11 de August de 2009 00:00

20 grupos de gente que quiere dejar el alcohol se reunieron

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Redacción Ibarra

Los delegados de 20 grupos de Alcohólicos Anónimos (AA) del Ecuador se reunieron en Ibarra. El evento sirvió para visibilizar el trabajo de la gente de AA de la ciudad, que en julio cumplió cinco años de ayudar en la Sierra norte.

Marcelo, de 31 años, es el guía y encargado de recibir a las personas que por su propia voluntad buscan rehabilitación.



La catarsis
Las charlas que reciben en el auditorio y los testimonios de quienes se rehabilitan se denominan catarsis. Tras cada sesión los enfermos se liberan de sus culpas y eso les ayuda a permanecer sobrios.
Otro testimonio es de Fernando, empezó a beber a los 14 años. Es de Carchi. Su comportamiento se volvió violento e irresponsable. Hace cinco años llegó a Ibarra para estudiar Veterinaria en la Universidad 
Técnica del Norte, pero nunca lo hizo. Tiene 25 años.“No pedimos documentos de ningún tipo. Aquí hay 40 personas residentes, quienes reciben apoyo las 24 horas. También contamos con 30 militantes (personas que se recuperaron) y que viven independientemente, pero sin desvincularse del grupo”, explicó Marcelo N.

El Grupo AA de Ibarra, como el resto de agrupaciones que existen en Ecuador, se sustenta con las contribuciones de los socios militantes. “Muchos, por causa del alcoholismo perdieron todo, y al rehabilitarse en este lugar se sienten agradecidos y contribuyen económicamente para el sustento de los residentes. Con eso nos sostenemos y nos alcanza para vivir sin lujos”, añadió Marcelo N.

La casa blanca de AA se encuentra en la calle Tobías Mena, tras la capilla del Divino Niño. Un gran letrero externo promociona a esta agrupación.

“No nos molesta tenerlos en el barrio. Son tranquilos. Al saber que están y mirar lo que hacen tomamos conciencia del daño irreparable que ocasiona el alcohol en la vida de los seres humanos”, dijo Teresa Rosero, vecina.

En la puerta de ingreso siempre hay una o dos personas que cuidan el sitio y se encargan de recibir a quienes buscan apoyo por primera vez. Adentro, el espacio más amplio es una sala que sirve como auditorio.

Todo el tiempo hay una persona que pasa al frente y narra detalles de su vida. Los demás escuchan, aplauden y le animan. También hay una cocina y varios dormitorios con un patio interno para hablar y tomar el sol.

Entre los residentes está Ernesto N. Empezó a consumir alcohol y drogas a los 24 años y seis años después decidió ingresar a esta organización. Es quiteño y indica que el alcoholismo influyó para que abandonara sus estudios de Comunicación en la Universidad Salesiana.

“El licor nunca me dejó terminar ningún proyecto en mi vida. En ese lugar, hace un año y medio, llegué a preguntarme a profundidad, a saber el porqué de las cosas. El alcoholismo es una enfermedad de las emociones y de las debilidades de carácter. Era una persona muy resentida, pero ahora estoy recuperando mi vida. Aquí recibo terapia, comida y vivienda”, dijo Ernesto.

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