Esta comunidad del suroriente de Ibarra, despertó su interés por el turismo. Ofrece paisajes, caminatas por verdes valles, artesanías, música y danza. Fotos: Francisco Espinoza para EL COMERCIO y Cortesía Grupo de Turismo de La Rinconada

Esta comunidad del suroriente de Ibarra, despertó su interés por el turismo. Ofrece paisajes, caminatas por verdes valles, artesanías, música y danza. Fotos: Francisco Espinoza para EL COMERCIO y Cortesía Grupo de Turismo de La Rinconada

Naturaleza y cultura, íconos de la Rinconada en Imbabura

José Luis Rosales. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

El eco del salto de agua acompaña la caminata por un sendero tapizado por una vegetación intensamente verde.

La ruta, que demanda entre 45 minutos a 1 hora de recorrido, desemboca en la cascada Cóndor Yaku. El lugar fue bautizado con ese nombre por los vecinos de La Rinconada, una comunidad kichwa del suroriente de Ibarra, en Imbabura, debido al sobrevuelo de la emblemática ave.

Esta es una de las tres caídas de agua consideradas joyas naturales de esta parcialidad, que ahora busca ser un gancho para atraer a los visitantes.

Las otras cascadas, a las que igualmente se ingresa caminando por estrechos senderos, son conocidas como Watschik y Suru Pamba. Esta última es ideal para la práctica del rapel.

La Rinconada, cuyo nombre se debe al lugar geográfico que ocupa, en un ángulo formado por las montañas, es conocida por la habilidad de sus artesanos. Ellos son expertos bordadores, talladores y alfareros.

Tránsito Cuatis es una de las cuatro alfareras más antiguas de esta parcialidad. Como la mayoría, esta indígena de 55 años aprendió de su madre a amasar el barro, que recolecta en las lomas vecinas, para convertirlo en vasijas, pondos, platos y otros utensilios.

La idea de mostrar este potencial impulsó a 25 familias nativas a formar, en febrero del 2016, la Asociación de Turismo Comunitario La Rinconada, que está en trámite de reconocimiento.

El objetivo no solo es generar recursos económicos para las familias, sino también motivar a niños y a jóvenes de la parcialidad a mantener su identidad e idioma, explica Celia Chuquín, líder de la organización.

Entre los servicios que ofertan a los visitantes están hospedaje y alimentación con familias de la localidad. El servicio cuesta USD 25 diarios, por persona. Además de los paseos, se puede realizar pesca deportiva.

Para los aventureros hay la opción de acampar. Incluso, pueden acoger a grupos numerosos, comenta Tobías Chuquín, otro integrante de la organización. Recuerda que en marzo pasado arribaron 96 personas.

Otra vitrina para dar a conocer sus atractivos es la Feria de Sabores y Saberes con Identidad Cultural, que organizan cada feriado. Ahí, Imelda Chuquín, encargada de la gastronomía, se esmera por preparar no solo platillos tradicionales sino también menúes como el cebiche de trucha o la carne de cordero asado.

Esta iniciativa se incluirá en el siguiente número de la revista Imbabura en Oferta, que promocionará la Prefectura local, en el país y en el Sur de Colombia.

La estrategia es vincular estos atractivos al desarrollo de la zona, explica Fausto Giraldo, subdirector de Turismo y Cultura.