23 de agosto de 2020 12:40

América Latina para Trump: migración, socialismo y peligro chino

Donald Trump anunciará su candidatura en la convención demócrata, tras la presentación de su rival, Joe Biden. Foto: Reuters

Donald Trump presentará su candidatura en la convención republicana, tras la nominación de su rival demócrata, Joe Biden. Foto: Reuters

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Santiago Estrella
Red. Mundo (I)

Estados Unidos entra de lleno en la campaña electoral. La semana pasada terminó la Convención Nacional Demócrata, con Joe Biden como su candidato a la Presidencia. Desde el lunes 24 de agosto, comenzará la Republicana, en la que Donald Trump será postulado para un segundo período en la Casa Blanca.

Hasta el domingo 23 de agosto del 2020, la relación de Estados Unidos con América Latina no ha sido despejado de manera muy clara para el cuatrienio próximo, aunque con Trump se conoce muy bien cuál han sido sus tres prioridades: México y la migración, el conflicto con los países de la órbita socialista: Venezuela, Cuba, Nicaragua, y la creciente presencia china.

Los tres ejes de Trump hacia la región


La migración fue uno de los puntales de Donald Trump en su campaña electoral. Todo lo que viene del sur de la frontera es mexicano y así lo han replicado sus seguidores. Para el magnate inmobiliario, la migración deseada es la que vendría de los países escandinavo, según él mismo lo ha dicho. En cambio, todo lo que viene de América Latina son narcotraficantes, delincuentes y pandilleros que viajan para acabar con el modo de vivir estadounidense.

Prometió construir un muro y de algún modo ya ha comenzado a levantarlo para impedir el ingreso desde el sur. Ha separado a los niños de sus familiares. Los que piden asilo ante la violencia en sus respectivos países, sobre todo centroamericanos bajo amenaza de las pandillas, deben quedarse varados en México a la espera de una resolución.

Ha intentado terminar con el DACA, el programa creado por su predecesor, el demócrata Barack Obama para aquellos niños que -ahora jóvenes, llegaron con sus padres indocumentados y que ni siquiera conocen su tierra de origen- puedan seguir con sus vidas sin temores a la Migración.

De algún modo, la institucionalidad republicana le ha impedido llegar muy lejos. Ya sea con el Congreso o la Corte Suprema de Justicia o los gobiernos estatales, ha encontrado resistencia para que pueda aplicar todas sus políticas.

Cuba, Venezuela y Nicaragua son los países a los que Trump aplica las políticas más duras, con sanciones económicas a varios de sus funcionarios. Son países socialistas y dictatoriales y siente que la izquierda es una amenaza al interior de Estados Unidos. Quiere que la democracia se restablezca allí y hasta ha insinuado presencia militar.

Tal como quiso hacerlo con DACA y otros programas de Obama, acabó con el acuerdo de acercamiento a Cuba. Pero ha sido Venezuela el centro de su tablero geopolítico regional.

Además de las sanciones, bloqueos comerciales, Trump ha sido el sostén para el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó. Fue el primero en reconocerlo, lo que dio pasa para que lo hiciera medio centenar de países.

En el discurso de la Unión de este año, en febrero, Guaidó recibió una ovación de republicanos y demócratas, luego de que Trump lo presentara como el Presidente legítimo de Venezuela. Luego, en junio, dijo que quizá fue un error haberlo apoyado por los pocos resultados que se han logrado en Venezuela.

Trump ha dicho que estaría de acuerdo un diálogo con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, pero aclara -también lo hace el Departamento de Estado- que solo será para discutir su salida del poder y unas elecciones transparentes.

La creciente presencia china es una de las preocupación mayor de Estados Unidos respecto a América Latina. Donald Trump está enfrascado en una guerra comercial con Pekín y son constantes las sanciones y las amenazas mutuas. Se firman acuerdos que pronto son bloqueados por la animadversión que se acelera.

El vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado, Mike Pompeo, han visitado la región y han alertado sobre los riesgos que hay con sus multimillonarias inversiones y créditos. Se han comprometido a reforzar las relaciones. Pero tampoco hay algo significativo que opaque la hegemonía de Pekín.

La última promesa en ese sentido fue hecho por Mauricio Claver Carone, candidato estadounidense al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien rompe una regla no escrita de tener solamente directores latinoamericanos.

Claver Carone dijo que Washington, a propósito de la crisis por el coronavirus, traer del Asia a América Latina, muchas de las fábricas estadounidenses, que proporcionaría trabajo y ahorraría en gastos de traslado.

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