en Ecuador.

Desmotivación, falta de energía, agotamiento mental, cambios en el ánimo, mareos son secuelas que tratan de ocultar detrás de sus trajes.

“Es doloroso ver a pacientes en las camas, con máscaras de oxígeno de alto flujo o con ventilación mecánica -cuenta Alex Ronquillo, médico residente del Bicentenario-. Dar noticias negativas impacta”.

Para Escobar, el ‘burnout’ demuestra la falta de preparación del sistema de salud ante la posibilidad de las múltiples olas del virus. A esto suma la sobrecarga a todos los equipos.

“Cuando les pusieron categoría de héroes se pensaba que los estimulaban positivamente. Y lo que se hizo fue dañar su autoestima, porque eso les da una carga extra: no pueden fallar. Y eso es imposible”.

A la demanda profesional por la saturación en terapia intensiva (UCI) y cuidados intermedios, se agrega la demanda familiar y personal que, advierte Escobar, no pueden quedar a un lado. “Las guardias son extensas. Es como tener a un soldado en guerra, disparando todo el tiempo. Si no hay relevo ni descansa, la guerra terminará pronto para ese soldado”.

José Vergara es intensivista y afirma que especialistas de UCI han sido entrenados para combatir. Estuvo al frente de la UCI del Hospital Guasmo Sur, el primer centro centinela para covid que funcionó en el país.

Allí enfrentó un tsunami, como describe a la ola inicial que golpeó a Guayaquil. El hospital no se dio abasto; los pacientes morían por decenas.

Vergara es claro en decir que la situación actual no es comparable con marzo y abril de 2020. Incluso en las salas que atiende en entidades públicas y privadas de Guayaquil la situación asfixiante de semanas atrás ha empezado a estabilizarse.

“Quienes nos dedicamos a esta especialidad estamos preparados para pelear, y no solo contra enfermedades”.

Lo dice porque hay temas que escapan de sus manos, como lidiar con la falta de fármacos para sedar a quienes requieren intubación. Sin esas armas, la lucha es desigual.

En las UCI también lidian con una carga emocional alta: el porcentaje de mortalidad es mayor al de antes de la pandemia; en promedio sabían que uno de cada tres en terapia intensiva podía morir. A eso Vergara suma la mala remuneración.

“Eso de héroes es un cliché para la propaganda. Pero aspectos como la ley de contratación definitiva no avanzaron. Eso causa insatisfacción”.

Como si fuera una guerra, el Teodoro Maldonado Carbo del IESS en Guayaquil ha instalado un hospital de campaña. Son grandes carpas armadas en los patios de Emergencia, donde pacientes aguardan conectados a tanques de oxígeno, a la espera de una cama libre.

La sicóloga Karla Moncayo, del Servicio de Salud de Personal, dice que en el pico inicial hicieron un test para detectar ansiedad y depresión. De 963 encuestados, 119 reconocieron que necesitaban ayuda sicológica. Planifican un nuevo test, para ubicar el burnout.

“Intentaremos determinar si hay agotamiento al final de trabajo, fatiga por la mañana, dificultad para comprender cómo se sienten los pacientes”.

Pero solo con dar una vuelta por el frente de la primera línea basta para entender que hay un cansancio marcado. Moncayo asegura que la prueba busca abarcar a los casi 3 000 colaboradores del hospital y detectar si el riesgo es alto, medio o bajo para aplicar estrategias.

Por ahora las charlas son una forma de descargar la presión. El martes, en la Biblioteca Municipal, los especialistas del Hospital Bicentenario escribieron, rompieron y trataron de dejar parte sus historias en la caja de cartón.