14 de September de 2009 00:00

14 plantas para salvar a San Pablo

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Ibarra

Cada mes Antonio Aguilar cosecha de los totorales que crecen en sitios específicos al borde del lago San Pablo, en Otavalo. Con los tallos cilíndricos hace artesanías en la parroquia San Rafael del Lago.

Hoy, Aguilar y 40 socios de la empresa comunitaria Totora Sisa realizan primorosos objetos ornamentales y muebles que venden en las hosterías y haciendas especialmente de Pichincha. No obstante, les preocupa la contaminación del lago porque saben que su actividad económica, como muchas otras, está en riesgo.



La biorrecuperación
Cada planta de tratamiento de aguas negras contará con una fosa séptica, filtros y depuración de los microorganismos con totoras y lentejas de agua. Todo este proceso limpiará el agua que se devolverá al lago.
En San Miguel Bajo, desde    2003, la ONG Cepcu construyó varias piscinas con lentejas acuáticas, lechuguinos y totoras para tratar las aguas servidas de unas 2 500 personas. El proceso de biorrecuperación consigue limpiar el agua hasta en un 90%.
Entre tanto, los 40 socios de  la empresa Totora Sica continúan utilizando el lago para extraer la totora y realizar paseos en las tradicionales balsas manufacturadas con los totorales.“Cuando me sumerjo en el Imbakucha (así llamaban a este lago sagrado las poblaciones antiguas) siento sus aguas verdosas más pesadas y sucias. En los últimos 20 años la contaminación aumentó por causa de las actividades humanas sin control”, dice Aguilar.

Según técnicos del Ministerio del Ambiente de Imbabura, en 1995 el problema de la contaminación por la descarga directa de los alcantarillados, la basura arrastrada por las quebradas y los químicos de las floricultoras, ya era preocupante. Ahora, la degradación de este lago, cuya cuenca abarca 150 km² dentro de cinco parroquias (San Pablo, San Rafael, González Suárez, Eugenio Espejo y El Jordán), es más notoria en los poblados indígenas.

En la comuna Pucará Desaguadero (parroquia Eugenio Espejo), por ejemplo, alrededor de 250 familias utilizan el agua del lago para alimentar a su ganado, cocinar o regar sus pequeñas chacras. La pobreza es visible en el mal estado de la vía, la falta de iluminación nocturna y la falta de agua potable y alcantarillado.

“Periódicamente realizamos mingas para limpiar las riberas del lago de botellas, plásticos y basura gruesa. Pero es imposible purificar sus aguas. Sabemos del daño que causa a nuestra salud el lavar la ropa en ese líquido o al usarla para la cocina, pero no hay opciones”, dice Angelina Viniachi, una de las vecinas que viven del comercio minorista, la agricultura en parcelas y, especialmente, del trabajo en las floricultoras de Cayambe y Tabacundo.

Esta incómoda situación es conocida por el Municipio y las autoridades ambientales y sanitarias. “Las floricultoras arrojan pesticidas y los alcantarillados de los hogares de 26 132 personas de 38 comunas se descargan en ese recurso natural. Pero, esto cambiará en un futuro cercano, pues con el apoyo del Ministerio del Ambiente y del Municipio local, en el pasado abril se empezó la construcción de 14 plantas de tratamiento de aguas servidas”, explica el alcalde, Mario Conejo.

La primera fase de la solución es la edificación de 14 plantas de tratamiento de aguas servidas, 15,2 km de colectores finales, cuatro estaciones de bombeo y alcantarillados sanitarios.

La obra tiene un costo de USD 4 587 988, de los cuales el Cabildo aportará con USD 1 732 235 y el resto el Ministerio del Ambiente. “Las plantas de tratamiento se levantan en las zonas de más concentración poblacional y están construidas cuatro”, explica Efrén Galárraga, fiscalizador del plan.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (1)