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Alberto Fujimori, del poder absoluto a la cárcel

Lima.  AFP 

El   ex presidente Alberto Fujimori, que ayer escuchó su cuarta sentencia en Perú, desarrolló una fulgurante carrera política que lo llevó a la cúspide del poder y terminó en los tribunales, acusado de varios delitos.

De 71 años e hijo de inmigrantes japoneses, Fujimori detentó un poder absoluto entre 1990 y 2000, cuando gobernó Perú con mano dura, con el firme respaldo de la cúpula de las FF.AA.  y de su ex asesor, Vladimiro Montesinos, la eminencia gris del Régimen.

Con sus cuatro condenas, la mayor a 25 años, el ex gobernante de salud resquebrajada afronta ahora la posibilidad de pasar sus últimos años en la cárcel.

“El gobierno de Fujimori fue el punto más bajo en toda la historia de Perú  por hacer tabla rasa de cualquier tipo de reglas e institucionalidad y normatividad”, opinó el sociólogo y analista político Eduardo Toche. “Para él no existía ningún marco legal, el marco legal era el de su voluntad y la de sus amigos, nada más”  .

Fujimori cultivó en el poder un estilo autoritario que iba de la mano con su perfil de hombre  calculador. Así sucedió cuando perpetró el autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992, una acción que solo conocían  Montesinos y los  jefes militares, con absoluto desconocimiento de su Gabinete.

Esa forma de gobernar, con dominio total del Congreso y control de medios de prensa  -en especial  de las grandes cadenas de TV  cuyos directivos fueron sobornados- abrió las puertas a la corrupción.

Sus seguidores señalan que Fujimori derrotó a la guerrilla maoísta Sendero Luminoso y al guevarista Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), pero organismos de derechos
humanos denunciaron matanzas de civiles inocentes en esa lucha.

Pero la estrella de Fujimori se pulverizó en 2000 cuando en medio de escándalos de corrupción renunció a la Presidencia vía fax desde el extranjero, cuando participaba en una cumbre de la APEC en Brunéi, antes de partir buscando asilo hacia Japón aprovechando su doble nacionalidad.
 
Después, siguieron sus reveses judiciales. El último es la condena a seis años de prisión que se dictó ayer en su contra por tres delitos: escuchas telefónicas, compras de medio de comunicación y pago de coimas  a congresistas.