9 de marzo de 2020 00:00

Mujeres trabajan en políticas antiacoso

Hasta febrero de 2020, el Municipio recibió 3 311 reportes en el sistema Bájale al acoso. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Hasta febrero de 2020, el Municipio recibió 3 311 reportes en el sistema Bájale al acoso. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
Redactora (I)

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Esa mirada lasciva, esa frase agresiva e intimidante, ese acercamiento o contacto físico que paraliza y aterra. No importa el lugar: una acera, un bus, un articulado o un parque. El acoso sorprende a las mujeres en cualquier rincón.

Le pasó a Andrea Fernández, quien en medio de un tumulto al bajar de un bus, descubrió que su falda había sido cortada con una navaja justo a la altura de sus glúteos. Años atrás, en una calle, se cruzó con un hombre que le doblaba la edad y que metió su mano entre sus piernas, sin que ella pudiera hacer nada para defenderse.

Al compartir sus experiencias, escuchó a amigas que habían sufrido otros tipos de acoso, como sorprender a un hombre masturbándose en un bus, mientras las miraba.

Según ONU Mujeres, el 96% de usuarias de servicios públicos de transporte ha sido víctima de violencia. Frente a eso, la iniciativa iberoamericana Mujeres en Movimiento decidió trabajar en una guía para gobiernos locales. La idea es que se implemente en transportes y espacios públicos, para convertirlos en sitios seguros para mujeres y niñas.

Actualmente, este grupo de mujeres que han sido senadoras, concejalas, subsecretarias, etc. en sitios como Ciudad de México, Bogotá, Lima, Madrid, Santiago, Buenos Aires, Quito, entre otras, evalúan las acciones en cuanto a acoso en las ciudades, para luego emitir recomendaciones que frenen este tipo de prácticas.

La exvicealcaldesa y concejala de Quito, Daniela Chacón, forma parte de esta plataforma y explica que se han detectado problemas comunes. Por ejemplo, los sistemas de transporte no están diseñados para atender las necesidades de las mujeres, a pesar de que son sus principales usuarias.

En el 2017, la consultora Taryet realizó un estudio de demanda de movilidad en Quito y encontró que el 62% de usuarias son mujeres. Y, mientras los hombres hacen viajes lineales (entre el trabajo, el hogar y centros de deporte, por ejemplo), las mujeres hacen movilidad en cadena. Ellas están a cargo de tareas de cuidado, como acompañar a alguien al médico, llevar a sus hijos a la escuela y luego ir a su trabajo o al hogar.

En Quito, en el 2017 se creó el sistema Bájale al acoso, que mediante un mensaje de texto al 6367 permite conseguir ayuda cuando hay una situación de acoso en una unidad del transporte municipal. Según la Alcaldía, hasta febrero se recibieron 3 311 reportes.

El Municipio informó que se está repotenciando el sistema. En respuesta a este Diario, señaló que es fundamental seguir con la política de cero acoso en el transporte, pero también se trabaja en otros mecanismos de protección a los sectores vulnerables y en combatir la violencia de género, como las casas de acogida que tiene el Patronato San José.

Fernández aún no ha usado la herramienta. Su forma de protegerse es evitar subir a buses llenos, arrimarse a la estructura del bus y alejarse de gente en actitud sospechosa. Pero cree que está mal normalizar estas prácticas, porque nadie debería sentir miedo de ser acosado o atacado.

María Gabriela Alvear logró la primera sentencia por un caso de este tipo, por un ataque que vivió cerca del puente del Guambra. Relata que un hombre la cargó mientras otro le bajaba sus medias nailon. Ambos la tocaron hasta que logró zafarse. “Se rieron y me dijeron para qué te vistes así”.

Junto con una señora, los persiguió y pudo atrapar a uno de ellos. Luego de dificultades para hacer su denuncia y luego de lo que describe como un largo y revictimizante proceso judicial, logró que una jueza dictara una sentencia de 18 meses de prisión para el hombre, que en ese 2015 tenía 21 años.

La sentencia le sirvió para saber que la justicia es posible en estos casos, y siente que anima a otras personas a denunciar. Eso no le quita la ira que siente porque desde ese día no ha vuelto a sentirse segura, pero sigue en su lucha por la defensa de los derechos, desde la organización Diálogo Diverso.

Según Mujeres en Movimiento, en Iberoamérica hay avances en prevención del acoso en el bus, pero falta mucho por hacer en cuanto a espacio público. Chacón dice que faltan normas locales que sancionen y sensibilicen a los hombres sobre el daño que causan en las mujeres las agresiones verbales, tocamientos y otras prácticas.

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