Los barcos Manatee II (foto) y Anakonda navegan por las conexiones fluviales entre los ríos Napo y Aguarico. Foto: Cortesía Advantage Travel

Los barcos Manatee II (foto) y Anakonda navegan por las conexiones fluviales entre los ríos Napo y Aguarico. Foto: Cortesía Advantage Travel

Un viaje para descubrir los ríos de la Amazonía ecuatoriana

Edwing Encalada. Redactor (I)

La mejor manera de conocer la biodiversidad del bosque húmedo tropical es navegando por sus ríos. Ecuador apenas posee un 3% de la Amazonía sudamericana, con la particularidad de que ninguna hectárea se parece a otra.

Tres grandes ríos de destacan en esta región: Napo, Pastaza y Santiago. El primero recibe aguas de afluentes como el Aguarico, Coca y Curaray. El Napo, al unirse con el río Marañón, pasa a formar el gran Amazonas.

Los navíos Manatee II y Anakonda aprovechan las conexiones fluviales entre los ríos Napo y Aguarico para conducir al visitante dentro de las reservas del Cuyabeno y Lagartococha, donde podrá interactuar con más de 15 comunidades asentadas cerca de las riberas, y cada una de estas ofrece una actividad diferente.

Esta opción le permitirá observar el comportamiento del mono araña, los golden tamarin, o los marmosetas pigmeos. Estos dos últimos se encuentran entre las especies de primates más pequeñas en el mundo.

La protección de la flora y fauna es uno de los elementos primordiales para estas comunidades. Por ejemplo, en Martinica, en el río Cocaya, cerca de la frontera con Perú, los turistas pueden interactuar con los delfines rosados y hasta alimentarlos. En cambio, en Sani Isla y Pilche se logró rescatar a la tortuga de río para que la puedan conocer los turistas. Antes, sus huevos eran consumidos como alimento pero ahora se apostó por su conservación.

El auge del turismo hizo que los niños, que ahora llegan con los grupos de visitantes, puedan cargar a las tortugas recién nacidas y dejarlas en los ríos. Las nutrias, que antes eran consideradas una amenaza debido a que se comían a los peces del río, son actualmente un atractivo turístico en Huiririma.

En otras comunidades, los turistas acompañan a los nativos en su cosecha y pesca, en la preparación de los alimentos y en la degustación junto al pueblo, acompañados de chicha, yucas y plátano verde. Las últimas comunidades que se sumaron a este circuito son una cofán de Zabalo y otra siona en Lagartococha.

“Es una aventura educativa que les ayudará a valorar al bosque húmedo tropical que muchos lo denominan aún erradamente como el Oriente”, menciona Raúl García, quien desde hace 16 años trazó esta ruta fluvial y que en 2016 obtuvo un ‘Óscar’ de Turismo con su embarcación Anakonda, en la categoría Crucero Boutique Líder en Sudamérica.

En esta zona se han registrado 150 especies de anfibios, 121 de reptiles, 598 de aves, más de 150 de mamíferos (80 de los cuales están en peligro de extinción), y en flora se han identificado cerca de 8 000 especies de plantas medicinales.

Si quiere visitar la zona, las tres noches a bordo del Manatee II, inaugurado el 1 de julio de este año, se oferta en USD 847, aunque hay planes de hasta siete noches.

Hacia el Yasuní, en cambio, se puede encontrar con Napo Wildlife Center, construido a orillas del río Añangucocha y manejado por la comunidad local. Este lugar queda a 30 minutos de El Coca, desde donde se aborda una canoa motorizada para llegar al hotel.

Los Añangu se jactan de que en una hectárea del Yasuní se pueden hallar más especies de plantas que en todo el continente europeo y norteamericano juntos. “Queremos una Amazonía libre de la caza y bien conservada”, comentó Jiovanny Rivadeneira, líder de la comunidad Añangu.

Uno de los platillos tradicionales de la zona es el maito. Se trata de un pescado envuelto en hoja de rumipanka, preparado con yuca, cacao blanco y chontacuros.

Alojarse tres noches en Napo Wildlife tiene un costo de USD 1 417 por persona. Los niños menores de 12 años tienen un 30% de descuento.