15 de mayo de 2020 10:10

Dos familias fueron maniatadas en asalto a una vivienda en Cumbayá, durante el toque de queda en Quito

Imagen referencial. El robo en una vivienda ubicada en Cumbayá ocurrió el 7 de mayo del 2020, desde las 03:00. Foto: archivo / EL COMERCIO

Imagen referencial. El asalto a una vivienda en Cumbayá ocurrió a las 03:00 del jueves 7 de mayo del 2020. En Quito se han reportado robos violentos a casas. Foto: archivo / EL COMERCIO

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Redacción El Comercio
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El asalto se produjo cuando regía el toque de queda en Ecuador. Tres personas irrumpieron en una vivienda en una zona residencial de Cumbayá, valle del oriente de Quito, y sosprendieron a dos familias, las maniataron, golpearon, amedrentaron y robaron.

El relato de lo sucedido circuló el jueves 14 de mayo del 2020 por redes sociales. El hecho se registró el 7 de mayo. Las víctimas contaron que dos hombres y una mujer que bordean los 30 años tenían en sus manos destornilladores y cuchillos. Ingresaron al inmueble a las 03:00, cuando en Quito regía el toque de queda (de 14:00 a 05:00) por la emergencia sanitaria del covid-19. Los encapuchados forzaron cerraduras.

La Policía abrió un expediente. El comandante del Distrito Metropolitano de Quito, general Fausto Salinas, informa que entre el 1 y el 13 de mayo se han registrado ocho robos a domicilios en la ciudad, tres de ellos fueron asaltos violentos en viviendas.

La Policía recuerda a la ciudadanía que puede llamar al ECU-911 para solicitar auxilio inmediato y que también están habilitados los chats comunitarios para que acudan los agentes en los barrios.

A continuación, parte del relato de una de las víctimas del asalto a una vivienda en Cumbayá, donde fueron agredidos los integrantes de dos familias: una madre con sus dos hijos, propietarios de la casa, y una nana con cuatro miembros de su familia, entre ellos un bebé.


“Escuché unas patadas súper fuertes en mi puerta (siempre duermo con seguro en la puerta). Yo creí que era mi hermano enojado por cualquier cosa. Para mi sorpresa la puerta fue forzada y entra un completo desconocido con el arma blanca (destornillador). Me dice algo como ‘matamos a tu mamá si no te mueves’. Me empezó a jalar hacia la habitación de mi madre y me botó al piso. Para mi sorpresa, mi hermano ya estaba botado ahí también.

Mi madre se negaba a salir de su cama, así que la mantuvieron retenida ahí. Yo pensaba ¿dónde está mi nana? ¿Estará llamando a la Policía? Pues no. Ella subió porque escuchó ruidos y se encuentra con uno de los intrusos. El mismo le dice ‘no grites o te mato’. Luego encontraron a la familia de mi nana y los trajeron a la habitación de mi madre a retenerlos de rehenes junto a nosotros.

Después de tenernos a todos en custodia, agarraron telas y corbatas del armario de mi madre y nos amarraron para inmovilizarnos... Nos pateaban constantemente, nos decían que no les regresemos a ver.

A mi mamá le pegaron en la cara repetidas veces; cobardes. Uno nos vigilaba mientras el resto saqueaba la casa.

Dejamos de escuchar ruido, parecía que se habían marchado. Mi mamá no se dejó amarrar así que simplemente se paró y se acercó a la puerta
(de la habitación) y la cerró con seguro. Aún estaban en la casa y escucharon eso. Yo ni bien escuché a mi mamá pararse, zafé mi atadura y fui corriendo directo hacía ella.

Ella estaba forcejeando con uno de los intrusos, yo con toda mi fuerza cerré la puerta, aplastándole el brazo, lo habíamos logrado. Estábamos encerrados, así que proseguimos a liberar al mi nana y al resto. Yo aguantaba la puerta junto a mi hermano mientras el resto se liberaba. Al ver que tomamos el control de la habitación, los intrusos se escaparon con todas las pertenencias más caras.

Llámanos a una tía que vive en el conjunto desde un teléfono local de la casa, ya que se habían cogido los celulares. Mi tía activó la alarma de su casa y todo el vecindario se despertó; sin embargo, ya era tarde. Habían escapado.

Nunca nos hubiésemos imaginado que nos pasaría una desgracia tan grande. Los tres intrusos eran dos hombres a mediado de sus treintas, uno era claramente
(extranjero) por su forma de hablar. Llegó la Policía y ya nos tranquilizamos.

El terror que sentí es indescriptible, pensé que nos iban a asesinar para no dejar testigos. Espero que los agentes los encuentren y que paguen duramente por lo que han hecho. No puedo estar más feliz de estar vivo”.

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