Durante la misa que honra a los muertos en Sta. Elena. Foto: Cortesía Emuturismo

Durante la misa que honra a los muertos en Sta. Elena. Foto: Cortesía Emuturismo

Las tradiciones de Santa Elena, para sus difuntos

Edwing Encalada
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Compartir los alimentos con los muertos es un ritual que junta a los comuneros en Santa Elena y que, este año, se realizará el 2 de noviembre de 2017 a partir de las 10:00, en el museo de los Amantes de Sumpa.

Según Javier Bazán, asistente de la administración del museo peninsular, cada año se reú­nen entre 800 y 1 000 personas para compartir la Mesa de Difuntos, como se conoce al evento en esta región.

Un voluntariado de aproximadamente 80 personas se encarga de preparar mil porciones de colada morada y de hornear el pan de muertos, lo que en la Sierra se conoce como guaguas de pan.

En una descripción realizada por la antropóloga Karen Stothert, la comida es el vínculo principal entre los vivos y los muertos, por eso esa fecha en especial se produce un reencuentro simbólico.

A más del pan y de la colada morada, en la mesa hay bollos, tortillas de maíz, natilla (postre típico de la región), torta de camote, moros, ‘agua de muerto’ o licor, chicha y café.

La comida siempre va acompañada de la música preferida y objetos del difunto, como afeitadoras, cigarrillos, peines o ‘ropa sin pecar’, adornada por manteles de algodón tejidos a mano que fueron utilizados -por generaciones- únicamente en esta fecha.

Se sirven los alimentos en la intimidad familiar; se cubren con toldos las mesas y se evita estar presentes cuando sus muertos los visitan. Los peninsulares se dan cuenta que los muertos los visitaron cuando los alimentos “se secan, se chupan o aminoran”.

Mientras se hornea el pan de muerto en la parroquia de Cadeate.. Foto: Cortesía Emuturismo

Mientras se hornea el pan de muerto en la parroquia de Cadeate.. Foto: Cortesía Emuturismo

El resto de alimentos se reparte entre vecinos, amigos y visitantes que hayan realizado la oración: “Ángeles somos, pan pedimos, del cielo venimos y, si no nos dan, ya venimos”.

Otra tradición de los peninsulares es la elaboración del cordón de muerto, un tejido a base de algodón que, según la creencia popular, se le da a una persona fallecida para que, cuando llegue al cielo, castigue al enemigo. También puede ser usado en sus hijos cuando se porten mal.

Antes de la realización de la Mesa de Muertos, el 31 de octubre se dictará un taller para la elaboración del pan de muerto, en coordinación con la Casa de la Cultura Ecuatoriana; en él participarán los mejores panificadores de la parroquia de Cadeate, famosa por crear un pan de contextura suave que dura varios días.