Tubing: el deporte extremo que se practica en Mindo, noroccidente de Pichincha. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO.

Tubing: el deporte extremo que se practica en Mindo, noroccidente de Pichincha. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Serpenteando por el río Mindo

Ana María Carvajal. Redactora (I)

Un colectivo grito de “¡achachay!” es el arranque del viaje por 3 kilómetros, sobre el río Mindo. Toma unos minutos acostumbrarse a la temperatura del agua durante el recorrido sobre los tubos de seis llantas de tráiler o camión, rin 22 o superior, atadas fuertemente con sogas.

Las reglas del juego son pocas, pero vitales: no meter los pies en el hoyo de las llantas, sujetarse firmemente de las sogas y agacharse si aparecen ramas de árboles grandes durante el trayecto. Hay épocas que no llueve mucho en Mindo, una parroquia del cantón San Miguel de Los Bancos. El río está bajo y el paseo es relajante.

Pero no hay que confiarse.De repente, desniveles y rocas vuelven el viaje más intenso. Entonces, el ¡achachay! Se transforma en gritos, risas y vaivenes sobre la llanta. Los habitantes dicen que el turismo en Mindo nació con el ‘tubing’.

Giovanni Patiño recuerda que más o menos en 1992 era común que los lugareños tomaran una llanta y se embarcaran en esta aventura. Luego empezaron a atarlas para bajar entre amigos o en familia. Desde 1998, esta actividad se convirtió en un atractivo para visitantes del país y del extranjero.

Navegando en el río Mindo sobre tubos de hule. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO.

Navegando en el río Mindo sobre tubos de hule. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO


Al inicio, cada turista caminaba los 4 kilómetros hacia el punto de partida, cargando su llanta. Luego, los guías las ataban y les preparaban para bajar. Ahora, ese recorrido se hace en camionetas. Están adaptadas para llevar la barca sobre el cajón.

Javier Guerrero, guía de La Isla Tour Operator, que conduce esta extraña barca, pasa de un lado a otro. Sube, baja, brinca, esquiva rocas. Conoce el río como si se tratase de una carretera más. Él se las sabe todas.

Dice que le tomó meses aprender y conoce los trucos como Stalin González, un esmeraldeño de 23 años que afirma que esta tarea solo se trata de movimientos claves: “ver que no se vire el ‘barco’, que no se atasque con las piedras y que la gente no se caiga”.Stalin trabaja los fines de semana y feriados, especialmente como guía de tubing en los ríos Mindo, Cinto y Blanco, que son las alternativas para esta actividad en esta zona de la provincia de Pichincha.

Ambos guías son ágiles, rápidos y siempre están pendientes. Tranquilizan a turistas asustados y alertan a quienes se arriesgan demasiado. Esa actitud y seguridad dan confianza a los turistas.

Por eso, Yolanda Villacís, una ecuatoriana que vive desde hace 13 años en Nueva York, pasó del pánico antes de subir a la llanta a una turista feliz que recomendará a los ‘gringos’ visitar Mindo y vivir esta aventura, en plena serranía. 25 minutos después del primer contacto con la llanta y el agua, estaba mojada, tenía frío, pero se sentía feliz.

El serpenteante viaje tiene sus altos y bajos. Cuando el río está tranquilo y el camino es regular, hay tiempo para disfrutar del paisaje.Si se mira con atención y con algo de suerte, se puede ver colibríes y otras aves por los árboles en las orillas del río.

En los rápidos, el agua salpica, la gente grita y los guías ríen al ver sus reacciones. Al final, los turistas sacan sus cámaras y el río y las llantas son el fondo para la foto del recuerdo.

Viaje previo a la aventura del tubing. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO.

Viaje previo a la aventura del tubing. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO