El único sendero para bajar a la laguna del Quilotoa es compartido por turistas de a pie y por quienes alquilan caballos, lo que genera molestias. Diego Pallero / EL COMERCIO

El único sendero para bajar a la laguna del Quilotoa es compartido por turistas de a pie y por quienes alquilan caballos, lo que genera molestias. Diego Pallero / EL COMERCIO

La aventura ecológica es el atractivo del Quilotoa

Edwing Encalada. Redactor (I)
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La laguna del Quilotoa, ubicada a 180 km de Quito, es uno de los mejores referentes turísticos de la parroquia Zumbahua del cantón Pujilí, en la provincia de Cotopaxi.

Su origen volcánico la hace particular, ya que se encuentra a 3 814 metros sobre el nivel del mar. Los minerales disueltos en el agua le han conferido un tono verdoso. Posee fumarolas en el fondo del lago y manantiales calientes, al este del volcán. Según una selección que realizó Twistedsifter, está entre los 15 lagos volcánicos más hermosos del mundo.

El hospedaje en emprendimientos aledaños se oferta hasta en USD 35, las cabalgatas en 10, y kayak desde los 3.

Uno de los recientes proyectos del lugar, Shalalá, construido hace tres años, obtuvo el segundo puesto en el 2015 en el ranking de las mejores obras construidas en territorios de habla hispana, con una construcción de vidrio y la madera. “Ofrecemos cabalgatas, senderos para bicicleta y la visita a diversos atractivos como la cueva del lobo”, dice Milka Pilataxi, de Shalalá Lodge.

La entrada a este lugar de la Reserva Ecológica Illinizas es gratuita, pero esto ha generado algunos conflictos, como un repentino bajón de turistas y la falta de recursos, temas de debate diario entre las organizaciones de turismo comunitario.

Comuneros de los alrededores del Quilotoa buscan medios para financiar el mantenimeinto de los senderos que conducen a la laguna, tras la suspensión del cobro a los turistas. Diego Pallero / EL COMERCIO

Miguel Ángel Jácome, presidente de la organización de turismo comunitario Quilotoa, que agrupa a 340 socios, explica que desde enero se eliminó el cobro para ingresar a la laguna. Ahora solo se cobra por el uso del parqueadero pero los turistas optaron por no ingresar con su vehículo, lo que generó un déficit económico para la organización.

“Desde que se implementó el libre acceso ya no tenemos recursos y los jóvenes de la comunidad están saliendo a trabajar hacia otros lados. Estamos pensando en retomar el cobro para evitar la migración”. Por el uso del parqueadero se cobra USD 2 para los automóviles, 3 para camionetas, 5 para furgonetas y 10 para buses. Estos últimos son los que más reniegan del pago.

Jácome añadió que el año pasado recibieron 80 000 turistas, pero que en la actualidad, no pueden cumplir con los pagos para sus trabajadores debido a la escasez de visitantes.

Otro problema representa el uso del sendero para bajar hacia la laguna, debido a que no se implementó una ruta alternativa y se debe compartir el camino entre caballos y los visitantes.

Según José Luis Rodríguez, de la Corporación de Guías de Turismo del Ecuador, el excremento de los equinos que son utilizados en este trayecto genera mal olor y puede transformarse en un foco de infección. “Cuando los turistas bajan a pie, a veces tienen que esquivar a los caballos para evitar ser empujados”.

Adolfo Latacunga, de la organización de turismo comunitario, admitió que el estiércol sí es recogido, pero se lo coloca a un costado de la ruta para que sirva de abono. Dijo, además, que gestionan un nuevo sendero, pero que aún no se llegan a acuerdos con los dueños de los terrenos por donde pasaría la ruta. “Hay que ponerse de acuerdo con 10 familias, quienes buscan hacer valer las escrituras de sus terrenos”.