20 de September de 2009 00:00

Antología de la cerveza en Quito

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Siete Días

En la vitrina de un gran supermercado o en la tienda del barrio, al llegar  de la oficina o después de jugar fútbol, la cerveza   aplaca la sed y  divierte. 

Ya sea sentados en   un bar de La Mariscal o  sobre una jaba, los amigos circulan las ‘bielas’ o las  ‘chelas’ bien frías.
 
En el país, una amplia oferta se esconde tras la competencia comercial que se  mantiene entre    Pílsener y  Brahma. Dentro de esa oferta, el Beertropolis, bar recientemente inaugurado en Quito  por Sebastián Sagasti y Gino Palau,  incluye cervezas de varios lugares: Erdinger, Franziskaner, Lowenbrau, Holsten  y  Spaten Oktoberfestbier (Alemania); Corona, Sol y  Tecate (México); Budweiser, Samuel Adams y Old Milwaukee (EE.UU.);  Heineken, Amsterdam y  Grolsh (Holanda); Costeña, Águila y  Poker (Colombia). De Irlanda está la Guiness, de Perú  la Cusqueña, de Japón  la Saporo y de Argentina,  Quilmes.

La Casa de la Cerveza, también en la capital, ofrece una variedad similar que también incluye cervezas con sabores a frutas. Después de explicar los inicios de la cerveza en los monasterios franciscanos de Europa, Diego Montenegro, propietario del local, dice que la cerveza es un buen negocio:

“Ganas hasta un 300% de utilidad y no tiene mucha ciencia”. Y aunque considera que Quito no es una sociedad cervecera, ya que  por cuestiones sociales y climáticas es una ciudad que prefiere el trago fuerte, la cerveza   gana territorio.
 
Una prueba de ello es el crecimiento del grupo de  Cerveceros Artesanales del Ecuador; ahora son 150 miembros de Quito, Guayaquil, Cuenca, Ambato, Riobamba... En su hogar, uno de ellos, Fabián Gorostiaga, prepara y modifica a su gusto la cerveza. Él llegó de Buenos Aires hace 11 años y hace tres se asoció con otras personas interesadas. Hoy, ellos  dictan talleres donde enseñan cómo usar instrumentos caseros para elaborar la bebida.

“La ventaja ante el producto industrial - dice Gorostiaga - radica en la diferencia de sabores, colores y grados alcohólicos que se le pueden dar a una cerveza”. También explica que, para elaborar  este producto artesanal, hay que importar la mayoría de ingredientes (cebada, malta, lúpulo, levadura). La excepción son el agua y la avena. “El proceso es fácil pero requiere paciencia”.  

Además de las marcas y  los tipos, la diversidad se refleja en las formas de servir esta bebida alcohólica de moderación.

En Beertropolis, la cerveza corre mediante tubos hasta tres dispensadores   en la mesa del cliente. Cada uno ofrece una diferente: Pílsener, Hefeweizent roja y Stout negra. El bar maneja un concepto ‘after office’,  para el ejecutivo que busca relajarse. Su comida  (hamburguesas, costillas, postres...) también se prepara a base de cerveza.

Otras formas populares de servirse  esta bebida amarga y refrescante  son las jarras o las jirafas (envases de cinco litros). Opciones que suman creatividad a las ventajas que tiene la cerveza.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)