18 de octubre de 2020 19:22

Actividades comerciales se retoman de a poco en la zona de Cumbayá donde se produjo una explosión

El paso vehicular en ese lugar fue habilitado. La vivienda en donde funcionaba el local de shawarmas fue cercada con una malla verde; todos los escombros fueron retirados.

El paso vehicular en ese lugar fue habilitado. La vivienda en donde funcionaba el local de shawarmas fue cercada con una malla verde; todos los escombros fueron retirados. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Unidad de Noticias

Hoy, domingo 18 de octubre, todavía se sentía miedo e incertidumbre entre los vecinos, clientes y dueños de los locales comerciales ubicados en las calles García Moreno y Salinas del centro de Cumbayá, una parroquia en el oriente del Distrito Metropolitano de Quito.

La razón: la semana pasada, allí se produjo una explosión en el interior de un local comercial que comercializaba shawarmas.

Nueve personas heridas, dos viviendas destruidas, 22 más con otras afectaciones y seis vehículos dañados fue el balance entregado por el Cuerpo de Bomberos de Quito (CBQ), tras inspeccionar la zona. El coronel Esteban Cárdenas, comandante de esa entidad, dijo que la emergencia se produjo por una saturación de gas licuado de petróleo (GLP) que generó una atmósfera explosiva.

“Hubo una fuga en la manguera que sale desde el tanque de gas hasta la cocina. Lamentablemente, el cilindro utilizaba una llave de paso y no un regulador, lo cual provocó un sistema presurizado. En algún momento, esa abrazadera de la cocina se soltó y produjo una fuga masiva”, indicó el oficial.

Una chispa se generó al momento del encendido y apagado de la cocina, lo que generó la explosión. “Encontramos un tanque de gas cristalizado en un 90% y otro en el mismo lugar”, puntualizó Cárdenas.

Ayer se cumplió una semana de aquel incidente y la gente todavía comentaba lo ocurrido. El paso vehicular en ese lugar fue habilitado. La vivienda en donde funcionaba el local de shawarmas fue cercada con una malla verde; todos los escombros fueron retirados.

Solamente funcionaba una pizzería y una heladería. El resto de negocios estaban cerrados y en algunos había obreros cambiando ventanas, reparando techos y puertas.

Verónica Jiménez atendía en la heladería y confesó que aún sentía miedo por lo que ocurrió. “Todavía hay gente que viene a ver lo que ocurrió, pero de a poquito olvidamos ese mal momento”.

Ana Fernández se dedica a cuidar vehículos afuera de los locales donde ocurrió la emergencia. Recordó que trabajaba normalmente en la calle García Moreno cuando escuchó un estruendo similar al de una bomba.

“Ahora la gente viene, consume rápido y se va pronto. Tiene miedo a quedarse”, manifestó.

Nelly Paucar comercializa ropa deportiva a una cuadra del lugar de la tragedia. “Nos encomendamos a Dios para que un evento así no se repita”. A su juicio, los Bomberos deben realizar inspecciones exhaustivas en los locales de comidas para verificar que estos cuenten con las medidas de seguridad necesarias.

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