4 de mayo de 2019 00:00

Adolescente se aferra a la vida luego de ataque de su expareja

La tía y las hermanas de Victoria viven en una casa en el norte de Quito. Ellas están preocupadas por su familiar. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La tía y las hermanas de Victoria viven en una casa en el norte de Quito. Ellas están preocupadas por su familiar. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Redacción Seguridad
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Su vida cambió el 17 de abril pasado. Ese miércoles, Victoria -una joven de 17 años- recibió ocho martillazos en su rostro y en la cabeza. El sospechoso de la agresión es su exnovio; tiene la misma edad y está procesado por tentativa de femicidio. Tras golpearla huyó, aunque después fue descubierto por agentes de la Policía.

La joven fue atacada cuando se dirigía a clases. Ella cursa el último nivel de Bachillerato en un colegio del norte de Quito.

Su sueño era graduarse para conseguir una beca en una universidad del extranjero y estudiar Contabilidad. Quería ayudar económicamente a su madre, sus abuelos y tres hermanos menores. “Tenía en mente comprarle una casa a su familia”, recuerda una tía.

Ella cuenta cada detalle de lo ocurrido y dice que a las 06:30 de ese miércoles, el abuelo de Victoria la encontró a la entrada de su casa en El Inca, un barrio del norte capitalino.

Yacía sobre la tierra, cubierta de sangre. Tenía el rostro desfigurado. “Pensé que estaba muerta”, indica la tía.

Junto a la joven estaban el martillo y su teléfono celular. La familia de la chica asegura no haber escuchado gritos. Los cinco perros que tienen tampoco ladraron. “Es porque ya conocían al muchacho”.

Cuando se percataron de lo sucedido llamaron a la Policía Nacional y la trasladaron de inmediato a un hospital público.

Por la gravedad de sus heridas fue internada en cuidados intensivos. “Los médicos nos dijeron que tenía destrozado el cráneo”, cuenta la tía, la única autorizada por la familia para hablar del hecho violento.

Tras la valoración, los especialistas la sometieron a dos cirugías para reconstruir su rostro. Cuando estaba en la sala de recuperación hicieron que escuchara un audio de su abuela. Esa estimulación hizo que moviera los dedos de los pies.

Pero el estado de salud es crítico y tiene dificultades para escuchar. Los doctores temen que no recupere la visión.

El día del ataque, los policías encontraron y apresaron al presunto agresor. La Fiscalía Especializada en Adolescentes Infractores abrió una investigación pública de 30 días en contra del adolescente.

En el Código Penal, el femicidio (art. 141) es sancionado con cárcel de 22 a 26 años. Pero según la norma penal, la tentativa de ese ilícito es sancionada con penas “de uno a dos tercios de lo que le correspondería si el delito se consuma”. Si el implicado es adolescente, la pena máxima es de cuatro años.

En la audiencia, la Fiscalía presentó, entre otras evidencias, la denuncia, el parte policial, el informe del reconocimiento del lugar de los hechos, el examen médico legal de Victoria, el martillo, entre otras.

Una jueza ordenó que el menor fuera internado en un centro para adolescentes infractores. Los primeros testimonios muestran que la agresión se produjo porque ella se habría negado a retomar la relación sentimental con él.

Desde el 2014 hasta febrero de este año, la Fiscalía y las organizaciones que promueven los derechos de las mujeres han registrado 760 femicidios (ver infografía). En el 66% de los casos del 2018, el agresor fue una persona cercana a las víctimas. El caso de Victoria también fue repudiado por esas organizaciones sociales.

Tras lo ocurrido, la mamá de Victoria dejó de trabajar y ahora pasa el día en el hospital. Antes, se dedicaba a cuidar a una persona de la tercera edad.

Mientras la madre pasa en el hospital, la tía cuida de los tres hermanos de Victoria, de 14, 12 y 10 años. Todos duermen con ella porque, tras el ataque, están afectados psicológicamente. “El mayor está más golpeado, él la vio en el piso”. Los menores ya no quieren vivir en ese lugar. “Es muy fuerte estar aquí”. Buscan arrendar un departamento en Llano Grande.

Sus familiares recuerdan a Victoria como una buena estudiante. En junio de este año está previsto que se graduara del colegio. Uno de sus pasatiempos es pintar; ahora todos esperan que vuelva a hacerlo.

Piden que “se haga justicia” en contra del agresor, que Victoria se recupere y deje el hospital los más pronto posible.

Ahora necesitan ayuda para costear los gastos derivados de la situación, incluso la movilización diaria al hospital. La tía dice que quienes deseen ayudar pueden comunicarse al número 097 907 7336.

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