4 de octubre de 2018 08:19

Se acaba el tiempo para los atrapados bajo el barro tras terremoto en Indonesia

Vista aérea muestra a miembros del equipo de rescate mientras trabajan en el área devastada de Balaroa tras el terremoto y posterior tsunami en Palu (Indonesia) hoy, 4 de octubre de 2018. Foto: EFE

Vista aérea muestra a miembros del equipo de rescate mientras trabajan en el área devastada de Balaroa tras el terremoto y posterior tsunami en Palu (Indonesia) hoy, 4 de octubre de 2018. Foto: EFE

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Agencia EFE

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El tiempo se acaba para cientos de víctimas del terremoto y tsunami que golpearon el pasado viernes, 28 de septiembre del 2018, la isla indonesia de Célebes, al cumplirse mañana, 5 de octubre, el plazo dado por las autoridades para encontrar con vida a personas bajo los escombros y el barro.

En el barrio de Balaroa en Palu, una de las zonas urbanas más afectadas por el desastre que ha causado la muerte de al menos 1.424 personas y más de 2.500 heridos graves, la desolación es total entre las casas que se apilan unas encima de otras formando una masa de barro, chapa y cemento.

Una mujer llega al lugar todavía con visibles heridas por el terremoto y al entrar en la zona de la devastación comienza a llorar y a implorar a Dios, mientras se pueden ver tres de las mezquitas del barrio totalmente destruidas.

Momento cuando pescadores saltan al mar momentos antes de que el tsunami golpee un puerto en Indonesia:


Más de un millar de residentes, la mitad de la población de Balaroa, quedaron sepultadas, según estimaciones de la ONG Aksi Cepat Tanggap (ACT), dedicada a la respuesta de desastres, y otras organizaciones en el terreno.

"Hay casas unas encima de las otras y los cuerpos en el fondo", dijo a Efe Ali Akbar, uno de los miembros de ACT en Palu, la capital provincial en el norte de la isla.

Desde primera hora de la mañana unos pocos familiares, vecinos, soldados y voluntarios buscan entre la destrucción en esta barriada que fue quemada además por un incendio que se inició tras el seísmo.

La desesperación trasciende en la conversación entre dos voluntarios en la que uno de ellos le echa en cara al otro la lentitud a la hora de retirar los escombros.

Akbar cuenta que disponen de poca maquinaria pesada y que los operarios de las pocas grúas sobre el terreno tienen miedo de dañar los cuerpos que despiden un penetrante olor.

"Si en 2 o 3 días el Gobierno no interviene será más difícil recuperar (los cuerpos) e igual no quedará otra que convertirlo en una fosa común", indica el activista.

El portavoz de la agencia de gestión de desastres, Sutopo Purwo Nugroho, advirtió este miércoles a los medios locales de que el viernes concluye el periodo en el que esperan encontrar personas sepultadas con vida.
De momento, el número oficial de desaparecidos asciende a 113 personas, pero los equipos de rescate en el terreno aseguran que el número puede superar los 1 000.

Entre la desolación por la perdida de vidas humanas, el Gobierno y las ONG intentan mantener un mínimo de asistencia a los más de 70.000 desplazados, sobre todo en las zonas que permanecieron más tiempo incomunicadas, como Donggala, donde todavía necesitan comida, alimentos y gasolina.

El portavoz de la Policía Nacional, Dedi Prasetyo, anunció en rueda de prensa en Palu que 92 personas han sido detenidas, 42 de ellas hoy, desde que ocurrió el desastre, mientras que el Ejército vigila comercios, cajeros automáticos, gasolineras y el aeropuerto.

En algunos distritos de la Palu, donde viven más de 350.000 personas, comenzó a restablecerse el suministro eléctrico y camiones cisterna con gasolina y agua potable llegan diariamente a la urbe, donde cada vez abren más comercios.

En Petobo, una aldea rural situada unos siete kilómetros al sureste de Palu, decenas de casas han quedado enterradas bajo el barro tras una de las avalanchas que siguió al terremoto.

La portavoz de la Federación Internacional de la Cruz Roja en Palu, Iris Van Deinse, dijo hoy a Efe que entre 500 y 700 personas vivían en el pueblo que prácticamente ha desaparecido.

Más al sur, en el distrito de Sigi Biromaru, equipos de rescate indonesios y de ONG intentan recuperar los cadáveres de decenas de niños que quedaron atrapados bajo otro alud mientras participaban en un campamento de estudio de la Biblia.

El martes, la Cruz Roja confirmó la muerte de 34 niños, de entre 13 y 15 años, en el campamento, del que 86 jóvenes continúan desaparecidos.

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