29 de June de 2009 00:00

Benítez usó la migración para triunfar en el fútbol

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Pablo Campos.  Quito

Era la primera semana de enero de 1997. Rita Betancourt y el pequeño Christian llegaron al cuartel Mariscal Sucre, al sur de Quito,  en la tarde. El niño jugaba despreocupado con una gastada pelota de plástico.  Su madre lo miraba y pensaba en la decisión que acababa de tomar.



Sus mentores
Dorcy López  es la abuela materna del actual jugador del Birmingham. Lo cuidó desde que nació y cuando  Rita  emigró a Italia. En su casa, colecciona fotos, afiches y recortes de periódico de su nieto. Él la llama ‘mami’ y actualmente  la mantiene.

Orlando Narváez  fue técnico del ‘Chucho’ en las categorías formativas de El Nacional.  Coincidió con Ermen Benítez en el exitoso equipo criollo de la década de 1980. Él se atribuye como autor del sobrenombre de ‘Chucho’, como se conoce al ariete.

Fabián Sidel.  Influyó en la formación personal de Christian Benítez. Fabián Sidel era el dueño de casa donde vivía el delantero ecuatoriano.   Él conoció al ‘Chucho’  cuando era  muy pequeño y la química entre ellos surgió  pronto. Lo apoyó en la juventud.

Ermen Benítez.  Es el padre de Christian. La  ‘Pantera’, como era conocido Ermen,   se destacó como goleador en su época de futbolista. De hecho, es el   máximo goleador del fútbol local  con 191 tantos. La relación entre padre e hijo mejoró en los últimos años.En la puerta del recinto militar ubicado en El Pintado, Betancourt pidió hablar con Orlando Narváez,  el ex  defensa de El Nacional, convertido después en técnico. La mujer lo conocía desde la década de los ochenta, cuando ella era la pareja  sentimental de Ermen  ‘Pantera’ Benítez, el gran goleador del equipo criollo. Fruto de esa relación nació Christian, que entonces tenía 11 años.

Betancourt y el niño ingresaron a la cancha del cuartel,  en donde se entrenaban los  pequeños futbolistas de El Nacional. Cuando encontraron a Narváez, la esmeraldeña tomó de los hombros a su pequeño hijo y se lo acercó al técnico. “La próxima semana me voy a trabajar a Italia. Al niño le encanta el fútbol como a su papá. Te pido que le enseñes y que me lo cuides”.

Ese fue el primer contacto del ‘Chucho’ con El Nacional, el equipo de sus amores. En aquel cuartel militar empezó su historia en  el fútbol profesional,  ese idilio con el  deporte que lo rescató de la pobreza y que hoy lo tiene en el Birmingham de la Premiere League de Inglaterra, luego de su paso triunfal por el cuadro criollo y el Santos de México. 
El ‘Chucho’ vive un gran momento. Esta temporada llega al cuadro inglés  a cambio de   USD 13 millones,   en el fichaje más caro en la historia  de ese  club.

Es la fría  tarde del jueves 25 de junio  y Benítez  está sentado en la vereda de la casa de su abuela. El inmueble se levanta en  Santa Bárbara,    barrio quiteño de la parroquia de Chillogallo.

La presencia de Benítez  no pasa desapercibida por  los  vecinos del sector. No solo porque es una estrella del balompié, sino porque sus familiares parquearon un lujoso Ford Explorer negro con música a todo volumen.

La salsa  y la presencia del ariete  son un imán  para la   gente del barrio que  se acerca, se toma fotos con él, lo abraza... Él responde las muestras de cariño con amplias sonrisas.   “Para vivir  este éxito tuve que esforzarme mucho. Fueron muchas horas de dedicación, de entrenamiento, de cansancio.  Me alegra haber podido llegar a jugar profesionalmente”, confiesa  Benítez, que luce  una apretada camiseta Adidas, pantalón pescador y elegantes  zapatos Lacoste blancos.

Su historia en el fútbol profesional comenzó esa tarde de enero de 1997, pero el gusto por el balompié  le vino adherido  en los genes por su padre,  la ‘Pantera’, el máximo goleador del fútbol ecuatoriano con 191 tantos.
  
Pese a tener el mismo don para jugar al fútbol, padre e hijo no estuvieron juntos en los primeros años de la vida de ‘Chucho’.
Tras su retiro del fútbol en 1990,  Ermen Benítez   se convirtió en un emigrante: se trasladó a vivir a Estados Unidos, en donde reforzaba equipos amateur ecuatorianos y posteriormente dirigió escuelas de fútbol en Nueva York y Nueva Jersey.

Sin el apoyo de su ex pareja, Rita tuvo que hacerse cargo sola   del pequeño Christian.   Ella era licenciada en Jurisprudencia y trabajaba como asistente en un consultorio jurídico. 
Hoy,  la familia de Benítez tiene casa propia en Santa Bárbara, pero cuando su madre llegó a Quito,  en 1985, rentó  un  cuartito, en la casa de la familia  Sidel-Tambo, en el mismo barrio.
 
Las papas y las naranjas de la cocina  de su madre fueron los  primeros balones del ‘Chucho’. Mientras Rita cocía los alimentos, el pequeño desbarataba los abarrotes anotando goles  imaginarios.  “Gol, gool de mi Pelé”, le gritaba orgullosa su madre.  

Desde Perugia, Italia, la progenitora del ‘crack’  recuerda esos momentos. “Verlo jugar tan feliz  me ayudaba a olvidarme de las  preocupaciones y de mis necesidades económicas”, dice la mujer a través del teléfono.

Las múltiples carencias obligaron a Rita a buscar  opciones para mantener a su hijo.  Una amiga  le habló de una posibilidad de cuidar ancianos en Perugia.  La madre del ‘crack’  no lo pensó mucho y emprendió el viaje al Viejo Continente.

Aquel enero de 1997, marcó la vida del ‘Chucho’; primero ingresó a El Nacional y después vio partir a su madre a Italia: “Mijo fue a despedirme al aeropuerto con mi mamá Dorcy. Le dije que trabajaría para darle una casa a él y a mi viejita”, rememora Betancourt, mientras su voz se entrecorta por el llanto.
Doña Dorcy López, una esmeraldeña vivaz y cariñosa,  quedó a cargo de su pequeño nieto. Los dos ocupaban el  cuarto rentado  a la familia Sidel–Tambo.  



Su vida
Christian  Benítez nació en Quito en 1986, pero fue llevado a los cuatro días de nacido a Esmeraldas. Ahí permaneció hasta los 7 años, cuando vino a la capital a vivir con su madre Rita Betancourt  en el barrio Santa Bárbara.

El delantero  llegó a El Nacional cuando tenía 11 años (foto izq.). En las siguientes dos fotografías,  Benítez bromea con miembros de la familia Sidel durante un cumpleaños y un viaje a  la localidad de Puerto Quito.

Ermen  Benítez (centro)  sostiene al pequeño Christian. La presencia de la ‘Pantera’ en la vida del delantero del Birmingham ha tenido altos y bajos: casi nunca estuvo con él en la infancia. Hoy padre e hijo se llevan bien.

Uno de sus primeros carnés  de cancha.  Christian Benítez, dirigido por el técnico Orlando  Narváez,  integró todas las divisiones inferiores del cuadro criollo, antes de su debut en la temporada de 2004.

Benítez    (en el centro de la fotografía) mostró desde sus primeros años sus condiciones para jugar. Era un delantero frágil, pero muy hábil con el esférico, recuerdan sus entrenadores de divisiones formativas.

Durante  su época de juvenil, Christian Benítez cosechó algunos premios como goleador de los torneos de AFNA. En esta fotografía aparece con Beatriz Tambo, esposa de Fabián Sidel y otra familiar.

Christian Benítez  se casó a los 18 años con Liseth Chalá, la hija menor del ex jugador de El Nacional, Cléver Chalá. La pareja está esperando el nacimiento de sus mellizos. Ellos pueden nacer en Inglaterra.Hoy, en su casa propia, la abuela confiesa que su ‘morito’,  como le dice a Benítez “es la luz de sus ojos”. “Estoy pendiente de él desde que nació y después cuando mi hija se fue a Italia. Él jamás se olvidó de mí. Dependo de su ayuda económica”.

La casa de doña Dorcy fue construida con las remesas que envió su hija. La sala es modesta, pero acogedora y las paredes   están repletas de fotos enmarcadas de Christian. También hay afiches  y 18 recortes de periódicos.

El nexo entre abuela y nieto se fortaleció con   la convivencia en el pequeño cuarto rentado a la familia Sidel-Tambo. Desde entonces, el ‘Chucho’ le dice ‘mami’, mientras a su progenitora la llama ‘tía’.

Fabián Sidel era el dueño de casa donde vivía Benítez.   Él conoció al ‘Chucho’  cuando era  muy pequeño y la química entre ellos surgió de inmediato.
Sidel   es el  jefe de Bodega del Hospital Baca Ortiz. De uno de los cajones de su escritorio saca    dos álbumes de fotos familiares.  Las postales recuerdan  la celebración de  cumpleaños, fiestas navideñas, paseos… En casi todas las fotos, aparece un delgado y risueño ‘Chucho’ poniendo  ‘cachos’ al resto de la familia.
 
“Nos unió el fútbol. Toda la vida hice  deporte y cuando Christian era pequeño y lo conocí,  vi que tenía condiciones para jugar. Él necesitaba mucho cariño y por ello lo incorporamos como un miembro de la familia”.

Benítez estaba en todas las fiestas de  su familia ‘postiza’ . Diego Sidel, hijo de Fabián, cuenta que  la familia también acompañaba al ‘Chucho’ a los partidos  en las divisiones formativas de El Nacional. “Además, mi papá le organizaba los cumpleaños y le llevaba siempre a jugar fútbol”, relata  el estudiante de Medicina.
Benítez  es un agradecido del apoyo de su mentor.  “El señor Sidel fue como un padre para mí. Él me enseñó valores como la constancia y el respeto”.

Precisamente, la constancia  ha sido una  de las principales características  de su vida.  Diariamente, el juvenil Benítez debía acudir a clases (estudió la primaria en la escuela Camilo Gallegos y la secundaria en los colegios Spellman y Abdón Calderón). En cambio, en  la tarde   se entrenaba  con los juveniles de El Nacional. “Muchas veces venía al entrenamiento cansado y con  hambre. Él come mucho y siempre le daba  dos refrigerios”, recuerda Orlando Narváez.

Su pasión por el fútbol  se impuso a los estudios. No terminó el  tercer curso en el Abdón Calderón. Jugar era la pasión de su vida:  además      de actuar en  El Nacional con rotundo éxito (fue goleador en todas las categorías), actuaba en ligas barriales.
 
Desde los 14 hasta los 17 años,  el hijo de la ‘Pantera’ paseó    su fútbol por  las   ligas barriales de Chillogallo, Guajaló, San Carlos, Edén…   según recuerda su abuela Dorcy. También jugó en un torneo interhospitalario representando al Baca Ortiz.Quedó campeón con el hospital de niños.
        
Corría febrero de 2004. Habían  pasado siete  años  desde que el tierno niño llegó al cuartel de El Pintado para aprender a jugar fútbol. Ahora el ‘Chucho’ tenía 18 años   y  en El Nacional era considerado  un diamante a punto de ser pulido.

Era el inicio de la temporada y él era uno de los talentos promovidos al equipo de Primera.    Fernando ‘Fiera’ Baldeón  recuerda que durante su formación en las juveniles, integró parte de un grupo de élite,  en el que también estaban Luis Antonio Valencia, Pedro Quiñónez, Christian Lara...“Era un jugador de  calidad. Lo cuidamos y lo enseñamos para que  rinda en el máximo nivel”.

Esa temporada debutó y  apenas actuó en cuatro partidos, pero la prensa deportiva ya empezaba a hablar del hijo de Ermen Benítez. Le decían  ‘Panterita’. La joven promesa marcó distancias: “Mi apodo es ‘Chucho’, díganme así”, pidió a los informadores.

El sobrenombre  que le gusta al ariete  del Birmingham  también alude a su padre, según cuenta Narváez. “A Ermen le decíamos Jesús o ‘Chucho’, aunque no se llamaba así”, comenta sonriente  el  técnico  de juveniles. “Cuando era más pequeño le empecé a decir así a Christian y le gustó”.
 
Por esa época,  Ermen Benítez decidió volver al Ecuador y buscó a su hijo. Conversaron y ahora su relación es buena, según confirman  los dos Benítez.
 
“En muy poco tiempo, Christian me ha llenado de satisfacciones por su gran calidad como futbolista. Con todo lo que ha hecho como jugador me ha superado”, dice la ‘Pantera’, quien ahora dirige una Escuela de Fútbol de El Nacional en Guayaquil.

La carrera de Benítez comenzaba a mostrar desarrollos notables. Era profesional desde 2004, pero fue en la definición del torneo Clausura 2005, donde mostró sus credenciales de goleador.  El 14 de diciembre de ese año  el ‘Chucho’  bailó a la zaga de Liga y anotó   dos goles para la victoria criolla (3-1). El triunfo fue clave para el título criollo.

En 2006 fue declarado   el Mejor Jugador del torneo. El Santos de Torreón lo  seguía de cerca. El camino hacia el firmamento de las estrellas estaba allanado... 

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