3 de abril de 2021 00:00

En el barrio San José de Monjas Bajo aprendieron a vivir con el riesgo

Desde la terraza de la casa de Rosa Tupiza se observan la autopista General Rumiñahui y la avenida Velasco Ibarra. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Desde la terraza de la casa de Rosa Tupiza se observan la autopista General Rumiñahui y la avenida Velasco Ibarra. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)

Las casas fueron construidas hace más de 40 años, cerca del talud de la autopista General Rumiñahui, en donde esta semana se produjeron deslizamientos de tierra por las intensas lluvias en la capital.

Forman parte del barrio San José de Monjas Bajo, un populoso sector ubicado sobre la ladera, en medio de árboles y matorrales, a pocos metros de torres de alta tensión.

El Gobierno de Pichincha declaró a esa vía en emergencia por 40 días, desde el 30 de marzo. El tramo Trébol-Intercambiador de la Simón Bolívar fue cerrado desde ayer, 2 de abril del 2021, a las 22:00, hasta las 05:00 del 5 de abril. En estos días se busca estabilizar el talud y evitar que la pendiente se venga abajo. El resto de días se trabajará desde las 10:00 hasta las 15:00.

Junto a dos casas, en la calle Línea Férrea, la maquinaria de esa entidad abrió un camino de tierra para que los obreros llevasen los materiales, limpiaran el lugar y cortaran los árboles que están a punto de caer.

Ni las lluvias ni los relámpagos frecuentes asustan a esta vecindad. Están, como dicen, acostumbrados. Hace tres semanas, en la propiedad de Rosa Tupiza la fuerza del agua rompió las gradas que conectaban su vivienda con el terreno en el que siembra plantas.

Antes, en esa cuadra había seis inmuebles, pero el Municipio desapropió a tres porque, debido al temporal, el alcantarillado colapsó y los destruyó.

La casa de Tupiza es de cemento, tiene tres departamentos y fue construida a inicios de 1970 por su padre, que es albañil. Cuenta que hace cinco años cayó un fuerte rayo que dañó los electrodomésticos.

Pese a los problemas, ella asegura que su propiedad es legal y solicita a la Alcaldía que les ayude con obras de alcantarillado. “Disfrutamos de la naturaleza, mi padre de 86 años sale a tomar aire puro”.

Fernando Escobar colocó plásticos sobre el deslizamiento de tierra que se produjo en la casa que cuida. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Fernando Escobar colocó plásticos sobre el deslizamiento de tierra que se produjo en la casa que cuida. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Bolívar Catota construyó su casa junto a la de Tupiza. Pidió a las autoridades que asfaltaran el tramo de la calle Línea Férrea ubicado frente a sus viviendas, el cual conduce a Luluncoto. Cuentan que allí funciona el Chaquiñán del Sur, pero no hay mantenimiento. Los vecinos ponen ripio para que los carros puedan pasar.

Con las lluvias de los últimos días, él teme que se produzcan más deslizamientos del talud.

Luego del primer derrumbe, técnicos del Municipio y del Gobierno de Pichincha sobrevolaron la zona con drones para monitorear las condiciones del terreno y verificar el estado de las cunetas de coronación.

Andrés Sandoval, coordinador de la autopista General Rumiñahui, explicó que las casas ubicadas junto al talud son seguras. Para César Díaz, secretario de Seguridad de la Alcaldía, es necesario evaluar la legalidad de los asentamientos situados cerca en donde se realizan las obras de mitigación.

Acotó que hasta el momento, en el Distrito existen 72 zonas proclives a deslizamientos de masas y 78, a inundaciones, las cuales son vigiladas de forma permanente por los técnicos de Gestión de Riesgos.

Entre tanto, otros vecinos de San José de Monjas Bajo también sufrieron afectaciones por deslizamientos en sus propiedades. La mañana del martes 30 de marzo, con una pala, María Robles retiraba la tierra que tapó el pozo de aguas servidas de su casa localizada en la calle Línea Férrea.

Cuando hay lluvia, ella teme que se produzca un deslave de gran magnitud, porque el agua baja de las zonas altas del vecindario “como si fuera un río”.
Por seguridad colocó un plástico sobre el talud de su casa para evitar que el agua filtre.

Lo mismo hizo Fernando Escobar, quien vive y cuida la casa de su hermana radicada en EE.UU.; asegura que desde hace 20 años el barrio comenzó a poblarse y la situación se complica con las precipitaciones.

Ahora, él espera que su hermana regrese a finales del 2021 para construir un muro, antes de que la lluvia afloje la tierra y haya una desgracia.

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