28 de September de 2009 00:00

22 electrodos ayudan a quienes no oyen

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Redacción Guayaquil

Cada sonido le parece extraño. El paso de los carros, de un avión, las voces a su alrededor... Sus ojos parpadean rápidamente en un intento por identificarlos.



 Un test para el oído  
Antes de colocar el implante en un paciente se aplican pruebas audiológicas, electrofisiológicas y  radiológicas. Estas sirven para verificar que el nervio auditivo  funcione. 
Entre otras pruebas se recomienda una resonancia magnética o una tomografía axial  computarizada para ver la   estructura del oído interno.
La sordera nerviosa, llamada    neurosensorial, es uno de los casos más comunes en los que se aplica este  implante.   
En casos de otoesclerosis, el implante no tiene resultados. Esta enfermedad, que forma progresivamente un depósito de hueso que circunda la cóclea,     impide que pueda oír.   Durante 16 años, leer los labios era la única guía para Juan José Álvarez. A los 11 años, perdió la audición a causa de una infección viral crónica y desde entonces las palabras se borraron poco a poco de su mente.

Así, tuvo que buscar la forma de comunicarse. En ocasiones recurría a señas con sus manos e incluso a las pocas palabras entrecortadas que podía pronunciar. Pese a la dificultad, consiguió un trabajo y formó una familia junto  con   Johana Mateo.

“Al principio fue difícil. Le hablaba lento para que pudiera  entenderme”, cuenta su esposa.

Pero la esperanza para Juan José volvió hace un mes.  En un quirófano del hospital Teodoro Maldonado Carbo del IESS, en   Guayaquil,  le colocaron un implante coclear. Ese fue el primer paso para recuperar la audición.

40 días después de la cirugía el implante fue activado. Un montón de ondas se dibujaron en la pantalla de un computador de compañía   Proaudio, proveedora del equipo.  “¿Me escuchas?”, preguntaba la fonoaudióloga, Sandra Ochoa.  Moviendo su cabeza de arriba a abajo, Juan José contestaba positivamente.
 
Las ondas trazaron el primer mapa auditivo del paciente.  Este marca el grado  o la intensidad con la que Juan José  comenzará a oír.  La primera calibración es de entre 0 a 20 decibeles, el nivel básico de los sonidos ambientales y del habla.  

Detrás de él, un afiche mostraba el funcionamiento del caracol o cóclea. Este  órgano del oído interno está compuesto por  diminutas  células ciliadas.  Cada  una  capta un tipo de sonido diferente, pues tiene distinta   sensibilidad a  las corrientes eléctricas.

Esas terminaciones nerviosas envían información al cerebro a través del nervio auditivo. El cerebro interpreta el sonido y la persona puede oír. Cuando esas células se afectan, no se las puede volver a recuperar.

La solución  entonces  es un dispositivo que estimule artificialmente el oído interno,  conocido como implante coclear. A través de 22 electrodos implantados en la espiral de la cóclea, este mecanismo permite trasmitir las señales eléctricas al nervio auditivo. “Los electrodos se convierten en el oído biónico  de la persona”, asegura Ochoa.

El especialista Germán Vargas, encargado de la cirugía, explica que el implante tiene dos partes.
  
La interna, o receptor-estimulador, que se coloca dentro del oído y que queda   debajo de la piel.    Contiene los circuitos que controlan el flujo de  impulsos eléctricos que van al   oído.

Además tiene una antena -que recibe las señales del exterior-, un imán -que ayuda a mantener el procesador de sonido y habla en su sitio- y un cable con los electrodos que van en la   cóclea.

La  cirugía   de implante puede durar de dos a cuatro horas y se realiza con anestesia   general. La recuperación dura unos 10 días. 

Como    primer paso -indica Vargas-     se    hace    una excavación de  cuatro milímetros de profundidad en el hueso temporal el cráneo.   Luego se abre parte del hueso mastoides,  detrás de la oreja, para llegar al oído medio.

La segunda parte del implante es en el exterior. Se coloca el procesador de sonido y habla, es una especie de miniordenador que procesa el sonido y lo digitaliza.
 
Su aspecto es similar al de un audífono y va  atrás de la oreja. Un diminuto micrófono recoge el sonido y lo envía al procesador.
 
Este lo  analiza y transforma en un impulso eléctrico  que llega al nervio auditivo.

“El sonido es lo más parecido a la audición normal”, afirma  la audióloga Evelyn Laínez.    La especialista explica  que esta operación se realiza  a  niños  que tengan sordera total (de 0 a 3 años)    y  adultos poslinguales,  es decir, que hayan aprendido a  hablar en algún momento de su vida.

“En el caso de Juan José deberá asistir a  terapias  de rehabilitación por  unos  ocho meses. Han sido 16   años que no ha   reconocido sonidos ni palabras. Tendrá que aprender de nuevo”, dice.

Pero eso no es un impedimento para él.  Después  de  oír por primera vez la voz de esposa, cuenta que  tiene otra meta. Su  voz es entrecortada, pero segura. “Tengo una niña de 4 años, otra de  3 meses... Quiero oírlas”.
 
El  Seguro Social  es una de las instituciones que realiza esta clase de intervenciones quirúrgicas.  Pero también   las efectúa el Ministerio de Salud en centros como el Hospital Baca Ortiz.

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