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La Bandera de Ecuador estuvo en una de las cimas del mundo

Redacción Deportes

Después de cinco jornadas extenuantes llegamos al campamento cuatro (4 300 msnm). El martes 9 descansamos para atacar la cima  ignorando otro campamento como hace la mayoría. Aquello nos representaría  un día muy largo entre 18 y 20 horas expuestos, sobre todo, al frío.

El miércoles 10, a las 04:00, suena el despertador y a las 06:10 estamos listos; oramos y nos deseamos suerte, mientras el termómetro marca 20° bajo cero.

Desde la cima
El próximo 3 de septiembre se cumplirá la segunda ascensión del proyecto Somos Ecuador, cuando los expedicionarios ecuatorianos viajen a los Alpes para coronar el monte Cervino, en Suiza (4 478 metros de altitud), y el Mont Blanc, entre Francia e Italia (4 810 m de altitud).
El equipo de escaladores lo integran Édison Oña, Diego Zurita,  Julio Mesías e Iván Vallejo.
Al llegar a la cima del McKinley, los tricolores se abrazaron y oraron nuevamente.Luego de dos horas llegamos a una imponente arista de 5 000 msnm. Mientras la temperatura desciende a 22 bajo cero nos acurrucamos en medio de unas rocas, tomamos bebida caliente, comemos galletas y seguimos.

A las 10:00 llegamos al campamento cinco (5200 m), el viento deja de soplar y mejora la temperatura. Sin embargo, al frente nuestro hay otra montaña más por encarar. Cruzamos en diagonal una gran ladera; queremos llegar al Paso Denali porque allí nos espera el sol.
Pero cuando lo cruzamos nos recibe un vendaval cuyos remolinos de nieve castigaban sin piedad; el sol no sirve de mucho, hace frío y no podemos escucharnos.

Con señas le digo a Diego que nos pongamos las chaquetas de pluma. Mientras me ubico el túnel de la manga, mi espalda queda empapada de cristales de nieve. Así, inclinados y castigados por el viento subimos por la ladera cubierta de nieve y de hielo. Era la segunda vez que el nevado nos ganaba el duelo.

A las 13:00 queda ante nosotros una nueva ladera. En ese momento ya no sabemos cuánto nos falta para alcanzar la cima.

A las 15:00 por fin llegamos al ‘Soccer Field ‘(campo de fútbol) por el gran espacio que hay allí. ¡Qué alivio!, deja de soplar el viento y descansamos a gusto.

Nos queda una última pendiente, pero el McKinley es un reto de sorpresas. Cuando se termina la ladera nos dimos cuenta que todavía no llegamos a la cumbre. Hay que recorrer una arista muy finita que a ratos cuelga al vacío con un viento que no da tregua.

Complicados por el viento, avanzamos por esa cuchilla de nieve jugándonos la vida en cada metro recorrido, incluso a gatas.

Por fin logramos ver el punto más alto del McKinley. Mis tres compañeros me animan para que yo pise primero la cima. Me niego y de la misma manera que les tomé las manos para rezar hace 10 horas les pedí que ahora nos las tomemos nuevamente para llegar a la cumbre.

Avanzamos despacito, cuidándonos del viento. A las 16:00, Édison Oña, Julio Mesías, Diego Zurita y quien relata esta aventura,  llegamos a la cima de la montaña más alta de América del Norte y una de las más frías del mundo, a 6 192 m con 25 grados bajo cero.
Dejo escapar de lágrimas cuando abrazo a cada compañero.

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