La Catedral de la Inmaculada Concepción de Cuenca tiene un estilo gótico renacentista con tres cúpulas que sobresalen en su tejado, inspiradas en la Basílica de San Pedro en Roma. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO

La Catedral de Cuenca tiene un estilo gótico renacentista con tres cúpulas que sobresalen en su tejado, inspiradas en la Basílica de San Pedro en Roma. Foto: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO

Cinco rutas para enamorarse de Cuenca

Andrea Medina. Redactora (I)

El turista tiene ahora cinco oportunidades para sentirse cuencano. En una apuesta por dar a conocer en detalle lo que ofrece la capital azuaya, esta ciudad ha armado rutas donde se exponen la arquitectura, la historia, los paisajes campestres cercanos a la ciudad y la destreza de sus artesanos.

A través de las rutas turísticas de los Molinos y el Pan, de las Artesanías Cuencanas, de los Museos, la Ruta Francesa y la Rural, los visitantes entran en contacto con una experiencia integral de la ciudad.

El objetivo es que el turista conozca más de medio centenar de puntos destacados entre iglesias, museos, panaderías, parques, edificios y demás que configuran la vida en la Atenas del Ecuador.

La primera travesía implica una visita para saborear lo que los cuencanos llaman su patrimonio gastronómico: el pan. Los mestizos (pan integral), las rodillas de Cristo (pan con queso), empanadas, bizcochos, las mistelas o la leche de tigre (leche con licor de caña) están en la primera parada de la Ruta de los Molinos.

Estos manjares se venden en el local Pan de las Villacís, ubicado en la calle Borrero (centro de la ciudad) y que es parte de una vivienda de casi 150 años de antigüedad.

Para los menos golosos y más curiosos, la Ruta de las Artesanías incluye una visita a sitios como el Museo de la Joyería Cuencana. Allí se pueden observar algunas de las joyas conocidas por sus diseños en filigrana (con hilos de plata) y piedras de colores fascinantes. La entrada es gratuita.

Esta ruta permite que los visitantes no solo sean espectadores de productos ya terminados. Es una ventana para ver cómo los artesanos moldean cerámicas, forjan hierro y reparan o crean todo tipo de joyas. Un sitio conocido para ver esto es el taller de Andrea Tello, catalogada como una de las cinco mejores artesanas del mundo en el 2011 por la Unesco.

El estilo y diseño de antiguas casonas que caracterizan al Centro Histórico de Cuenca conforman por sí solas la Ruta Francesa. La llegada de la Primera Misión Geodésica Francesa a este rincón patrio (en 1739) marcó el inicio de la herencia que el país europeo dejó en la ciudad de los cuatro ríos.

Los detalles de esta presencia, si bien están contados en libros e historias, también son visibles en edificios como la Casa Bienal, la Clínica Bolívar o la Casa Sojos.

Pasear cerca de estos vestigios franceses hace que sea imposible no imaginarse el estilo de vida del París de 1900. Y precisamente una parte de esa cotidianidad se guarda en la recientemente inaugurada Casa Museo Remigio Crespo Toral, donde no solo hay muestras de la Cuenca republicana, sino de todas las etapas de su historia.

Esta es, además, parte de la Ruta de los Museos, al igual que el Museo de las Conceptas, el del Sombrero de Paja Toquilla, el Museo Arqueológico Universitario, de la Historia de la Medicina, de la Identidad Cañari, de las Artes Populares, entre otros.

Cuenca no solo es un lienzo de huellas históricas. “San Joaquín es considerado como el jardín de Cuenca”. Así describe a esta cercana parroquia rural, Tania Sarmiento, de la Fundación Turismo para Cuenca. Ubicada a diez minutos del centro de la ciudad, guarda extensos terrenos con huertos frutales, de hortalizas y espacios verdes.