7 de mayo de 2018 00:00

Nivel de amenaza en terminal aérea de Quito pasó de bajo a medio

El aeropuerto cuenta con una sala de control, desde donde se tiene acceso a todas las cámaras de videovigilancia. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

El aeropuerto cuenta con una sala de control, desde donde se tiene acceso a todas las cámaras de videovigilancia. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
njacome@elcomercio.com

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La situación en la frontera colombo-ecuato­riana puso sobre el tapete nuevos riesgos que la ciudad debe enfrentar. Luego de los acontecimientos suscitados en esa zona, el aeropuerto internacional Mariscal Sucre cambió su nivel de amenaza de bajo a medio.

La decisión la tomó la Dirección General de Aviación Civil y esto implicó intensificar los protocolos de seguridad.

A decir de Luis Galárraga, gerente de Comunicación de Quiport, la medida busca que los organismos de control estén más atentos y apliquen de un manera mas estricta los protocolos de seguridad.

Se reforzaron controles en vías para cerciorarse de que no haya autos sospechosos estacionados cerca de la terminal o maletas abandonadas dentro del aeropuerto.

Mañana se reunirá el Consejo de Seguridad del Municipio para que cada dependencia -como Agua de Quito, Empresa de Pasajeros, Obras Públicas, entre otras- den a conocer el plan de seguridad frente a la nueva situación.

Juan Zapata, secretario de Seguridad del Cabildo, indicó que el aeropuerto está un paso adelante, ya que cuenta con un programa de seguridad aeroportuaria que está alineado con el programa de seguridad de la aviación civil y con un plan de emergencia.

El aeropuerto tiene un Centro de Operaciones de Emergencia, desde donde se manejan las eventualidades graves que se pueden presentar, como erupciones, terremotos, incendios, accidentes e interferencia ilícita como secuestros y amenazas de bomba. Hasta el momento, ese Comité de crisis ha funcionado en cuatro ocasiones por desastres naturales.

Plan de Seguridad en el Aeropuerto Mariscal Sucre . Sala de COCC. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

El Mariscal Sucre tiene programas que le permiten trabajar tanto en prevención como en reacción, y controlar la seguridad física de todo lo que está en el perímetro de seguridad primaria del aeropuerto:
1 013 hectáreas, en total.

Son más de 500 miembros de la terminal aérea, de la Policía Nacional y Agencia Metropolitana de Tránsito que forman esta cadena de seguridad.

Cada miembro está capacitado para saber cómo reaccionar, por ejemplo, en caso de hallar un paquete abandonado.

Galárraga explica que a diario se encuentran maletas olvidadas, pero una vez que se revisan las cámaras, se ubica al dueño y todo se resuelve.

El protocolo de seguridad dice que si no se determina el origen de la maleta, se activa una secuencia de acciones. Eso ocurrió el año pasado. Un trabajador reportó un paquete sin etiqueta abandonado en la plataforma. Se acordonó y evacuó el área en un perímetro de 100 m, para evitar que una señal de radio o celular activara de forma accidental el artefacto.

Mario Gavilanes, coordinador de Planes de Emergencia del Aeropuerto, recuerda que se tomó una muestra de la superficie del paquete (sin manipularlo) y se examinó en una máquina. El resultado dio positivo a material explosivo.

Se llamo al GIR, y en 25 minutos agentes analizaron el bulto e hicieron una descarga de alta presión de aire, lo que abrió el paquete y dejó a la luz una caja de cartón con zapatos.

Gavilanes explica que en ocasiones como esta, la muestra puede dar un falso positivo.

Años atrás, un paquete también dio falso positivo incluso al control que hacen los canes. La Policía colocó un contenedor encapsulado de metal atornillado al suelo y con pólvora hicieron que detonara. Se trató de un paquete de ropa.

El actual aeropuerto cuenta con un área de manejo de explosivos, en caso de que el GIR decida que se debe hacer una detonación.

Galárraga explica que en caso de recibir llamadas que alerten sobre una posible bomba, también existen protocolos.

Las personas que reciben la llamada deben recabar la mayor información posible que permita identificar si se trata de una llamada falsa o de un riesgo real. Si es así, se conforma un Comité evaluador de avisos de bomba y se activa el comité de control de crisis.

Si es necesario, se puede pedir la evacuación de toda la terminal. Según Galárraga, cada mes se hacen simulacros.

En horas pico, cuando hay cerca de 10 000 personas en la terminal, evacuar la zona toma de 10 a 14 minutos. Cada área tiene rutas de evacuación y el aeropuerto cuenta con 18 puntos de encuentro seguro.

La terminal tiene señales en las paredes que indican por dónde salir en situaciones de emergencia, luces que indican el camino, puertas de escape.
En caso de secuestros, o tomas de áreas con rehenes, el plan pide notificar al Gobierno Central, que conforma un centro nacional de mando y control dentro del plan de seguridad nacional. Eso sale del ámbito aeroportuario.

Para César Montalvo, experto en seguridad, el contar con protocolos hace que los espacios se vuelvan más seguros y que el usuario sienta tranquilidad al utilizar ese servicio.

Se debe capacitar al trabajador y a la gente. “La sociedad debe aprender a vivir así”.

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