5 de August de 2009 00:00

Bicentenario

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Manuel Terán

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Hay ocasiones en que la conmemoración de los hechos históricos tiene especial significado. Hoy, a dos siglos de la gesta libertaria que concluyó 21 años más tarde con el nacimiento de la República del Ecuador, esta celebración tiene un cariz especial. 

Fueron las ideas de la Ilustración las que nos otorgaron elementos para alcanzar la emancipación y dejar de ser colonia. 

Ideas que pusieron en relevancia la importancia de la libertad como base fundamental de los países que han alcanzado el bienestar ciudadano, no sólo en lo material sino en la posibilidad de ser dueños de sus decisiones sin rectores o censores que la coarten o restrinjan de forma alguna.

En estos días llegamos al Bicentenario precisamente cuando la libertad pretende ser puesta en duda. Quizás no se advierte que, salvo alguna excepción que ha anulado las garantías individuales por medio siglo, el reclamo de los pueblos a su legítimo derecho de expresión de la libertad ha impedido que se consoliden  regímenes totalitarios y se continúa luchando por ese principio.

Por ello resulta paradójico que precisamente cuando vamos a celebrar 200 años de nuestro primer grito de libertad presenciemos que desde el oficialismo se ataca y  arremete contra el que piensa distinto. 

La libertad, que tiene su máxima expresión en la posibilidad de que cada ciudadano exprese su opinión, ha sido puesta en entredicho. Quizás la aspiración de los gobernantes sea la existencia de un pensamiento único pero ello, como lo cuenta la historia, es imposible y máximo se llega al ocultamiento temporal de las voces disidentes por la represión o la censura.

Es tan importante la vigencia de ese principio que desborda toda clase de control y tarde o temprano termina imponiéndose en su magnitud. Por eso, el mayor homenaje a los próceres que empezaron a transitar por el camino a la libertad es no ceder ante las amenazas totalitarias. 

En el Ecuador ha existido un sentido de libertad muy arraigado en la sociedad.  Esto de ninguna manera puede perderse por la pretensión de que exista únicamente una voz oficial que nos diga lo que tenemos que hacer o lo que debamos pensar. 

Más bien es el momento adecuado para reflexionar que la herencia brindada es enorme y no la podemos perder.  Que aún queda mucho camino por andar hasta que cada uno de los ecuatorianos tenga la capacidad de tomar sus propias decisiones con independencia y pleno conocimiento de lo que hace.

Persiste el desafío de alcanzar mayor desarrollo económico y social en un ambiente de libertad, que de cuerpo a una sociedad cohesionada con individuos libres pero socialmente responsables. Sólo allí veremos cumplida la tarea iniciada hace 200 años.

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