18 de August de 2009 00:00

15 niños manabitas trabajan con turistas

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Redacción Manta

El extremo sur de la ensenada de Puerto Daniel López es el sitio de concentración de los turistas. Allí se embarcan en  12 barcos que efectúan  viajes de  avistamiento de ballenas.

De junio a septiembre hay más afluencia. La masiva presencia de turistas es aprovechada por 15 niños de  nueve a 13 años. Todos los días salen de sus casas a  las 07:00.

Ellos realizan una suerte de persecución de   visitantes. Mariela cursa el sexto año de básica. Luce un suéter verde. “Hace frío, por eso hay que abrigarse, así dice mi mamá”, cuenta mientras trata de enganchar a una pareja de turistas nacionales.

“Cuando regrese le puedo quitar la arena de los pies, por favor diga que sí solo por USD 0,50”,  persuade la infante a Fabián Quiroz. Este arquitecto quiteño aceptó su oferta.

Fabiola, una niña de tez trigueña, con un atropellado inglés se hacia entender entre un grupo de extranjeros. “Please… please…” y el resto eran señas del lavado de pies y fue aceptada por  dos clientes. Esta suerte de ritual se repite con  otros 13 niños entre varones y mujeres.

Mientras los niños  buscan clientes  por la playa, los guías de turismo, pescadores artesanales y  conductores de mototaxis están atentos a cualquier movimiento que parezca extraño.

“No se puede confiar, por eso   estamos vigilantes”, dice Noé Plúa, dueño de una mototaxi. Una vez que confirmaron a  dos o y tres clientes, más el detalle de la embarcación,  los infantes corren a la escuela.

A las 15:00, ellos esperan el arribo de los barcos que salieron al avistamiento de ballenas jorobadas y paseos por la isla de La Plata.

Las embarcaciones retornan desde las 16:00. Cuando los turistas bajan de los botes y pisan la arena empieza el trabajo de los menores de edad.

Ellos están equipados con baldes plásticos llenos de agua dulce y  conducen a los turistas de la mano hacia una parte seca de la playa. Fabiola  pidió  que se sentaran en un banco de madera mientras  lavaba los pies y quitaba los restos de arena.

El mexicano Franco Menéndez  sacó USD 1 de su bolsillo  para pagar por el trabajo. Cerca de las 17:30, cada niño obtiene de  USD 2 a 3. A la semana se  ganan hasta  20. La mitad  sirve para la comida y   el resto para   sus golosinas, dice la madre de un niño, Rosa Lucas.

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