6 de September de 2009 00:00

Armando Égüez, 25 años de vida en una colección de llaveros

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Redacción Siete Días

Las paredes blancas del dormitorio de Armando Égüez   son el espacio preciso para mostrar el orgullo de este quiteño de 59 años. De un lado, resalta un diploma de Peregrino de Jerusalén. Y al frente, dos grandes vitrinas de madera  guardan en su interior los 350 llaveros que este ambicioso coleccionista posee.

Esta afición de Égüez  no tiene límites. Además de los llaveros, series de   autos clásicos a escala y recuerdos  de  la Liga de Quito, el equipo de sus amores, adornan su casa  en Cumbayá.

Las distintas formas de los llaveros fueron lo que llamaron su atención en un principio, hace más de 25 años. Égüez comenta que en su casa hay muchas llaves, que las maneja su esposa, quien de vez en cuando le solicita a su marido que le dé alguno de sus llaveros para guardarlas, a lo que Égüez se niega rotundamente.
 
“Estos llaveros no son para poner llavecitas, son parte de mi colección para mostrar”. Aunque cuando ha tenido uno repetido se lo ha dado a su mujer, sin vacilar.

La colección la ha ido conformando con los regalos de sus parientes, sobre todo sus hijos, quienes le han ayudado a incrementar su colección. Pero esta se ha completado con los llaveros que él  ha adquirido en sus viajes, como  una suerte de registro de su largo recorrido por diversos lugares.

Los nombres de Bariloche, Miami, Nueva York, Chile, Perú,  México, Colombia y Costa Rica se suman a los destinos nacionales de los pueblos que ha recorrido en el país. Los llaveros han suplantado a las postales en su pared. “Lo primero que hago cuando llego a un país es comprar un llavero. Eso me recuerda que por lo menos pisé la tierra de un país extranjero, así sea solo su aeropuerto”.

La caja donde los guardaba hace algunos años le quedó pequeña. Se  puso muy feliz el día que su esposa le sorprendió al mostrarle que había construido dos vitrinas de madera para poder almacenarlos. “En poco tiempo ya tendré que construir una tercera”, asegura optimista este coleccionista.

Cada vez que lo visitan en  su casa sus familiares o amigos, él muestra, sacando pecho,  su colección y los invita  a contribuir. Si en algunas casas  los invitados descubren el pasado de los anfitriones a través de los álbumes de fotos, en la casa de Égüez esa labor está asignada para los llaveros.
 
No son solo sus viajes, sino los encuentros con amigos, las conversaciones con sus hijos, sus trabajos anteriores. Cada vez que Égüez mira uno de sus llaveros, las anécdotas despiertan en su mente. El llavero que más recuerda y aprecia fue uno de los primeros que obtuvo. Es uno que se hizo en la Contraloría, donde Égüez trabajó por muchos años.

Su nieto ha sido el encargado de actualizar esta colección con llaveros más modernos como celulares, guitarras eléctricas o de la película de ‘Los increíbles’. Estas se suman a  pequeñas botellas, monturas o sombreros que suman los 350 llaveros que relatan un cuarto de siglo en su vida.

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