25 de agosto de 2019 00:00

Los aspirantes a guías penitenciarios irán al detector de mentiras

En el Colegio Consejo Provincial (Quito), los aspirantes rindieron pruebas psicológicas. Galo Paguay/ EL COMERCIO

En el Colegio Consejo Provincial (Quito), los aspirantes rindieron pruebas psicológicas. Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Redacción Seguridad
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El detector de mentiras se aplicará en la última fase de la selección. Únicamente aquellos aspirantes a guías penitenciarios que superen las pruebas psicológicas, médicas, físicas y la fase de entrevista personal serán sometidos a ese filtro.

La idea del Servicio de Rehabilitación es que los 500 nuevos celadores que operen en las cárceles no se vean involucrados en ilícitos, como el ingreso de drogas o armas para presos.

En el detector de mentiras o polígrafo, los aspirantes deberán responder preguntas como estas: ¿Ha consumido drogas? ¿Ha participado en hechos delictivos? ¿Ha cometido abusos contra los DD.HH.?

Las universidades Militar Nueva Granada de Colombia, de Stanford, Temple, British Columbia, Utah o el Departamento de Defensa de Estados Unidos han ejecutado estudios relacionados con la eficiencia del polígrafo. Las conclusiones arrojan una exactitud de entre el 92,4 y el 96%.

Rehabilitación recopila información sobre el personal involucrado en actividades ilegales. El último dato de febrero pasado señala que 50 personas, entre celadores, policías y funcionarios públicos han sido detenidos desde el 2017.

El pasado 25 de julio, seis guías capturados en la cárcel de Ambato fueron procesados por el presunto delito de asociación ilícita. Según las indagaciones, el grupo formaba parte de una organización delictiva que ofertaba autos desde el centro penitenciario y tenía nexos con los presos.

Antes del examen, los postulantes debieron presentar su cédula y papeleta de votación. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Antes del examen, los postulantes debieron presentar su cédula y papeleta de votación. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

El viernes 23 de agosto, este Diario conoció cómo hace tres semanas una mujer que custodiaba a los internos fue detenida por asociación ilícita. Un juez la procesó porque supuestamente ingresaba droga a la cárcel de Cotopaxi. El caso todavía se encuentra en investigación.

La prueba del polígrafo se complementará con un examen toxicológico, que comprobará si hay rastros de narcóticos en la sangre. Además, se medirá el nivel de alcohol.

El patrimonio también entrará en investigación. Los aspirantes están obligados a presentar una declaración juramentada de sus bienes.
Todo el proceso terminará a finales de septiembre.

El viernes culminó la etapa psicológica. La idea de esas evaluaciones fue establecer los rasgos de personalidad y la estabilidad emocional.

“No queremos que ingrese personal con traumas psicológicos, que luego genere violencia en contra de los presos”, dice el director de Rehabilitación, Edmundo Moncayo.

Un informe que la Defensoría de Pueblo emitió este 2019 reveló que uno de los problemas detectados en las cárceles son los malos tratos de los agentes hacia los internos.

La prueba psicológica duró dos horas y estuvo a cargo de elementos de la Policía.

Para este examen, los 2 784 aspirantes fueron convocados a planteles educativos de Quito, Guayaquil y Latacunga.

En el caso de la capital, los chicos, de entre 18 y 25 años, fueron llamados al Colegio Consejo Provincial, en el sur.

Unos viajaron de Ibarra, otros de Tulcán. También hubo jóvenes de zonas cercanas a Quito. José Massa viajó cinco horas desde Guaranda.

Edison Córdova es de Píntag, una zona periférica de la capital. Por eso se quedó la noche en la casa de una tía, en el sur.

Llegaron hombres y mujeres. Paola Contreras tiene 24 años. Cuando supo que se abrirían vacantes para agentes, se inscribió en una escuela de formación en seguridad.

Ellos saben de la crisis por la que atraviesa actualmente el sistema carcelario. El 23 de julio pasado, tres agentes penitenciarios fueron retenidos por los presos de la cárcel de Cotopaxi, que pedían atención.

El 5 de agosto, una guía fue baleada en los exteriores de la cárcel de Guayaquil.

El personal que actualmente labora dice que la situación es difícil. Desde inicios de este mes, el Servicio de Rehabilitación comenzó a distribuir chalecos antibalas y 127 pistolas eléctricas. Ese es el equipamiento que los custodios exigían para actuar ante la violencia en las penitenciarías.

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