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Andy Camionero, Chocolate y Grafita sobrevivieron al abandono

Chocolate unió a una comunidad, que realiza bingos, rifas y venta de comida para recaudar fondos. María Lorena Pin lo cuida en su hogar. Fotos: Juan Carlos Holguín / EL COMERCIO.

La venta de hornado fue un éxito. Los platos costaban USD 2 y se agotaron. Y aunque no se completó el dinero que falta para el tratamiento de Chocolate, están más cerca del objetivo: sanar por completo al perrito de pelaje café y dulces ojos miel, cuyo bienestar ha unido a una comunidad.

Chocolate tiene cinco años, según la doctora Ginger Mora, quien le brinda el tratamiento. Es considerado un fundador de la ciudadela Residencias del Fortín, atrás del centro comercial Mall El Fortín, en el noreste de Guayaquil. El perrito acompañaba a los trabajadores durante la construcción del lugar.

Y uno se lo llevó cuando se mudaron los primeros moradores. Poco después, esta persona lo regresó, pero enfermo. Estaba desnutrido, con gusaneras y tenía cáncer en los genitales. Por eso, vecinos se unieron para rescatar a Chocolate, quien se había vuelto parte del paisaje en la ciudadela ya que acompañaba a los guardias en sus rondas.

En marzo de 2022 realizaron un bingo y, con lo recaudado, lo mandaron a esterilizar e iniciaron el tratamiento. “El perrito un poco más y se moría. Cuando lo hospitalizamos estaba muy malito, ya no quería ni caminar, se arrastraba, no tenía fuerzas”, comenta María Lorena Pin, quien está al frente de la lucha para salvar a Chocolate.

Crearon en redes sociales el perfil Salvemos a Chocolate, donde publican la evolución del perrito y las actividades para recoger fondos. Hoy, Chocolate ha ganado peso, es un perrito feliz y sigue con sus tratamientos.

“Esperamos hallarle un hogar definitivo, que alguien lo adopte y le dé todo el amor que se merece. Es un perrito noble y cariñoso, que ha sido muy golpeado por la vida y merece ser feliz”, puntualizó María. Quien desee colaborar con el tratamiento del perrito, puede comunicarse con el 099 707 3979.

Grafita perdió una pata pero no sus ansias de vivir

Estaba tirada en una alcantarilla en Urdesa, norte de Guayaquil. Tenía la pata izquierda podrida y casi desprendida, su cola pelada. Ella solo aguardaba la muerte. Un trabajador de una empresa del sector la vio y se apiadó de ella. Se la llevó a su casa e inició la odisea para salvar a Grafita, la gatita.

Grafita esperaba la muerte en la vía pública, hasta que alguien la salvó. Hoy es la engreída de Cineli Rosales. Le falta una pata pero le sobran las ganas de vivir.

Esto fue en 2018. Hoy Grafita es feliz con una familia que la ama, después de luchar por su vida. El hombre que la rescató la llevó al Refugio Fauna Urbana Callejera (RFUC), en Durán. Aquí fue acogida. “La operaron de la patita, pero los médicos tuvieron que amputarla. Fueron momentos duros, pero hoy que la vemos sana, sentimos que todo valió la pena”.

Así lo afirma Cineli Rosales, directora de RFUC, cuyos hijos se encariñaron tanto con Grafita que decidieron adoptarla. Y ahora es una de las engreídas de la casa. La gatita retoza por su hogar, corre y escala con sus tres patas. La falta de una extremidad no ha mermado su vitalidad y no la limita para jugar con su familia. De aquella gatita moribunda y triste, solo queda el recuerdo lejano.

Andy Camionero agonizaba en la calle. Hoy vive feliz

A través de las redes sociales pedían ayuda para rescatar a un perrito que llevaba seis días tirado en la calle, en el sector del Guasmo, sur de Guayaquil. Había sido atropellado y agonizaba ante la mirada de quienes circulaban por el punto pero no lo ayudaban.

Andy Camionero llegó a un hogar temporal, donde se enamoraron de él y finalmente decidieron adoptarlo. Hoy vive feliz con su nueva familia. Foto: Cortesía.

Katiusca Delgado recibió el reporte y de inmediato se desplazó hasta el lugar. Ella es la presidenta de la fundación Refugio PANA, que ha rescatado cientos de animales. Y no pudo negarse a ayudar a Andy Camionero, como lo bautizó debido a que por el sector circulan vehículos pesados todo el día.

El rescate fue en agosto de 2021. “Andy estaba muy flaco, con gusaneras en su boca y por eso no comía. Lo llevamos al veterinario y comenzó un tratamiento para curarlo”, relató Kat, como es conocida la rescatista. Durante los meses siguientes Andy recibió medicamentos y cuidados en el refugio de PANA, donde al principio se temía por su vida debido a su debilidad.

Poco a poco el perrito mejoró y llegó a un hogar temporal, donde pudo sentir el amor de una familia mientras encontraba alguien que lo adoptara. Pero esta familia temporal se encariñó tanto con él, que finalmente decidió adoptarlo. Así Andy Camionero vive hoy lleno de cariño, lejos de la calle y del abandono.


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