1 de mayo de 2020 00:00

La bioseguridad prima en la terminal aérea; se alista plan de distanciamiento de 1,5 m entre pasajeros

El Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre sigue operando, pero sus instalaciones lucen desoladas. Solo vuelos de carga operan normalmente. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

El Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre sigue operando, pero sus instalaciones lucen desoladas. Solo vuelos de carga operan normalmente. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

Antes de que la crisis del covid-19 golpeara a Ecuador, el Aeropuerto Mariscal Sucre contaba con unas 350 personas trabajando en áreas de migración, aduanas, seguridad, etc.

Ahora, según Luis Galárraga, gerente de Comunicación de Quiport, trabajan entre 40 y 60, dependiendo del turno. Aunque los vuelos de pasajeros se redujeron drásticamente, las operaciones aeroportuarias se mantienen para vuelos de carga, incluidos los de insumos médicos.

Desde el 30 de enero del 2020 empezaron los cambios en la terminal. Galárraga explica que paulatinamente se aplicaron medidas pues el riesgo de la epidemia, que hasta entonces solo atacaba a China, se veía venir.

Poco a poco, trabajar con equipo de protección, mascarilla y guantes se volvió cotidiano. Los dispensadores de alcohol gel llegaron a todas las áreas del aeropuerto, y la desin­fección con un virucidas de amplio espectro de uso hospitalario se volvió constante.

Todo se amplió desde mediados de marzo. Galárraga señala que no hay mayor riesgo al manipular carga, pues pasa por un proceso de desinfección desde el punto de origen. Pero, por seguridad, el personal trabaja con protección y tanto en Tabacarcen como en las paletizadoras (importación y exportación) se desinfecta todo.

Galárraga y el gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Servicios Aeroportuarios (Epmsa), Sandro Ruiz, señalan que hasta el momento ninguna persona se ha contagiado de coronavirus en las instalaciones, por su trabajo.

En el caso de Epmsa, Ruiz explica que hubo casos con sospecha de covid-19. No precisa cuántos, pero señala que quienes dieron positivo se habrían infectado en sus días libres, pero estuvieron aislados y ya están fuera de peligro.

Al principio, los vuelos de importación se redujeron en un 20%. Galárraga dice que están presentando mejoría por la llegada de insumos médicos.

Para esos vuelos hay equipos de trabajo de instituciones como Quiport, Epmsa, Dirección General de Aviación Civil y de otras empresas. Marco Paz y Miño forma parte de los 280 trabajadores, de un total de 490 de Epmsa, que mantienen trabajo presencial.

Laboran en turnos que pasaron de 8 a 12 horas, para bajar la rotación. El 15 de marzo fue el último día en que Paz y Miño visitó y abrazó a sus padres. Aunque tiene cuidados extremos en su trabajo, teme exponerlos a un riesgo y por ello solo los llama seguido.

Él es el director operativo de Seguridad de esta empresa y cuenta que la vida en el Aeropuerto Mariscal Sucre ha cambiado radicalmente desde entonces, pues durante la emergencia apenas se han registrado 17 vuelos de pasajeros.

Ruiz y Galárraga sostienen que los protocolos sanitarios que se aplican son estándares, sin importar si es vuelo regular, de carga, humanitario, militar, chárter, etc. Y se mantendrán así en los próximos meses.

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A la par se desarrollan otros protocolos de distanciamiento en áreas de chequeo, migración y preembarque, por ejemplo. Se moverán sillas y se adecuarán espacios con el fin de que cada pasajero esté a por lo menos 1,5 metros de otro.

Ruiz señala que el volumen de la operación se redujo en cerca del 90% en cuanto a vuelos de pasajeros y recuperarlo bajo las condiciones actuales no va a ser fácil; por ello, en principio, mantener esas distancias será posible.

Paz y Miño y su equipo cumplen el rol de inspeccionar a los pasajeros y previenen también que llegue o salga cualquier objeto o sustancia ilícita, con el fin de evitar, por ejemplo, amenazas de bomba o secuestros.

El equipo que usan para revisar a los pocos pasajeros que usan la terminal aérea permite cero contacto. El personal recibe charlas médicas; además, antes y después de cada turno controlan su temperatura.

Anteriormente, cada quien llegaba a trabajar por distintos medios. Ahora hay un recorrido puerta a puerta en vehículos desinfectados y cuyos conductores viajan protegidos.

Todos los restaurantes de la terminal están cerrados y solo uno en el centro comercial ofrece comida para llevar a quienes no tienen alimentos preparados en casa. La sirven en una cafetería que antes era un sitio para compartir. Ahora las mesas están separadas.

Pese al cuidado, el personal teme llevar el virus a casa. “Al llegar, lavamos la ropa aparte, nos bañamos antes de acercarnos. Al terminar el protocolo, hacemos un tipo de saludo pero la falta de un abrazo nos está costando”, dice Paz y Miño.

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