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Nora Oleas: 'Nos toca demostrar todo el tiempo que somos fuertes, que podemos'

La investigadora cree que las científicas sienten una suerte de invisibilización, que los criterios de sus colegas hombres se toman más en cuenta. Fotos: Diego Pallero / EL COMERCIO.

Desde siempre soñó con hacer ciencia e investigar. Por eso, superó las barreras culturales y sociales existentes para las mujeres y dedica su vida al estudio de las plantas. Pertenece al Grupo de Investigación de Productos Naturales y Farmacia que, entre otras cosas, analiza las propiedades de plantas andinas contra el alzhéimer.

¿Las científicas aún enfrentan barreras en este tiempo?

Definitivamente sí; la ciencia no está desarraigada de la sociedad. Entonces, las barreras que se encuentran dentro de la sociedad para las mujeres también se evidencian dentro de la ciencia. Aunque se quisiera decir que en estos ámbitos no hay restricciones en cuanto al hecho de ser mujer, todavía se perciben.

¿De qué tipo son esas barreras?

Aunque las cosas han ido cambiando, aún no se percibe que una carrera científica sea para una mujer. Entonces, no nos incentivan desde pequeñas a estudiar este tipo de carreras. Y si decidimos hacerlo, dentro de la carrera no necesariamente se percibe que las mujeres tienen las mismas condiciones que los hombres.

Cuando accedemos a los puestos de trabajo, una de las barreras que más se presenta es que los años más productivos, cuando uno está realizando ciencia, también son los años en los que uno planifica tener familia.

Y nuestros colegas hombres no tienen el estigma de que van a embarazarse, que no podrán rendir igual, porque tradicionalmente es la mujer la que dedica aquí y, prácticamente, en todas las sociedades la mayor parte del tiempo al cuidado del hogar.

Entonces, el hecho de que una mujer quiera dedicarse a la ciencia a veces significa (no me ha ocurrido, pero lo he visto) que le pregunten: “¿cuál es su plan de vida?”; algo que nunca harán con los hombres, pues se asume que tienen a alguien casa cuidando a los hijos. Y así se refleja lo que pasa en la sociedad en la ciencia; eso nos pasa a todas las mujeres en realidad.

Se licenció en Ciencias Biológicas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Tiene una Maestría y Doctorado en Biología en la Universidad Internacional de la Florida.

¿Tuvo que esforzarse más que sus compañeros hombres en la universidad?

Recuerdo que cuando nos ponían a realizar ejercicios matemáticos, ellos tenían bases que les permitían hacer las cosas más rápido. Y yo estudié una carrera que implica trabajo en campo (soy botánica) y a veces se tenía la noción de que nosotros no podíamos físicamente con lo que implica una carrera de campo. Entonces, eso también restringía las oportunidades que nos daban y, al final, siempre tuvimos que esforzarnos un poco más.

Y también demostrar más, porque tenemos que demostrar que somos fuertes, que podemos… Tenemos que demostrar todo el tiempo quiénes somos, mientras en los hombres se da por sentado que pueden.

¿Le hubiese sido más fácil estudiar y hacer ciencia en otro país?

Comparado con Ecuador sí habría sido más fácil porque la sociedad se refleja en las aulas. Entonces, es diferente el trato y yo que estudié en EE.UU. sé que la cultura es diferente. Y habría sido más fácil porque la diferencia en el análisis del currículum para hombres y para mujeres no he visto que ocurra allá. Y aunque ninguna sociedad es perfecta, hay mecanismos en otras sociedades que han ayudado a que las cosas sean un poco más fáciles para las mujeres.

Por ejemplo, en el momento de la contratación, como en EE.UU. hay también una diferencia grande en el número de investigadores hombres y mujeres, para tratar de equilibrar hay preferencia en contratarnos. Y eso yo no lo he visto en Ecuador; cuando he participado en concursos no se ha tomado en cuenta como un plus el hecho de ser mujer.

También hay otras cosas que se realizan allá; por ejemplo, cuando una docente tiene un hijo, le dan un tiempo más para postularse como profesor titular. Entonces, toman en cuenta que uno va a tener hijos y eso no le perjudica, sino que tienen mecanismos para tomar en cuenta este hecho y ayudar así a las mujeres. Y aquí en Ecuador tenemos el permiso de maternidad, que está en la ley, pero no nos reducen el número de horas, por citar un caso.

¿En la parte educativa se ha avanzado algo?

Creo que sí porque ha habido un cambio. Ahora la mayor parte de los colegios son mixtos. Entonces, estas diferencias entre hombres y mujeres sí han ido desapareciendo. Creo que ahora sí se tiene un acceso más igualitario a la educación.

¿Qué otras cosas podrían mejorar para que haya más equilibrio?

Sí, hay cosas que se pueden hacer, que podrían ayudar a que las mujeres estén más representadas en la ciencia. Una es la contratación, por ejemplo; no es lo mismo juzgar el currículum de un hombre que el de una mujer, definitivamente; por eso -reitero- en EE.UU. se da preferencia a la contratación de mujeres, porque ellos quieren que el sistema sea más equitativo.

Y si quieren tener una familia les dan un espacio en la carrera para poder desarrollar su programa. E incentivar a través de becas, de programas para que las mujeres se puedan reintegrar después de un período si es que han decidido, por ejemplo, criar a su hijo; incentivar con becas para que concluyan su formación o iniciar su parte profesional.

Como científica, ¿ha sentido discrimen a la hora de investigar, de publicar, quizás?

Me ha pasado que colegas no me tomen en cuenta para colaborar en artículos científicos y me han dicho que es porque pensaron que no me interesaba (cuando, obviamente, sí estaba interesada); es decir, sí pasan esas cosas. Además, como mujer una percibe un poco la invisibilización.

Cuando se está junto con autoridades, junto con los colegas, uno puede tener un criterio y expone una idea, y esta no es tomada en cuenta. Pero si la idea la expone un colega hombre, se le pone más atención. A veces toca luchar y eso es desgastante.

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