11 de noviembre de 2019 12:21

Adolescente que perdió su ojo en el contexto de las protestas al este de Quito necesita ayuda para una prótesis

La adolescente perdió un ojo por el impacto de una bomba lacrimógena, el sábado 12 de octubre del 2019, en la parroquia de Píntag. Foto: Archivo EL COMERCIO

La adolescente perdió un ojo por el impacto de una bomba lacrimógena, el sábado 12 de octubre del 2019, en la parroquia de Píntag. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Diego Bravo

Lorena S., una adolescente de 16 años, perdió el ojo izquierdo en el contexto de las protestas en contra de la eliminación del subsidio a los combustibles, que duraron 11 días en Ecuador. Este 12 de noviembre del 2019 se cumple un mes de esa tarde de tragedia en el barrio de Santa Teresa de Píntag, parroquia rural de Quito.

Cerca de las 15:30 del sábado 12 de octubre del 2019 fue impactada por un proyectil en el rostro. La adolescente todavía se recupera del golpe psicológico. Este es su testimonio:

“Ese día yo justo estaba entregando agua a mis vecinos. De un momento al otro, empezaron a llegar los militares y como solo estaban mujeres adelante, yo dije: 'No han de lanzar nada'. Después, de un rato al otro, empezaron a lanzar bombas (lacrimógenas) y todo. Yo no estaba cubierta con nada, solo estaba con las aguas así entregando.

Empezaron a lanzar y me corrí al bosque. Yo dije que era un lugar seguro y comenzaron a lanzar a todas direcciones. Empecé a ver que más arriba de donde estaba, del bosque, estaban bombas de gas y yo me asusté, y corrí hacia otro lugar más lejano. Y en ese lugar, hasta correr, me había llegado una bomba en el ojo. En ese momento se me fue la memoria, me desmayé por un momento.

Escuché a unos jóvenes gritando 'ayuda, ayuda'. Ellos me ayudaron. Me alzaron, trataron de hacer que camine, pero yo estaba muy inválida y ellos me ayudaron, me jalaron. Con agua bicarbonato me trataban de limpiar la cara. Todo mi rostro estaba lleno de sangre.

No avanzaba a respirar. El ruido, lo que gritaban, lo que me grababan. Todos lo insultaban a Lenín (Moreno, presidente de Ecuador) y todo eso me venía en los recuerdos y yo lloraba de las iras, de todo, porque yo trataba de hacer lo mejor para el pueblo; pero que vengan los militares y hagan eso.

Ellos no tienen compasión de nadie, con tal de que les paguen lo que es justo para ellos no les importó nada en ese momento. Ni que niños, bebés, señoras embarazadas estuvieran allí, a ellos no les importó nada.

Yo no estaba lanzando piedras, estaba repartiendo agua a mis vecinos. Ellas estaban poniendo piedras en el camino para que no pasen.

De parte de mis tíos, de las personas que me han estado colaborando, yo he tratado de seguir adelante. Cuando salía de la cirugía estaba muy inválida, no podía hablar, estaba bien decaída, pero me llenaron de ánimo mis familiares; mis amigos, me empezaron a visitar; empezaron a dar fondos y todo fue de corazón.

Gracias a esa voluntad de todas las personas que me puedan ayudar, gracias a ellos estoy ahora aquí, estoy con un ánimo que espero poder salir adelante con mis estudios, llegar a la universidad, graduarme (del bachillerato), aunque sin mi ojo, pero trato de hacer una prótesis para disimular. Como que no me pasó nada.

Yo quisiera estudiar en la universidad ingeniería.

Mi abuelita está siempre, siempre todas las tardes en horas de visita (en el Hospital Eugenio Espejo de Quito), siempre ha estado allí pendiente de mí, ayudándome con una frutita, porque la comida de adentro a mí me desagradaba, no me entraba, no me daba hambre. Me traían frutas, comía. Después, de un momento a otro, me dieron unas leches del hospital, y allí me vinieron los ánimos de comer. Ya pude comer la comida que me daba, ya estuve mucho mejor que antes.

Ya el miércoles me hicieron la última operación (evisceración ocular) y salió todo bien. Les agradezco a los doctores que pertenecen al Eugenio Espejo por hacer todo lo que estaba en sus manos.

Perdí mi ojo; no es lo mismo tener volver a ser como antes, es como si una parte de mi cuerpo se haya ido. Y yo a los militares, aparte del Presidente, les diría que son unos irresponsables, no piensan en nuestro pueblo. Ellos piensan en sí mismos. Claro, como ellos tienen dinero, tienen todo, ellos pueden hacer todo. No les importamos nosotros”.


Lorena necesita recursos para una prótesis
Sus parientes necesitan USD 8 000 para adquirir una prótesis. La madre de Lorena murió hace 10 años. La adolescente vive con su abuela, quien se dedica a la venta de hortalizas y legumbres en Píntag, al oriente de Quito, y no tiene recursos suficientes para costear las operaciones y tratamientos.

Lorena ha sido sometida a tres intervenciones quirúrgicas, en las que le retiraron el ojo y le reconstruyeron el párpado que fue destrozado por una bomba lacrimógena. De a poco, trata de retomar sus estudios y seguir con su vida, junto a su familia.

Los parientes de la adolescente tienen previsto organizar un hornado solidario el sábado 16 de noviembre para tratar de ayudarla. Será en la Plaza César Chiriboga, del centro de Sangolquí, una parroquia ubicada a 30 minutos de Píntag.


Cristina Quishpe, tía de la adolescente, invitó al público para que asista al evento y apoye a la joven. Cada boleto cuesta USD 3, también se realizará una rifa en la que cada tiquete valdrá un dólar.

El objetivo es reunir fondos lo más pronto posible, porque la familia de Lorena es de escasos recursos económicos y aún no termina de reunir el dinero que se requieren para la prótesis, una primera comida solidaria se repartió con otros heridos, el sábado 9 de noviembre.

Los interesados en ayudar a Lorena pueden comunicarse al teléfono 098-047-5770 para adquirir un boleto.

La joven permaneció 15 días bajo observación médica y el pasado 25 de octubre del 2019 le dieron de alta en el Hospital Eugenio Espejo de Quito. 

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