Los espacios panorámicos es la apuesta de los bares porteños. Foto: Enrique Pesantes / VIAJAR

Los espacios panorámicos es la apuesta de los bares porteños. Foto: Enrique Pesantes / VIAJAR

Bares guayaquileños con lo más nuevo de la mixología

Alexander García. Redactor (I)

La decoración combina materiales industriales como el acero en dos paredes con la apariencia de cajoneras metálicas, el ladrillo rústico, mesas de mármol con sillas de madera y elementos decorativos antiguos con fotografías de impronta contemporánea.

Un piano de cola domina el área cubierta del bar-restaurante Vento, con un bar central, los ductos del aire visibles en el cielo raso y lámparas que cuelgan del techo y que derraman su luz sobre las mesas. El área exterior, una terraza o roof top en el último piso del edificio Xima, incluye pequeñas mesas, además de dos salas con grandes muebles, bajo pérgolas con plantas y enredaderas.

Vento, un tanto escondido en la terraza superior de un edificio de oficinas, es una de las propuestas novedosas en los bares del Gran Guayaquil. Contrasta con la creciente popularidad de Birra, en el mismo sector de La Puntilla, un local en la plaza del centro comercial Las Terrazas que apuntala su oferta en la cerveza artesanal.

En el centro de Guayaquil, marcan la tendencia bares ubicados en antiguas casonas del barrio patrimonial de Las Peñas, en las faldas del cerro Santa Ana y a orillas del Guayas, sobre la calle empedrada de la Numa Pompilio Llona.

Allí se encuentran sitios relativamente nuevos como Rayuela, que pondera un ambiente de intimidad e ilumina las mesas con candiles, o Diva Nicotina, mítico bar de la ciudad con cerca de 20 años de historia, escenario de bandas de rock y música alternativa. El cercano Puerto Santa Ana, con bares y restaurantes, es otro de los polos de crecimiento de actividad nocturna.

El estilo ecléctico marca la propuesta de Vento, que abrió sus puertas hace un año y medio. Pero lo que en verdad lo distingue es su ubicación sobre la azotea del edificio Xima, en el sector de La Puntilla (Samborondón), que ofrece la vista de ese sector del Guayaquil metropolitano y de los atardeceres sobre el propio Puerto Principal, con el sol ocultándose sobre los cerros de Los Ceibos.

“Es un lugar para venir a disfrutar de la tarde y noche, luego de la oficina”, indicó Ángel Zambrano, administrador del bar, quien recomienda piqueos como los ‘springrolls’ de pato asado, tartaletas de salmón o lomo fino al grill con salsa de hongo.

Birra, con una decoración a base de afiches y fondos de barriles de cerveza, tiene solo nueve meses, pero se ha convertido en un punto de referencia gracias a su oferta de un centenar de marcas de cervezas artesanales ecuatorianas. “Entre las cervezas más pedidas está una conocida como la monja loca, una Golden Strong Ale de la casa Tres Monjes, rubia dorada con 9.9 grados de alcohol”, dice Ángel Rengel, capitán de servicio de Birra.

Las bebidas artesanales van desde 3 a 10.2 grados de alcohol. En la oferta gastronómica destacan las hamburguesas, una con maduro frito y mayonesa de tomate de árbol y otra variedad con costillas de cerdo deshuesadas.

Rayuela, que cumplió cuatro años, es un bar homenaje a la obra del escritor argentino Julio Cortázar, a tono con Las Peñas, un barrio de artistas y bohemia. Los espejos en las paredes del salón constan frases de la novela experimental del argentino.

“Existe una cita aún sin hora ni fecha, para encontrarnos, yo ahí estaré puntual, no sé si tú”, se lee en un espejo sobre el ‘bartman’. “El concepto es de luz tenue, un ambiente romántico, un refugio para parejas, pero también para turistas que transitan por la calle Numa Pompilio”, indicó Javier Kayser, administrador del bar, ubicado en la casa patrimonial de la familia Avilés Hoheb.