8 de noviembre de 2020 00:00

El aumento del microtráfico preocupa en los barrios de Quito

El Centro Histórico de Quito es la zona con más casos de microtráfico y con más aglomeraciones en la pandemia. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

El Centro Histórico de Quito es la zona con más casos de microtráfico y con más aglomeraciones en la pandemia. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Sara Ortiz
Redactora (I)

Ver y callar. Es la consigna entre los moradores de Chillogallo, barrio ubicado en el sur de Quito, donde las escenas sobre microtráfico de drogas son “cosa de no acabar”.

Las escenas se han vuelto recurrentes para los vecinos: riñas entre expendedores, jóvenes con pipas hechas de manzanas que ingresan a la quebrada y, en los últimos meses, microtraficantes de estas sustancias escondidos detrás de vendedores informales en calles.

“Hay gente que se gana el pan honestamente, hay otros que se aprovechan de eso para pasarse drogas”, relata un morador, quien ha visto el ademán del cruce de manos (intercambio de dinero por ‘mercancía’) en aglomeraciones, así como el ocultamiento de fundas con marihuana cerca de los puestos de verduras y frutas.

Las observaciones concuerdan con las cifras sobre microtráfico. Según la Dirección de Antinarcóticos, el decomiso de sustancias ilícitas para el consumo interno aumentó en la pandemia. Del 1 de enero al 31 de octubre, se han incautado de 582 kilogramos. En el mismo período del año pasado fueron 312 kg.

“La venta de droga a menor escala es un fenómeno social y se vincula a factores sociales”, señala José Luis Erazo, director de la Unidad Contra el Tráfico Para el Consumo Interno de la Policía. Entre esos factores, el desempleo y la inseguridad inciden y explican el aumento de este delito. “Hay personas sin trabajo que se están incorporando al tráfico de drogas, incluso familias”.

Uno de los casos de venta de drogas, camuflada entre comerciantes informales, sucedió el pasado 17 de octubre en el barrio La Libertad, en el Centro Histórico. La cámara de seguridad de una panadería grabó el suceso, a las 10:07.

En las imágenes se observa cómo dos personas, con gorra y mascarilla, se estrechan la mano. Una persona que vende caramelos y cigarrillos saca una funda y se la entrega a la otra. Esta huele la sustancia y con el dedo meñique prueba un polvo blanquecino.

Según el mapa de Antinarcóticos, el Centro Histórico es la parroquia con más casos de microtráfico detectados: 121 aprehensiones hasta el 31 de octubre. También, según el Servicio ECU 911, el 81% de las 17 315 aglomeraciones registradas en Quito durante la pandemia se dieron en ese sector.

El segundo barrio con más casos de droga es el Comité del Pueblo, en el norte, donde se han contabilizado aglomeraciones con 300 comerciantes informales, según el ECU 911.

César Díaz, secretario de Seguridad del Municipio de Quito, dice que la lucha contra el microtráfico es una competencia de la Policía Nacional, pero sostiene que los agentes civiles municipales hacen “labores de respaldo” en estos casos.

Entre estas acciones, la Secretaría usa 600 cámaras de vigilancia instaladas en parques, mercados y zonas comerciales para verificar que no se cometan delitos como microtráfico.

“Cuando se ve que hay un tema de drogas se coordina con la Policía para que actúen de inmediato”, asegura Díaz.

Para los residentes de los barrios afectados por este fenómeno, la inseguridad es su mayor preocupación. Juan Carlos Vivanco, presidente del barrio San Bartolo Alto, habla de una problemática que ocurre tanto en la noche como en el día. “La gente de otros barrios viene en taxi, se acercan, se cruzan las manos y se van”.

Ana María Vargas, presidenta de Chillogallo, enfatiza que los moradores no pueden encargarse. “Aquí hay bandas y no podemos enfrentarlas. Solo nos queda pedir apoyo de las autoridades, más patrullaje”.

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