Los guías nativos de la zona insertan a los visitantes a caminatas por la selva. Foto: cortesía Suchipakari.

Los guías nativos de la zona insertan a los visitantes a caminatas por la selva. Foto: cortesía Suchipakari.

Suchipakari, un tesoro escondido para descansar en la Amazonía


Edwing Encalada. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Con el fin de promocionar la biodiversidad de la Amazonía con una visión turística que beneficie a los pueblos kichwas, el quiteño Rubén Morales junto al guía nativo Marco Shariguamán idearon hace más de 17 años a Suchipakari, que significa regalo de la naturaleza en kichwa.

Según Santiago Morales, hijo de Rubén Morales, en los primeros meses del proyecto se tardaban más de 12 horas hasta llegar al sector de Pusuno, en la provincia de Napo, donde se asienta el proyecto turístico. Tenían que realizar un viaje por tierra y por canoa, debido a la falta de vías de conexión vial con el lugar. En la actualidad, apenas demora 25 minutos por una vía lastrada desde Puerto Misahualli.

El lodge inició con tres cabañas, las dos primeras para alojar a los turistas, mientras que a la tercera se la adecuó como cocina. Los turistas extranjeros fueron los primeros en ocupar las instalaciones, ya que llegaron seducidos por el encanto de la selva amazónica.

Para hacer turismo sustentable, Suchipakari incluyó a las comunidades dentro del circuito turístico como su principal atractivo. Más de 800 habitantes de las comunidades de Pusuno Alto, Pusuno Bajo, Sardinas de Ilayaku y Río Blanco se benefician de esta actividad.

Ellos en un inicio, trabajaron en la construcción del hotel y en el desarrollo de actividades alrededor de cinco cascadas que existen en el sector, cada una con sus particularidades diferentes, además de la implementación de senderos para trekking, visita a las comunidades, venta de artesanías, entre otras actividades.

Suchipakari cuenta con piscina temperada y acceso a ríos y cascadas, según el gusto de sus usuarios. Foto: cortesía Suchipakari.

Suchipakari cuenta con piscina temperada y acceso a ríos y cascadas, según el gusto de sus usuarios. Foto: cortesía Suchipakari.


Hace 15 años, Suchipakari despertó el interés de las universidades de Chicago e Illinois, quienes a través de una ONG lograron exportar las artesanías del lugar como collares, coronas y lanzas, construidas con madera de chonta, balsa, tagua y cabo de hacha. Esta experiencia les ayudó a los nativos para mejorar la fabricación de sus productos antes de comercializarlos.

La interacción con los norteamericanos les sirvió para realizar nuevos emprendimientos con maíz y cacao, que en la actualidad van en beneficio de la comunidad en colaboración con empresas nacionales.

Dentro de las 50 hectáreas de la reserva, el conteo de especies es una de las actividades de mayor renombre a nivel internacional. Con la ayuda del experto Gareth Miller, el año pasado se logró registrar en la reserva a 262 especies de aves, 162 anfibios y reptiles, además de 163 especies de mamíferos.

Los tucanes son las aves más comunes y llamativas de la zona; mientras que las ranas nocturnas con su variedad de colores son  lo que más impresiona a los turistas extranjeros cuando van a fotografiarlas por las noches.

El maito de tilapia es uno de los platillos principales del centro turístico. Foto: cortesía Suchipakari.

El maito de tilapia es uno de los platillos principales del centro turístico. Foto: cortesía Suchipakari.

En el ingreso de la hostería se puede observar a tres caimanes de corta edad, los cuales sirven como una opción para no ingresar a la selva para ver a los adultos. Durante las caminatas, se puede observar a guantas, guatusas y si tiene suerte, se encontrará con el ocelote, un felino bastante rápido y escurridizo.

Hospedarse aquí durante tres días y dos noches, tiene un costo de USD 220 por persona y 110 para niños. Incluye la comida, la compañía de un guía nativo, ingreso a la reserva y traslados hacia las cascadas.

En su oferta gastronómica, destaca el maito de tilapia como platillo principal, acompañado de yuca, patacón, ensalada y palmito, este último, el producto ícono de la zona. Se ofrecen además bolones, majados, pollo al arashá y lomo a la pimienta, siento la pimienta distinta a la que se encuentra en el resto del país, porque es cultivada en la Amazonía y posee otras propiedades.

Entre las ceremonias especiales que se realiza durante las noches, se puede saborear el té de guayusa, una de las bebidas tradicionales de la zona y de la cual se puede aprender sobre la ritualidad que existe detrás de su consumo.

Para conocer más de lo que ofrece esta opción turística, puede visitar la página del centro.