20 de June de 2009 00:00

El amor a papá es el mejor regalo que darán los niños

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Redacción Sociedad

En la oficina, trabajando todo el tiempo. Así, 20 de los 30 niños de décimo de básica del Colegio Alvernia, ubicado en el norte de Quito, se imaginan a sus papás.  
Mañana se celebra el Día del Padre y anteayer los chicos no quisieron perder la oportunidad de festejarlos. Por ello aprovecharon el aula de clase y les hicieron una colorida tarjeta. “Qué los padres les presten más atención”, “que jueguen con ellos”, y que “trabajen menos”, fueron una constante en los diseños que elaboraron.     

Paola Paguay, de 12 años, se imaginó a su papá Juan Carlos trabajando en la Mecánica JC. Arranca una hoja de su cuaderno de gramática y lo dibuja arreglando un carro. Abajo, ella se pinta con un vestido azul con flores verdes.

Está triste: “No puedo jugar con él, siempre trabaja”, escribe en el dibujo. La imagen que se hace Paguay sobre su padre no es aislada. Charles Casantuña, de 12 años, señala que su padre  no le dedica atención por el exceso de trabajo. “Casi nunca lo veo, siempre está cansado, no nos quiere llevar a ningún lado”.

Si bien algunos de los  chicos, como Joselyn Ortiz, de 12 años, pintan a su papá junto a ellos con los brazos abiertos, sonriente, con una barriga que sale por entre la camisa, jugando fútbol, hay otros que lo retratan   lejos de ellos. Este es el caso de Joselyn Brasil, de 13 años, que dibuja a su papá mirando televisión.

A un lado de su pintura pone una leyenda: “Mi papi, como siempre, enojado”. Por eso, la pequeña enfatiza: “Me llevo mejor con mi mami, porque a ella la veo más tiempo”. Esto, según Patricia Albuja, psicóloga clínica y educativa, se produce porque el niño mantiene  un nexo con quien más comparte.

En el Colegio Alvernia, en donde Albuja es orientadora vocacional, observa que un 60% de los chicos se relaciona mejor con su mamá que con su padre, “porque ella lo escucha, se da tiempo para compartir y comprenderlo”. 

Aníbal Tejada es padre de familia. Pese a que tiene un negocio propio es consciente de que no le dedica mucho tiempo a sus hijos. Cristian, de 5 años, dice que le “gustaría jugar fútbol con él”. Tejada  lo abraza: “El domingo, lo hacemos, campeón”, le dice, mientras le explica que “si no tuviera el trabajito, cómo pudiéramos comer ni comprarte la ropita”.  

Para Albuja, conversar y jugar con los hijos es el mejor regalo que un padre puede hacer. Si bien, por su papel de proveedores, muchas veces los padres descuidan o delegan la atención y cuidado de sus hijos a sus madres, deben organizar mejor su tiempo para compartir con ellos. “Bastan cinco minutos al día”, dice la especialista. Actividades como caminatas, salir al parque, ver una película refuerzan los nexos familiares.

Juan Carlos Merino trabaja. Pero todos los días, a las 13:00, se da un tiempo para retirar a su pequeña hija Dennise de la escuela. El jueves, la pequeña lo recibió con un regalo: un portapapeles hecho de cartón y espuma flex. “Mi papi es bueno, porque jugamos siempre fútbol y a las cogidas”, cuenta la niña, mientras le da un abrazo. Merino dedica un espacio para su hija, “en la tarde nos reunimos en familia y vemos películas”.

Pero su compañera, Adriana Báez, de 8 años, si bien describe a su papá como “el ser más bueno del mundo”, no lo ve siempre, “trabaja de lunes a viernes, los fines de semana pasa con nosotros, pero el lunes se va, lo extraño mucho...”.  

Soraya Plaza, asesora académica de la Unidad Educativa  Santo Domingo de Guzmán, explica que en un 50%, los hijos se relacionan más con su madre que con su padre. Esto sucede “porque los papás buscan la economía familiar y no comparten con el niño”.

Plaza manifiesta que el cariño, muchas veces, está mal entendido y se lo compara con alcahuetería y sobreprotección. A veces se escudan en el trabajo, “basta que dediquen 15 minutos al día y el niño sentirá el amor y el cariño”. Eso intenta Rafael Quintana a diario. Trabaja en un empresa de diseño gráfico muy cerca a la escuela de su hija. 

A las 13:00, la hora que sale a comer, la visita. Le compra un pastelito y yogur y la sube al bus escolar. La niña se despide: “Dile a tu jefe que  no te explote, que yo existo”.

Punto de Vista. Napoleón Vásquez/ Psicólogo educativo

‘No nos han enseñado a ser padres’

Hay algo que inconscientemente el padre no da a su hijo: experiencia y madurez. No nos han enseñado a ser padres. Es importante reconocer que el tiempo ha evolucionado y tambié la tecnología, lastimosamente el padre se dedica en exceso  al trabajo y se olvida de su familia.

En 2009, desde enero hasta este mes, hemos evaluado a 400 niños y jóvenes, de ellos un 85%  se queja de que sus papás no tienen tiempo para verlos. Hay que entender que el sistema catalogó al padre como proveedor económico, en ese sentido se justifica el hecho de que trabaje todo el tiempo. Pero no es todo.
Hay una falencia.

En el  Día del Padre, no solo cuenta el regalo, la fiesta, el papá debe comprometerse a dedicar más tiempo a la formación de su hijo y su familia. No está en el hecho de decirle que está bien o mal, sino conversar con él, entenderlo. Así no solo aporta al capital económico, sino que fortalece el capital humano.

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